Por si no era suficiente con ver a Sánchez con la gorra esa de 'Make Science Great Again' y la camiseta de la selección española, ahora nos obsequia con un 'room tour' de su despacho que parece su propia imitación de Muchachada Nui. "Lo primero que hago, siempre que llego, es poner un poquito de incienso", nos dice con pinta de misionero comboniano, mientras coloca la cajita quemadora delante de un cactus. El siguiente plano es un zoom de la cajita, pero sin cactus, ya sabes que se dice que el cactus absorbe las malas vibraciones, así que entendemos que quizá ha muerto. O quizá se lo ha comido el presidente, la verdad es que le pega desayunarse un cactus. Luego nos enseña una botella que le dio un niño refugiado de Gaza, que conserva para no olvidarse nunca de su sufrimiento, que está muy bien, la verdad, y remata el tour mostrando la figura de un Quijote que compró en Mojacar y que aparece justo en el lugar en el que estaba la barrita de incienso, quizá se lo ha puesto de lanza. Carlos, todo parece indicar que ha llegado a Moncloa un asesor experto en unir narrativas: Gaza, el patriotismo, el idealismo quijotesco, el incienso de la Semana Santa y hasta las elecciones andaluzas. Lo malo es que como sigan con los tópicos en siguientes entregas le van a poner con una venencia sirviéndose un amontillado de Sanlúcar mientras lee Juan Salvador Gaviota y suelta unas palomas camino a Tánger; o en la playa del Palmar, escribiendo en la arena con el pie que todo va a salir bien mientras sujeta una taza de té en la que podemos leer: "No sabía qué ponerme y me puse contento". En fin, que nos vamos a reír. No te quito más tiempo. Yo ahora me voy a mi despacho, no sé si te he dicho que guardo allí mi colección de figuritas de los Hermanos Karamazov, y desayunaré un mollete de Antequera comprado en una tienda de comercio justo ucraniana. Y luego cortaré unas margaritas, las pondré en la cesta de delante de mi bicicleta y se las llevaré a aquella refugiada kurda junto con la mermelada de naranjas amargas que compré en Puente Genil. Porque nos gusta la narrativa progresista, Carlos. Pero nos gusta todavía más luchar contra los clichés y ser inclasificables.