Scream reinventó el slasher con ironía, sangre y una máscara que se convirtió en mito. Wes Craven y Kevin Williamson dinamitaron el género.
En esta nueva entrega del programa Prohibido contar ovejas, conducido por Felipe Couselo, se realiza un exhaustivo repaso por una de las franquicias más icónicas del cine de terror contemporáneo: la saga Scream. Acompañado por colaboradores de la talla de Juanma González, Daniel Palacios, Gonzalo Contreras y Vicky Carrasco, el equipo desgrana los elementos que convirtieron a Ghostface en un fenómeno cultural. El análisis comienza destacando cómo la primera entrega, estrenada en 1996, supuso una reinvención del género slasher gracias a la magistral dirección de Wes Craven y el afilado guion de Kevin Williamson, quienes introdujeron el concepto de metacine en el terror comercial.
Durante la tertulia, se subraya la importancia de las reglas establecidas en Scream. Los tertulianos recuerdan con entusiasmo el personaje de Randy, el cinéfilo que explicaba al resto del reparto —y al espectador— las normas para sobrevivir en una película de miedo. Se menciona especialmente el impacto mediático que supuso el prólogo de la primera cinta, donde se decidió acabar con la vida de Drew Barrymore, la actriz más famosa del reparto en aquel momento, apenas diez minutos después de empezar la proyección. Este movimiento, inspirado en el giro de Psicosis de Alfred Hitchcock, dejó claro que en el universo de Scream nadie estaba a salvo, rompiendo las expectativas del público desde el primer fotograma.
Al avanzar hacia Scream 2, el debate se centra en el desafío de las secuelas. La película traslada la acción a la universidad y profundiza en la autoconsciencia cinematográfica, discutiendo abiertamente si las segundas partes pueden superar a las originales, citando ejemplos como El Padrino: Parte II o Terminator 2: el juicio final. Los invitados coinciden en que esta entrega perfecciona la fórmula, aumentando el número de cadáveres y la espectacularidad de las muertes, manteniendo a la vez ese juego de espejos donde la realidad imita al cine dentro de la propia trama de la película ficticia Puñalada.
El análisis de Scream 3 revela las dificultades de producción de la época, marcada por los trágicos sucesos de Columbine, lo que obligó a reducir la carga de violencia y sangre. La acción se traslada a Hollywood, al propio set de rodaje de la saga ficticia, lo que permite a los creadores explorar el pasado de la madre de Sidney Prescott. Un punto de interés crítico en el programa es la mención velada a la figura de Harvey Weinstein, productor real de la cinta, y cómo la trama sobre actrices que deben pasar por el aro de productores abusivos resuena hoy con una fuerza aterradora tras el movimiento Me Too.
Con el estreno de Scream 4 en 2011, la saga intentó adaptarse a la era de las redes sociales y la fama instantánea de internet. Aunque los tertulianos admiten que esta entrega envejeció rápido debido a lo incipiente de la tecnología de aquel entonces, valoran positivamente el regreso de Wes Craven y la introducción de nuevos personajes como Kirby Reed. La película se presenta como un remake encubierto que cuestiona la obsesión de las nuevas generaciones por la notoriedad digital, manteniendo el respeto por el trío protagonista original formado por Neve Campbell, Courteney Cox y David Arquette.
Finalmente, el equipo aborda las entregas más recientes, Scream (2022) y Scream VI, dirigidas por el colectivo Radio Silence tras el fallecimiento de Craven. Se discute el concepto de recuela (secuela que funciona como reboot) y el relevo generacional encabezado por Jenna Ortega y Melissa Barrera. A pesar del éxito comercial, algunos colaboradores critican la pérdida de cierta esencia artesanal en favor de un estilo más plano, aunque celebran el traslado de la acción a Nueva York en la sexta entrega. Para concluir, los invitados comparten sus películas de terror favoritas, mencionando clásicos como La semilla del diablo, La matanza de Texas o El resplandor, cerrando así un programa dedicado a la pasión por el miedo en la gran pantalla.