Hoy la Iglesia nos invita a una fiesta especial. Celebramos la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles. Dos hombres muy distintos, pero unidos por una misma fe y un mismo martirio. Pedro, el pescador impulsivo que negó a Jesús. Pablo, el perseguidor que se convirtió en apóstol de los gentiles. Ambos, transformados por el amor de Cristo, dieron su vida por Él. La Iglesia los llama «dos campeones de la fe», dos columnas sobre las que se sostiene el edificio de la Iglesia.
El lema de esta semana —«El que pierde su vida por mí, la encontrará»— se encarna en ellos de manera perfecta. Pedro perdió su vida en la cruz, cabeza abajo, porque no se consideró digno de morir como su Maestro. Pablo perdió su vida decapitado, después de haber «combatido el buen combate» y haber «mantenido la fe». Perdieron la vida y la encontraron para siempre.