Hoy contemplamos a Pablo en Atenas: ve altares, escucha preguntas, discierne búsquedas y anuncia al Dios verdadero. En una cultura llena de voces, la fe cristiana no grita vacío; da nombre al Dios que ya estaba presente. En este Mes Mariano, María nos enseña a leer la realidad con el corazón abierto y el alma despierta. El lema “No los dejaré huérfanos” nos recuerda que, incluso en medio de ideas confusas, Cristo sigue presente. Y el símbolo del Cenáculo con María y la llama del Espíritu nos muestra que la verdad no es una teoría, sino una persona viva que guía la historia.