El domingo decíamos que el "bienestar" busca el éxito y la seguridad, mientras que la "bienaventuranza" abraza la realidad con amor, aunque duela. Hoy, la liturgia nos presenta un contraste brutal: un ejército que celebra una victoria militar (bienestar), y un padre, el Rey David, que llora desconsolado la muerte de su hijo rebelde. Hoy aprenderemos que, en la gramática de Dios, ninguna victoria vale la pena si perdemos al hermano.