En la primera parte del programa, hablamos del aburrimiento, un viaje interior. Parece que lo peor que se le puede decir a una persona es que es aburrida. O lo peor que a uno le puede pasar en el colegio o el trabajo es aburrirse. Y muchas veces compensamos de cualquier forma el aburrimiento con diversión o algo más entretenido o agradable. Pero no siempre lo agradable es lo bueno para la persona. Hoy vemos cómo vivir el aburrimiento de un modo que ayude a crecer, y no solo a evadirse. Se trata de hacer lo mismo que nos toca hacer, pero viajando internamente, mejorando las relaciones con los demás.
En la segunda parte, nos planteamos estas preguntas: ¿Es compatible ser positivo con decir las cosas claras? ¿Hay que hablar pensando en los propios o en acercar a los que están más alejados? La educación cristiana rechaza ciertas cosas, pero la Iglesia no rechaza a ninguna persona, ni los señala con el dedo, ni los proscribe, ni quiere tenerlos lejos. Todos caben en la Iglesia, por eso es católica, por eso es universal. Alfonso
Aguiló, presidente de CECE, nos habla de compaginar la claridad del anuncio con atender a la coyuntura que vivimos.