811 episodios
- Repaso a la trayectoria del artesano que modeló el sonido de Pantera, Soundgarden y Deftones sin imponer su firma sobre la identidad de cada grupo.
El espacio radiofónico dedica un exhaustivo monográfico a la figura de Terry Date, uno de los productores discográficos más determinantes en la evolución del heavy metal, el thrash y el rock alternativo durante las décadas de los ochenta y noventa. A diferencia de otros productores reconocidos como Ross Robinson o Rick Rubin, caracterizados por imponer un sello propio sobre las bandas, Date es definido en el programa como un auténtico artesano del sonido, cuya virtud radica en poner toda la técnica a disposición de los músicos para extraer exactamente el resultado que cada grupo persigue.
Los inicios de su trayectoria profesional quedaron marcados por su aportación al sonido de formaciones clave en la década de los ochenta. Su primer trabajo relevante llegó con el debut homónimo de Metal Church en 1984, donde sobresale la nitidez y el equilibrio instrumental en temas como Beyond the Black. Posteriormente consolidó su prestigio en el género con producciones de gran complejidad técnica, entre las que destacan The Years of Decay de Overkill y la primera referencia de estudio de Dream Theater, titulada When Dream and Day Unite.
Con la llegada de los años noventa y la explosión del sonido de Seattle, la versatilidad de Date le permitió adaptarse al nuevo paradigma sin perder contundencia. El productor fue el encargado de moldear Apple, el único disco de estudio de Mother Love Bone, y resultó una pieza decisiva en el despegue internacional de Soundgarden al firmar álbumes tan influyentes como Louder Than Love y Badmotorfinger, trabajos que cimentaron la antesala del posterior triunfo masivo de la banda encabezada por Chris Cornell.
Uno de los capítulos más brillantes de su carrera tuvo lugar junto a Pantera, a quienes acompañó en su radical transición estilística hacia el groove metal. Date logró canalizar y cohesionar el inmenso talento de cuatro personalidades arrolladoras —Phil Anselmo, Dimebag Darrell, Rex Brown y Vinnie Paul— a través de obras fundamentales como Cowboys from Hell y Vulgar Display of Power, culminando en un histórico número uno en las listas de ventas con el lanzamiento de Far Beyond Driven en 1994.
A lo largo de esa misma década, Date mantuvo un ritmo frenético de trabajo en el que demostró su pericia con géneros híbridos. Condujo a White Zombie hacia su cenit sonoro en Astro-Creep: 2000 y revalidó su éxito comercial con Limp Bizkit en álbumes superventas como Significant Other. No obstante, el productor siempre ha señalado que su mayor logro artístico se produjo junto a Deftones, especialmente en White Pony, disco cumbre lanzado en el año 2000 donde combinó la fuerza del metal alternativo con texturas atmosféricas y recursos pop.
El legado del productor estadounidense sigue presente en producciones modernas como las de Bring Me the Horizon en su álbum Sempiternal, donde se percibe esa misma capacidad para potenciar el sonido sin domesticar la energía de las guitarras. Tras el repaso discográfico, el programa despide la emisión al compás de la canción No Stars, interpretada por Rebekah Del Rio dentro del universo sonoro de la serie televisiva Twin Peaks. - El 'big beat' dominó las pistas en los noventa con The Prodigy o Fatboy Slim, un sonido arrollador que alcanzó su cumbre en 1997.
La década de los noventa fue un periodo de enorme efervescencia musical en el que florecieron corrientes tan diversas como el britpop, el grunge o el trip-hop. En este contexto destacó con fuerza el big beat, un subgénero electrónico eminentemente británico que, a diferencia de otros estilos coetáneos, no ha experimentado un movimiento de nostalgia o revisión en la actualidad. Su impacto en las pistas de baile y en la cultura popular de aquellos años resultó formidable, definiendo el pulso de toda una generación.
Musicalmente, esta corriente se sustenta sobre una base rota y acelerada, similar al compás sincopado del electro pero ejecutada a una velocidad superior y con un enfoque marcadamente festivo. La seña de identidad del sonido reside en sus baterías contundentes, caracterizadas por bombos y cajas de gran relieve que dotan a los temas de una pegada monumental. El movimiento alcanzó su momento de máximo esplendor en 1997, año en el que vieron la luz las producciones más determinantes y comerciales de la escena.
Uno de los grandes artífices de la difusión y masificación del género fue Norman Cook, universalmente conocido bajo el alias artístico de Fatboy Slim. Tras su etapa como bajista en The Housemartins, Cook fundó en 1995 el club The Big Beat Boutique en la ciudad costera de Brighton, acuñando y expandiendo la etiqueta musical. Con sencillos de alcance global como The Rockafeller Skank, sus sesiones se convirtieron en auténticas celebraciones multitudinarias basadas en la energía del directo y la combinación constante de muestreos vocales.
Por su parte, The Chemical Brothers ejercieron de pioneros e impulsores fundamentales de este sonido desde principios de los años noventa con grabaciones tempranas como Song to the Siren. El dúo británico alcanzó una de sus cotas de mayor impacto mediático y comercial con el lanzamiento de Block Rockin' Beats, pieza que sintetizó a la perfección la unión entre el funk más rápido y la distorsión electrónica, situándolos a la vanguardia de la música electrónica mundial.
La vertiente más agresiva y heredera del espíritu inconformista del punk estuvo encarnada por The Prodigy. Procedentes del circuito de las raves británicas y capitaneados por Liam Howlett, consolidaron su transición hacia este sonido arrollador con el álbum The Fat of the Land. Su corte principal, Firestarter, logró traspasar todas las fronteras estilísticas al desembarcar con asiduidad en las radiofórmulas generalistas, demostrando el alcance comercial de una música tan contundente.
Entre los precursores esenciales que abonaron el terreno para la eclosión del estilo sobresale el grupo Meat Beat Manifesto gracias a su influyente trabajo en Radio Babylon a comienzos de la década. Esta formación logró tender un puente pionero al combinar la frialdad maquinal de la música industrial con la rítmica y los recursos de producción propios del hip-hop, anticipando las fórmulas que poco después dominarían los clubes británicos.
La banda Apollo 440 aportó una sonoridad singular al mezclar ritmos frenéticos próximos al drum and bass con guitarras deudoras del rock de estadio. Himnos como Stop the Rock y su conocida revisión electrónica de la sintonía de Perdidos en el espacio certificaron la conexión directa del género con el cine y la industria de los videojuegos, campos donde estas composiciones aceleradas encontraron un escaparate idóneo.
Otra referencia imprescindible del periodo fue el dúo Propellerheads con su álbum Decksandrumsandrockandroll, publicado también en 1997. De este disco formó parte Spybreak!, composición ampliamente recordada por su inclusión en la emblemática banda sonora de Matrix y por servir de sintonía al formato televisivo Caiga quien caiga en España, demostrando la enorme versatilidad narrativa que ofrecían estos arreglos instrumentales.
Aunque el epicentro del fenómeno radicó en el Reino Unido, Estados Unidos aportó una notable excepción con The Crystal Method y su exitoso Busy Child. Paralelamente, otros proyectos como Death in Vegas exploraron senderos menos convencionales a través de temas como Dirt, distanciándose del hedonismo playero para abrazar texturas más hipnóticas influidas por el krautrock y el ruidismo.
El repaso concluye con piezas desenfadadas como Bentley's Gonna Sort You Out! de Bentley Rhythm Ace, sustentada en el inconfundible timbre ácido del sintetizador Roland TB-303, y el clásico Ooh La La de The Wiseguys. En la valoración final se remarca que las canciones adscritas a esta etiqueta requerían una gran destreza a la hora de mezclarse en cabina debido a sus estructuras complejas y su acusada personalidad rítmica, muy alejada de la linealidad previsible de estilos como el techno o el house. - Homer poseído, Bart convertido en vampiro o mutado en insecto: analizamos los míticos capítulos de miedo de la célebre serie animada de Fox.
El equipo del programa dedica su espacio televisivo a repasar algunos de los episodios y fragmentos más emblemáticos de los especiales de Halloween de Los Simpson, conocidos popularmente como La Casa-Árbol del Terror. A lo largo de sus más de tres décadas de emisión, estas entregas anuales se han consolidado como una tradición indispensable para los seguidores de la animación, ofreciendo un formato en el que las reglas habituales de la serie se suspenden por completo para dar rienda suelta al absurdo y al humor negro.
En estos especiales, la continuidad de la trama principal no importa: cualquier personaje puede morir, adoptar roles monstruosos o transformarse sin que afecte a la serie regular. La tertulia destaca cómo estas historias han marcado a generaciones enteras y cómo su éxito ha derivado en recopilaciones específicas en plataformas de emisión y en ediciones de coleccionista en papel, codiciadas por los aficionados al cómic y a la comedia de terror.
El primer relato destacado es la parodia vampírica de la quinta temporada, emitida en 1993, en la que el señor Burns asume el rol del conde en una recreación cómica del clásico cinematográfico de Francis Ford Coppola. En esta historia, Bart Simpson es convertido en vampiro, lo que desata las sospechas de su hermana Lisa en medio de una tenebrosa mansión. Durante la conversación, los colaboradores evocan también referencias cruzadas de su infancia y juventud vinculadas a este tipo de relatos, como las novelas juveniles y adaptaciones del género.
La segunda elección viaja hasta la décima temporada, emitida en 1998, con la historia protagonizada por el cabello maldito del convicto Snake. Tras ser ejecutado en la silla eléctrica por sus crímenes, sus órganos y su melena son trasplantados, recayendo este último injerto en Homer. El peluquín cobra vida y voluntad propia, poseyendo al patriarca de la familia para ejecutar una sangrienta venganza contra quienes testificaron en su contra, dando lugar a una delirante sátira sobre los trasplantes con personalidad propia.
El tercer fragmento seleccionado corresponde a la novena temporada, estrenada en 1997, inspirada directamente en la película de culto La mosca. En esta ocasión, Homer compra una máquina de teletransporte en una venta de garaje a un precio ridículo, utilizándola con pereza para evitar caminar hasta el cuarto de baño. Sin embargo, la imprudencia de Bart al meterse en la cabina junto a un insecto provoca una mutación genética inmediata, resultando en un intercambio de cabezas entre el niño y la mosca.
En cuarto lugar, los tertulianos rememoran el sangriento episodio de la duodécima temporada, del año 2000, centrado en la rebelión marina. Lisa, guiada por su activismo bienintencionado, libera del cautiverio a Snorky, un delfín que resulta ser el líder de una civilización milenaria oculta en el océano. Este acontecimiento desemboca en una violenta invasión de delfines armados que logra expulsar a todos los habitantes de Springfield hacia el mar para reconquistar la superficie terrestre.
La última gran historia analizada pertenece a la sexta temporada, emitida en 1994, considerada por el equipo como una de las cumbres de la animación: la parodia de El Resplandor. Encargados de cuidar la mansión de invierno del señor Burns desprovista de telecomunicaciones y bebidas alcohólicas, Homer sufre una pérdida total del juicio, dejando para la posteridad frases memorables de la historia televisiva que los propios colaboradores confiesan seguir utilizando de forma cotidiana.
Para concluir, los miembros del programa recuerdan con nostalgia otros hitos imborrables de la antología terrorífica de la serie, entre los que figuran la célebre lectura de El cuervo de Edgar Allan Poe, el muñeco homicida de Krusty el payaso, el hermano siamés oculto en el desván o la recurrente presencia de los extraterrestres Kang y Kodos, demostrando la profunda huella dejada por la ficción en la cultura popular contemporánea. - De 'Twin Peaks' y la electrónica británica a las parodias de 'Los Simpson' y el rock de Pantera: un exhaustivo repaso sonoro y televisivo
Una nueva entrega de Prohibido Contar Ovejas en esRadio, capitaneada por Felipe Couselo y con la participación habitual de Isaac Vizcaíno, Miriam García, Dani Palacios y Juanma González, arrancó entre bromas sobre la indumentaria del equipo, anécdotas de vestuario y los preparativos para la tradicional cena navideña de Libertad Digital.
En la sección inicial de retrospectiva, Isaac Vizcaíno recuperó el tema She's Gone Away de Nine Inch Nails para recordar el regreso televisivo en 2017 de Twin Peaks. Bajo la dirección de David Lynch, la tercera temporada de la célebre serie retomó la historia veinticinco años después de su final original, alejándose de las respuestas fáciles para abrir nuevos enigmas cinematográficos arropados por una banda sonora monumental que incluyó actuaciones en el Roadhouse de artistas como Chromatics, Eddie Vedder o Julee Cruise.
A continuación, Vizcaíno dedicó un monográfico musical al Big Beat, subgénero de la música electrónica nacido en la década de los noventa en el Reino Unido. Este sonido se caracterizó por sus ritmos acelerados sincopados de compás cuatro por cuatro, sus contundentes líneas de batería con cajas prominentes y una marcada influencia del rock, el funk y el hip hop más bailable.
El recorrido por este fenómeno repasó a sus figuras capitales, empezando por Fatboy Slim y su mítico club Big Beat Boutique de Brighton, pasando por The Chemical Brothers y su tema Block Rockin' Beats, hasta alcanzar la explosión comercial de The Prodigy con Firestarter dentro de su álbum The Fat of the Land. También sonaron referentes esenciales como Apollo 440 y su recordada revisión de Lost in Space, la banda sonora de The Matrix con el tema Spybreak! de Propellerheads, The Crystal Method, Death in Vegas y The Wiseguys con su éxito Ooh La La, canciones que definieron la escena de música electrónica de finales de siglo.
El bloque dedicado a la televisión estuvo a cargo de Miriam García, quien desgranó sus momentos predilectos de los especiales de Halloween de la serie de animación The Simpsons. Estos episodios recopilatorios, conocidos popularmente como La casa-árbol del terror, constituyen una tradición anual que subvierte las reglas del universo de Springfield para homenajear o parodiar al cine de género.
Entre los fragmentos más destacados, el equipo rememoró la sátira de Bram Stoker's Dracula con el señor Burns encarnando al vampiro; el trasplante capilar asesino en Hell Toupée con el pelo de Snake poseyendo a Homer; la parodia de The Fly protagonizada por Bart; la rebelión armada de los cetáceos liderada por el delfín Snorky y, muy especialmente, la célebre recreación de The Shining de Stanley Kubrick en la que Homer enloquece bajo la ya clásica premisa: "Sin tele y sin cerveza Homer pierde la cabeza". La tertulia recordó también los orígenes del formato con la lectura del poema El cuervo de Edgar Allan Poe y las recurrentes apariciones de los extraterrestres Kang y Kodos.
Por su parte, Dani Palacios centró su intervención en la figura del productor musical estadounidense Terry Date. A diferencia de otros productores reconocidos por imponer un sello estético invasivo sobre sus proyectos, Date destacó como un artesano sonoro capaz de respetar la identidad de cada formación y potenciar al máximo sus virtudes sin desvirtuar su estilo primigenio.
A través de varios cortes musicales, Palacios ilustró la trayectoria de Date desde sus inicios en el thrash metal ochentero con Metal Church y Overkill, su colaboración en el debut de Dream Theater o el disco Apple de Mother Love Bone, hasta consagrarse como pieza clave del sonido alternativo de los noventa. Su labor técnica fue decisiva en el despegue de Soundgarden con Badmotorfinger, en la reinvención agresiva de Pantera con Vulgar Display of Power y Far Beyond Driven, en el sonido industrial de White Zombie, en el éxito multitudinario de Limp Bizkit con Significant Other y en la cumbre compositiva de Deftones con el aclamado álbum White Pony, reafirmando a Date como uno de los nombres fundamentales del rock pesado contemporáneo. Prohibido Contar Ovejas: Números 1 de costa a costa. Edición del 4 de noviembre
04/11/2026 | 1 h 44 minFelipe Couselo repasa las canciones que lideraron las listas de ventas británicas y estadounidenses, desde Elvis hasta The Beatles.
El programa Prohibido Contar Ovejas de esRadio, dirigido y presentado por Felipe Couselo, dedica su edición número 478 a repasar grandes éxitos discográficos que alcanzaron el número uno de las listas de ventas un 4 de noviembre a ambos lados del Atlántico, comparando las clasificaciones británicas y las estadounidenses de Billboard a lo largo de varias décadas.
El recorrido musical comienza en el año 1953 con el éxito de Les Paul y Mary Ford interpretando Vaya con Dios, que lideró la lista norteamericana durante once semanas. Couselo aprovecha la pieza para reflexionar sobre cómo la música cruzaba el océano con mayor lentitud en aquella época y cómo la técnica de guitarra de Les Paul transformó por completo la música popular contemporánea.
Cuatro años más tarde, en 1957, la lista británica estaba encabezada por Buddy Holly y The Crickets con That'll Be the Day, composición inspirada en la película Centauros del desierto de John Wayne y pieza fundacional para numerosas bandas inglesas, entre ellas The Beatles. Mientras sonaba en el Reino Unido, en Estados Unidos el puesto de honor lo ocupaba Elvis Presley con Jailhouse Rock.
El propio Elvis Presley protagoniza el repaso de 1960 gracias a It's Now or Never, su adaptación de O sole mio, que conquistó las listas británicas vendiendo decenas de millones de copias y demostrando la versatilidad vocal del artista más allá del rocanrol tradicional. En territorio estadounidense, mientras tanto, el liderato recaía en The Drifters con Save the Last Dance for Me.
La factoría de Detroit y el sonido Motown asumen el protagonismo de 1964 con The Supremes y su clásico Baby Love, compuesto por el reputado trío Holland-Dozier-Holland, copando la primera plaza en Estados Unidos. Por su parte, en las islas británicas triunfaba Sandie Shaw interpretando la composición (There's) Always Something There to Remind Me de Burt Bacharach y Hal David.
En 1965 se produjo una coincidencia transatlántica con The Rolling Stones situando en lo más alto de ambos mercados su enérgico Get Off of My Cloud. Apenas un año después, en 1966, el trío creativo de la Motown volvía a dominar en el Reino Unido de la mano de The Four Tops con Reach Out I'll Be There, mientras en las listas americanas imperaba The Monkees con Last Train to Clarksville.
La llegada de 1968 trae consigo el análisis de Hey Jude de The Beatles, un tema concebido por Paul McCartney para apoyar al hijo de John Lennon tras la separación matrimonial de sus padres. Pese a romper las normas comerciales radiofónicas por superar los siete minutos de duración, se convirtió en un himno universal, compartiendo protagonismo temporal con Mary Hopkin y su célebre Those Were the Days.
La década de los setenta queda inaugurada en el espacio con el éxito en 1971 de Rod Stewart y su emblemático Maggie May, perteneciente al álbum Every Picture Tells a Story, que despegó hacia el número uno impulsado por la mandolina de Ray Jackson. En 1972, el texano Johnny Nash introdujo los ritmos jamaicanos en la cúspide de Billboard gracias a la célebre I Can See Clearly Now.
La alianza compositiva formada por Elton John y Bernie Taupin dominó Norteamérica en noviembre de 1975 mediante Island Girl, canción que contó con la participación del sintetizador de James Newton Howard. Por aquellas mismas fechas, en el Reino Unido triunfaba la reedición especial de Space Oddity de David Bowie.
El bloque dedicado a las bandas sonoras cinematográficas cobra fuerza con el año 1978, cuando el fenómeno musical de Grease situó a John Travolta y Olivia Newton-John en el primer puesto británico con Summer Nights. Esta tendencia continuó en 1982 gracias al dueto formado por Joe Cocker y Jennifer Warnes en Up Where We Belong, tema central de la cinta Oficial y caballero que obtuvo el premio Oscar.
La recta final del programa aborda los años ochenta con Berlin y la balada Take My Breath Away perteneciente a Top Gun en 1986, el pop adolescente de Tiffany con I Think We're Alone Now en 1987 y el regreso triunfal de The Beach Boys con Kokomo en 1988 gracias al filme Cocktail. La emisión concluye en 1990 recordando el renacimiento de Unchained Melody de The Righteous Brothers, catapultada al número uno un cuarto de siglo después de su grabación gracias a su inclusión en la película Ghost.
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