La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha introducido un nuevo foco de inestabilidad global que los mercados financieros, por ahora, gestionan con una calma tensa. Tras semanas de volatilidad, una tregua temporal de cinco días ha dado un respiro a las bolsas, aunque los analistas advierten de que las verdaderas tensiones se están gestando en otros frentes: el petróleo, la inflación y la deuda pública.
El rebote de la renta variable, con el S&P 500 recuperando niveles clave tras perder momentáneamente los 6.500 puntos en futuros, contrasta con el deterioro progresivo de las expectativas macroeconómicas. “La tranquilidad es solo aparente”, coinciden expertos del sector. El encarecimiento del crudo, ya visible en el bolsillo de los consumidores, anticipa un repunte inflacionario inminente.
El encarecimiento energético se ha convertido en el principal canal de transmisión del conflicto hacia la economía global. A diferencia de episodios recientes como la Guerra de Ucrania, el contexto actual presenta una debilidad estructural mayor: la economía mundial ya muestra signos de desaceleración.
“El problema no es solo la inflación, sino que llega en un momento de menor crecimiento”, señalan analistas. Este escenario reabre el fantasma de la estanflación, una combinación especialmente dañina para los mercados: precios al alza y actividad económica a la baja.
Además, los daños en infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico, con decenas de instalaciones afectadas según organismos internacionales, amenazan con prolongar las tensiones en la oferta. Empresas industriales y energéticas ya operan por encima de su capacidad para reparar redes de gas y petróleo, lo que podría amplificar el impacto inflacionario en los próximos meses.
Aunque la bolsa resiste, la verdadera señal de alerta proviene del mercado de deuda. El bono estadounidense a 10 años se aproxima peligrosamente al 4,5%, un nivel que los analistas consideran crítico. Superarlo podría anticipar una recesión más severa de lo previsto.
“El mercado de renta fija ya está descontando inflación y subidas de tipos”, explican expertos. Este movimiento ha provocado caídas generalizadas en fondos de bonos, tanto a corto como a largo plazo, evidenciando un desplazamiento al alza de toda la curva de tipos.
El dilema para los bancos centrales es evidente: subir tipos para contener la inflación o mantenerlos para no asfixiar el crecimiento. La experiencia histórica del primer shock petrolero y decisiones controvertidas como el llamado ‘trichetazo’ en Europa siguen muy presentes en la memoria del mercado.
En este contexto, los inversores están rotando hacia activos más defensivos. Los fondos monetarios y las letras del Tesoro resurgen como refugio, ofreciendo rentabilidades cercanas al 2,5% con bajo riesgo, impulsadas por el repunte del Euribor, que ya roza el 3%.
“Es uno de los pocos segmentos que se beneficia directamente de las subidas de tipos”, destacan los expertos. No obstante, advierten de que estas rentabilidades podrían quedarse cortas frente a una inflación creciente.
Otras estrategias ganan protagonismo, como los fondos de bonos flotantes —que ajustan su cupón al alza con los tipos— o los productos de ultra corto plazo. En cambio, los fondos ligados a la inflación presentan limitaciones por su elevada duración, lo que los hace vulnerables en un entorno de subidas de tipos.
A corto plazo, la evolución del conflicto será determinante. La fragilidad del equilibrio geopolítico en el estrecho de Ormuz, clave para el tránsito energético mundial, mantiene en vilo a los mercados.
Los analistas coinciden en que el escenario más probable es de mayor inflación en los próximos meses, con un crecimiento debilitado. En este contexto, recomiendan reducir exposición al riesgo sin abandonar completamente los mercados.
“La clave no es salir, sino ajustar el nivel de riesgo”, subrayan. Frente a la incertidumbre, la diversificación, la liquidez y una gestión activa del riesgo se consolidan como las principales herramientas para navegar un entorno que podría volverse aún más complejo si la tregua actual no se consolida.
Para protegerse ante este nuevo escenario, Joaquín Gómez, director adjunto de elEconomista.es, y Fernando Luque, editor senior de Morningstar, que presentan los fondos más adecuados para invertir y tratar de mantener las rentabilidades.
Fondos monetarios
La Française Trésorerie ISR (FR0000991390
El único segmento un poco inmune a todo lo que está pasando son los fondos monetarios. Las letras del Tesoro las habíamos sacado de la cartelería del mercado de inversión porque ofrecían rentabilidades que no llegaban ni al 2%, pero ahora las tenemos de nuevo en el umbral del 2,5%. Además, este vehículo de inversión se beneficia de las subidas de tipos, y es útil tenerlo siempre a mano. El problema de estas herramientas es cuando se piensa en ellos a largo plazo, pero como refugio en una ocasión como esta no hay lugar mejor. Aunque hay que fijarse bien en las comisiones y en la operativa de traspaso.
Francia se ha especializado mucho en este campo, y además del fondo seleccionado también ofrece otras grandes opciones de gestoras como Groupama, AXA.
Fondos de ultra corto plazo
DWS Floating Rate Notes (LU0034353002)
Los productos de esta categoría, con una duración inferior al año, tienen el problema ahora mismo de que son muy sensibles a las subidas de tipos de interés. Si se suben los tipos, va a repercutir en su valor liquidativo. No hay muchas opciones, pero este producto de Deutsche Bank, que además es muy conocido en el mundo inversor (se usa como monedero para hacer traspasos entre fondos), ha pasado en un mes de perder un 0,12% a ganar un 0,04%. No es mucho, pero es positivo en un contexto complicado. En definitiva, si lo comparecemos con un monetario, ahora mismo ofrece una rentabilidad menor, pero si la situación recuperase pronto la normalidad, acabaría dando mejor resultado.
Fondos ligados a la inflación
AXA WF Global Inflation Short Duration Bonds EURH (LU1353950725)
En un momento en el que la inflación es una amenaza real, muchos inversores pueden tener la tentación de protegerse. Y hay productos específicos para hacerlo, pero no acaban de gustar mucho. Son fondos que invierten en bonos ligados a la inflación. Pero tienen un problema con la duración, porque la mayoría de estos bonos los emiten los estados, como Francia o Alemania, con una duración relativamente alta. Este tiene la ventaja de que es global, y que está cubierto en euros.