Elías repara el altar del Señor, usa doce piedras (una por cada tribu de Israel), coloca la leña y el animal, y manda cavar una zanja y llenarla de agua. Hasta tres veces. El agua empapa todo. Luego, Elías ora: «Respóndeme, Señor, respóndeme». Y el fuego de Dios cae. Consume el sacrificio, la leña, las piedras, el polvo, y el agua de la zanja.
El lema de la semana, «Misericordia quiero y no sacrificios», resuena aquí: los profetas de Baal ofrecían sacrificios sangrientos y vacíos. Elías ofrece un corazón que confía. Y Dios responde con fuego.