Hoy, IV Domingo de Pascua, la Iglesia nos invita a contemplar a Jesús como el Buen Pastor. No es una imagen bonita para decorar estampitas; es la revelación de cómo Dios nos cuida en un mundo donde abundan los «pastores» que buscan su propio interés: líderes que usan a la gente, ideologías que aplastan al débil, voces que prometen y no cumplen .
En este contexto, Jesús se presenta de dos maneras. Primero, como la puerta del redil: «Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos» . La puerta no es un cerrojo que encierra; es una apertura a la vida verdadera. Segundo, como el pastor que conoce a sus ovejas por su nombre, camina delante de ellas y da la vida por ellas .