La primera semana del juicio del llamado caso Koldo, caso Ábalos en el Tribunal Supremo no ha traído grandes revelaciones, pero sí algo más corrosivo: la confirmación, bajo juramento, de un relato que durante meses parecía excesivo incluso para los estándares de la política española. Y, sin embargo, ahí está. Y de forma sorprendente este juicio que en realidad juzga unos hechos muy graves, lo suficientemente graves como el cobro de comisiones y mordidas a cambio de material sanitario en lo peor de la pandemia, se ha visto incrementado por testimonios que hablan del trasiego de billetes en metálico en la sede de Ferraz , fajos en metálico, sobres y bolsas de billetes. Desde el martes, el banquillo ocupado por un exministro de Transportes —José Luis Ábalos—, su asesor más cercano —Koldo García— y el empresario Víctor de Aldama ha proyectado una imagen difícil de digerir: la de un núcleo de poder donde lo público y lo privado se entrelazaban con una naturalidad inquietante. Uno de los elementos más perturbadores de la semana ha sido la reiteración, desde distintos ángulos, de un mismo hilo conductor: el dinero en efectivo circulando en torno al entorno del exministro.