Amigos en la fe, qué alegría llegar al sábado. Hoy hacemos un alto en el camino para contemplar con gratitud todo lo que el Señor ha edificado en nosotros durante esta Quinta Semana de Cuaresma. Hemos caminado bajo la poderosa promesa de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida», pidiendo la gracia de que sea quitada la piedra de nuestras tumbas. Hoy, la profecía de Ezequiel nos regala una visión gloriosa de esa vida nueva: un pueblo reunido, purificado, donde Dios mismo establece su morada para siempre. Como San José, que fue custodio del verdadero Santuario, hoy nuestra Iglesia Testimonial se alegra al saber que Dios no nos deja en la dispersión, sino que nos hace uno en Él.