Hoy cerramos la semana. No cerramos para apagar, sino para recoger el fuego que el Espíritu encendió el domingo pasado, en Pentecostés.
El lema «RECIBID EL ESPÍRITU SANTO» no fue un eslogan de un solo día. Fue la clave de toda la semana. El símbolo de la lengua de fuego no se ha apagado: ha ido iluminando cada una de las lecturas que hemos escuchado.
Hoy, San Judas nos da el broche de oro: recordar, edificar, orar en el Espíritu, conservar el amor. Y el Evangelio del domingo pasado —cuando Jesús sopló sobre los apóstoles y les dijo «Recibid el Espíritu Santo»— resuena de fondo como el acorde que no se ha disuelto.