Un recorrido por obras maestras fílmicas que, como Angustia o Los Sin Nombre, triunfaron en el exterior gracias a su arriesgada propuesta visual.
En una nueva entrega de los espacios dedicados al séptimo arte en esRadio, se ha realizado un exhaustivo repaso por la historia del cine de terror español, coincidiendo con el estreno de la película La Horcada, dirigida por Miguel Ángel Lamata. Durante la charla, se ha destacado cómo el género ha evolucionado significativamente desde la década de los ochenta, logrando un reconocimiento internacional que, en muchas ocasiones, supera al obtenido en el propio territorio nacional gracias a propuestas arriesgadas y directores con una clara vocación exterior.
El primer título destacado en esta lista de recomendaciones personales es Angustia, una obra de Bigas Luna estrenada en 1987. Esta película, calificada como un auténtico peliculón por los colaboradores, destaca por su carácter inclasificable y su innovadora propuesta metacinematográfica, donde la acción se desarrolla dentro de una sala de cine. A pesar de haber sido rodada en gran parte en la ciudad de Barcelona, su atmósfera internacional y el hecho de estar grabada en inglés la convierten en una pieza única de nuestra cinematografía que genera un profundo desasosiego en el espectador desde sus primeros compases.
A continuación, el análisis se ha centrado en Los Sin Nombre, el largometraje con el que debutó Jaume Balagueró en el año 1999. Mucho antes del fenómeno global que supuso la franquicia REC, Balagueró ya demostraba su maestría para el terror puro con esta adaptación de la novela de Ramsey Campbell. La trama, que sigue la angustia de una madre que recibe una llamada de su hija supuestamente fallecida años atrás, es descrita como una experiencia absolutamente perturbadora que consolidó al director catalán como uno de los grandes referentes del género en la escena europea.
No podía faltar en este recorrido la cinta Mil Gritos Tiene la Noche, dirigida por Juan Piquer Simón. Conocida internacionalmente bajo el título de Pieces, esta obra de 1982 es considerada hoy un objeto de culto en Estados Unidos. El resumen resalta el ingenio del director para suplir la escasez de presupuesto con una creatividad visual desbordante, logrando escenas de impacto dentro del subgénero slasher que todavía son reivindicadas por figuras de la cultura popular internacional, demostrando que el terror español siempre ha sabido exportar pesadillas con éxito.
El repaso histórico también ha hecho una parada obligatoria en la década de los setenta con Una Vela Para el Diablo, de Eugenio Martín. Localizada en el pueblo de Grazalema, esta película se encuadra en el denominado folk horror y cuenta con las magistrales interpretaciones de Aurora Bautista y Esperanza Roy. La historia de dos hermanas que deciden eliminar a todo aquel que consideran pecador es una joya del cine patrio que, debido a las restricciones de la censura de la época, tuvo que encontrar su mayor éxito comercial fuera de nuestras fronteras mediante su distribución internacional.
En una vertiente mucho más contemporánea, se ha ensalzado Verónica, la película de Paco Plaza estrenada en 2017. Inspirada en el célebre caso Vallecas, la cinta logra recrear con gran precisión el Madrid de los años noventa, apoyándose en una cuidada ambientación y una banda sonora protagonizada por Héroes del Silencio. Según los críticos de esRadio, Paco Plaza se encuentra actualmente en el mejor estado de forma de su carrera, demostrando una capacidad inigualable para adaptar los códigos del cine de posesiones al contexto social y cultural español.
Posteriormente, se ha recordado el impacto cultural de REC, codirigida por Jaume Balagueró y el propio Paco Plaza. Este ejercicio de found footage revolucionó las salas de cine al situar al espectador en el centro de una infección zombi dentro de un edificio de viviendas de Barcelona. La tensión asfixiante sostenida durante todo el metraje y su capacidad para aterrorizar incluso a los espectadores más curtidos en el género la sitúan como un hito ineludible que marcó un antes y un después en la producción de terror nacional.
La selección ha incluido asimismo No Profanar el Sueño de los Muertos, dirigida por Jorge Grau en 1974. Esta película, que llegó a contar con hasta dieciocho títulos alternativos en diferentes países, es considerada una obra maestra del cine de muertos vivientes. Debido a las directrices políticas del momento, la acción tuvo que situarse en la ciudad de Manchester, aunque el rodaje se realizó en localizaciones españolas. Es una pieza de culto que, según se ha subrayado en el programa, compite en calidad y atmósfera con las grandes producciones contemporáneas de George A. Romero.
Finalmente, como la cumbre del cine de terror español de todos los tiempos, se ha destacado ¿Quién Puede Matar a un Niño?, la obra maestra de Narciso Ibáñez Serrador, el recordado Chicho. Los tertulianos han lamentado que un genio de su talla solo dirigiera dos largometrajes, ambos considerados clásicos indiscutibles. Esta película, con su atmósfera opresiva y su premisa moralmente perturbadora, cierra una lista esencial para cualquier oyente que desee profundizar en la historia de un género donde España ha demostrado ser una verdadera potencia creativa.