Ayer, domingo, Jesús nos enseñaba que «la mies es abundante» y nos enviaba a la misión. Hoy, la realidad se vuelve dura. La primera lectura nos presenta una historia oscura: el rey Ajab codicia la viña de Nabot, su vecino. Nabot se niega a venderla porque es la herencia de sus padres, la tierra prometida que Dios le dio. Ajab se enoja, se acuesta en la cama sin comer, como un niño caprichoso. Su esposa Jezabel, entonces, trama el asesinato de Nabot para que el rey tome posesión de la viña.