A menos de diez sesiones para cerrar el ejercicio, los mercados financieros se preparan para echar el telón a un 2025 que ya puede calificarse, sin matices, como un año excepcional para la renta variable. Y si hay un mercado que destaca por encima del resto, ese es el español.
El Ibex 35 encamina el cierre del ejercicio con una revalorización superior al 40%, lo que lo sitúa como el segundo mejor año de su historia, solo por detrás del mítico 1993, cuando la bolsa española llegó a subir más de un 50%. Pero más allá del dato absoluto, hay un hito que subraya el carácter extraordinario de 2025: la bolsa española ha logrado la mayor rentabilidad relativa frente al EuroStoxx desde que existen registros históricos, con una diferencia superior a los 30 puntos porcentuales.
España no solo ha brillado en el contexto europeo, sino también a escala internacional. Dentro de los grandes mercados desarrollados, ha sido el más rentable del G20, solo superado por Corea del Sur y, en Europa, por un mercado de menor peso como el griego. En términos comparables, el parqué español ha sido uno de los grandes vencedores del año.
Sin embargo, el espectacular comportamiento del Ibex contrasta con una realidad difícil de ignorar: el inversor español ha dado la espalda a su propia bolsa. Los datos de flujos son contundentes. En los últimos cinco años, los fondos de renta variable española han registrado salidas netas en 50 de los últimos 60 meses. Y noviembre de 2025 ha marcado casi un récord, con reembolsos netos superiores a los 220 millones de euros.
La paradoja es mayor si se tiene en cuenta que el Ibex ha sido uno de los pocos índices capaces de seguir el ritmo del Nasdaq durante varios ejercicios consecutivos. Aun así, el partícipe español ha preferido mantenerse al margen, perdiéndose gran parte de las subidas. Un comportamiento que recuerda a las clásicas estrategias de opinión contraria: las categorías más castigadas por reembolsos suelen ofrecer, posteriormente, algunas de las mejores rentabilidades.
La banca, motor del rally… y aún con recorrido.
El gran protagonista del año ha sido, sin discusión, el sector financiero. En un mercado claramente bancarizado como el español, el comportamiento de entidades como Santander o BBVA —que han llegado a duplicar su cotización en 2025— ha sido clave para explicar el rally.
Pese a que el viento de cola de las subidas de tipos empieza a disiparse, el sector aún cuenta con argumentos de peso. La concesión de crédito en España sigue lejos de niveles considerados “normales”, lo que deja margen para una mejora adicional de los resultados. A ello se suma un entorno de tipos que, aunque con bajadas en el corto plazo, mantiene los tipos largos en niveles elevados, un escenario históricamente favorable para los márgenes bancarios.
Además, el mercado sigue atento a un posible resurgir de operaciones corporativas en 2026, tras el fracaso este año de movimientos como la opa de BBVA sobre Sabadell o la de UniCredit sobre Commerzbank.
Incluso desde una perspectiva de valoración, algunos análisis apuntan a que, en un escenario optimista, el sector financiero español aún podría ofrecer un potencial adicional cercano al 40%, pese al fuerte rally acumulado.
Más allá del sector bancario, 2025 ha vuelto a demostrar que la bolsa española es terreno fértil para la gestión activa. Fondos de small y mid caps han batido con claridad a los índices. El Santander Small Caps acumula una revalorización cercana al 54%, frente a una media del 35% en su categoría. Otros productos destacados, como Okavango Delta o Bestinver Bolsa, también han firmado rentabilidades muy superiores al Ibex.
Los gestores coinciden en señalar oportunidades en compañías castigadas pero de alta calidad, como Viscofan, Rovi, Vidrala o Celnex, que podrían protagonizar recuperaciones relevantes si el ciclo acompaña.
En el plano internacional, 2025 ha sido también un gran año para la bolsa europea, especialmente desde la óptica del inversor en euros. La depreciación del dólar —en torno al 10%— ha lastrado de forma notable la rentabilidad de la renta variable estadounidense. Mientras los fondos de bolsa europea han logrado avances cercanos al 23%, la renta variable americana apenas ha ofrecido un 2% de rentabilidad media para el inversor europeo sin cobertura de divisa.
De cara a 2026, no hay un consenso claro sobre una ventaja estructural de Europa frente a Estados Unidos. Las valoraciones se han equilibrado tras las correcciones en tecnología, aunque el mercado estadounidense sigue destacando por la visibilidad de beneficios y el peso del sector tecnológico, que muchos consideran clave para un posible “final de ciclo” alcista.
Dentro de la tecnología, las diferencias son notables: compañías como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Meta presentan potenciales atractivos según algunos modelos de valoración, mientras que otras como Tesla aparecen claramente sobrevaloradas.
China ha cerrado 2025 con una rentabilidad media cercana al 16% en fondos de renta variable, un resultado sólido aunque por debajo de las expectativas más optimistas. Aun así, sigue siendo uno de los mercados más baratos por beneficios y con margen para hacerlo bien en 2026, apoyado por políticas monetarias expansivas.
El oro ha sido otro de los grandes ganadores del año, impulsado por las compras masivas de bancos centrales, especialmente China, en un contexto de desconfianza geopolítica y búsqueda de alternativas al dólar. Aunque difícilmente repetirá un ejercicio tan espectacular, sigue contando con sólidos soportes estructurales.
En renta fija, el balance es más discreto. La deuda a corto plazo ha cumplido su función defensiva, con rentabilidades cercanas al 2,5%, mientras que los tramos largos han vuelto a generar sobresaltos. El high yield ha sido la excepción positiva. De cara a 2026, el margen de mejora parece limitado salvo que se produzca un deterioro macroeconómico claro.
Tras un 2025 extraordinario, el consenso es claro: el potencial existe, especialmente en la primera parte de 2026, pero los riesgos también. El deterioro gradual del mercado laboral en Estados Unidos, el posible desmantelamiento del carry trade japonés y las tensiones en la deuda pública de algunos países europeos figuran entre los principales focos de atención.
La volatilidad, recuerdan los expertos, es consustancial a los mercados. Y después de un año en el que la bolsa española ha quintuplicado con creces la rentabilidad media histórica, conviene no olvidar que, tarde o temprano, llegarán los ajustes.
Por ahora, el balance es inapelable: 2025 ya es historia como uno de los grandes años de la bolsa. El reto será que 2026, aunque más complejo, permita seguir brindando oportunidades a los inversores.