En su primera Misa Crismal como obispo de Roma, el Papa León ha pronunciado una densa y profunda homilía sobre la misión cristiana, un regalo y, al tiempo, una propuesta exigente de trabajo para los sacerdotes de su diócesis y, por extensión, para cualquiera de nosotros, ya que todos los bautizados somos llamados a la misión, en la que “cada uno participa según su propia vocación… pero nunca descuidando o rompiendo la comunión”. En un primer paso, León señala que la misión implica siempre el riesgo de dejar lo que es familiar y seguro, para adentrarse en lo nuevo. Se necesita el valor de partir, la audacia del desprendimiento, la alegría de arriesgar.
Un segundo paso consiste en lo que el Papa llama “la ley del encuentro”. Subraya que la misión nunca puede provenir de la prepotencia y recuerda que los grandes misioneros nos enseñan el método del diálogo y del respeto, de compartir la vida, porque “la salvación solo puede ser acogida por cada uno en su lengua materna”. No ...