En este día la vida puede sentirse como el lago en la madrugada del Evangelio: vuelves a lo tuyo, trabajas, intentas… y “esa noche no pescaron nada”. Y entonces ocurre lo decisivo: Cristo resucitado se hace presente en lo cotidiano, en la orilla, y no para regañarte, sino para guiarte de nuevo.
La piedra removida ya no es un dato del pasado: es una llave para esta semana. Porque si el sepulcro está abierto, entonces también tu corazón puede volver a abrirse. Y el lema se vuelve real: “¡El Señor ha resucitado, resucitemos con Él!”