Hoy estaremos leyendo Éxodo 38-40, Marcos 3 y el Salmo 33:10-22. Comenzamos con Éxodo 38-40, donde se concluye la construcción del tabernáculo y la presencia de Dios llena el santuario. En Éxodo 38, vemos cómo el pueblo sigue las instrucciones de Dios para la fabricación del altar de los holocaustos, la fuente de bronce y el atrio del tabernáculo. Todo se hace con precisión y fidelidad, reflejando la obediencia de Israel en esta tarea sagrada.
En Éxodo 39, los sacerdotes reciben sus vestiduras sagradas, y se menciona nuevamente que el pueblo hizo todo "tal como el Señor lo había ordenado a Moisés" (Éxodo 39:32, NTV). La obediencia es clave en este capítulo, mostrándonos que Dios habita donde hay un corazón dispuesto a seguir Su voluntad.
Finalmente, en Éxodo 40, la obra del tabernáculo se completa y la gloria de Dios desciende sobre él. En el versículo 34, leemos: "Entonces la nube cubrió el tabernáculo, y la gloria del Señor llenó el santuario" (Éxodo 40:34, NTV). Esta escena nos recuerda que cuando obedecemos a Dios, Él se manifiesta con poder en nuestra vida. Reflexiona: ¿Estás permitiendo que la presencia de Dios llene cada área de tu vida a través de la obediencia y la fidelidad a Su palabra?
Pasamos ahora a Marcos 3, donde Jesús demuestra Su autoridad sobre la enfermedad, el pecado y las fuerzas del mal. El capítulo comienza con la sanidad de un hombre con la mano deforme en el día de reposo. Los fariseos, en lugar de regocijarse, buscan cómo acusar a Jesús. Él, indignado por la dureza de sus corazones, sana al hombre y les muestra que hacer el bien y salvar vidas es más importante que cumplir tradiciones vacías.
Luego, en Marcos 3:13-19, Jesús llama a los doce discípulos, dándoles autoridad para predicar y expulsar demonios. Esto nos recuerda que el llamado de Dios no es solo para recibir Su enseñanza, sino para actuar en Su poder y ser instrumentos de Su Reino.
Más adelante, vemos que los líderes religiosos acusan a Jesús de estar endemoniado. Él responde con una advertencia seria sobre el pecado imperdonable: atribuir a Satanás la obra del Espíritu Santo. En el versículo 28, dice: "Les digo la verdad, todo pecado y blasfemia puede ser perdonado, excepto la blasfemia contra el Espíritu Santo, la cual nunca será perdonada" (Marcos 3:28-29, NTV). Este pasaje nos enseña que rechazar la obra de Dios y endurecer nuestro corazón contra Su verdad nos aleja de Su gracia.
El capítulo concluye con Jesús redefiniendo quién es Su verdadera familia. En el versículo 35, declara: "Todo el que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Marcos 3:35, NTV). Reflexiona: ¿Estás obedeciendo el llamado de Jesús y viviendo como parte de Su familia, reflejando Su amor y Su verdad en tu vida?
Finalmente, llegamos a Salmo 33:10-22, donde el salmista proclama la soberanía de Dios sobre los planes de las naciones y la seguridad de aquellos que confían en Él. En el versículo 10, dice: "El Señor frustra los planes de las naciones y hace fracasar todos sus designios" (Salmo 33:10, NTV). Esto nos recuerda que, aunque los hombres hagan planes, solo la voluntad de Dios prevalecerá.
El pasaje continúa diciendo: "Pero los planes del Señor se mantienen firmes para siempre; sus propósitos nunca serán frustrados" (Salmo 33:11, NTV). Nuestra confianza debe estar en Dios y no en los sistemas humanos, porque Él es quien tiene el control absoluto.
En el versículo 18, encontramos una promesa preciosa: "El Señor vela por quienes le temen, por quienes confían en su amor inagotable" (Salmo 33:18, NTV). Y el salmo concluye con una oración de esperanza: "Que tu amor inagotable nos rodee, Señor, porque solo en ti está nuestra esperanza" (Salmo 33:22, NTV).