Hoy la Palabra de Dios nos entrega una de las frases más consoladoras del Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Es una invitación que no envejece, porque el cansancio del corazón tampoco envejece. Hay cansancios del cuerpo, cansancios del alma, cansancios de la familia, del trabajo, de la lucha interior, de la culpa, del esfuerzo por sostenerlo todo.