La Palabra de Dios nos presenta el momento más trágico de la historia de Israel: la caída de Jerusalén. El rey Sedecías, cegado y encadenado, es llevado a Babilonia. Las murallas son derribadas, el Templo saqueado, el pueblo deportado. Es el fin de una era. Pero también el inicio de una nueva: la del exilio, que purificará la fe de Israel.
El lema de la semana —«No teman, valen más que muchos gorriones»— resuena como una promesa en medio de la ruina. La misericordia de Dios no se acaba con la caída de Jerusalén; se extiende hacia el futuro, hacia el exilio, hacia el retorno. Y se extiende sobre nosotros, que hemos sido llamados a ser testigos de su amor.
Hoy, la Buena Noticia del Evangelio nos muestra un contraste luminoso: Jesús extiende la mano y sana a un leproso. El leproso, excluido y marginado, es tocado por el Amor. Esa es la Buena Noticia que vence el exilio.