Hoy la liturgia nos regala un Evangelio que es un puñetazo en la mesa. Jesús pasa, ve a Mateo sentado en el mostrador de los impuestos —un hombre despreciado por todos, considerado un traidor y un pecador público— y le dice: «Sígueme». Y Mateo se levanta y lo sigue.
Esta escena es el corazón del Evangelio. Porque nos muestra que Dios no llama a los justos, sino a los pecadores. Dios no busca a los que ya están bien, sino a los que están rotos.
En este mes de junio, estamos contemplando el Sagrado Corazón de Jesús. Aunque la solemnidad será el viernes, todo el mes es una invitación a acercarnos a ese Corazón que no excluye, no juzga, no condena. Un Corazón que, como con Mateo, nos mira y nos dice: «Sígueme».