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    Hasta el c*ñ* de la IA

    20/06/2026 | 1 h 1 min
    Estás harta de la IA. De los prompt-bros de LinkedIn, de las formaciones, de hacer más con menos, sueldo y tiempo incluidos. Pero también de la crítica y, en general, de la geopolítica. De los apocalípticos de China. De los apocalípticos de Trump. De los apocalípticos de HAL 9000. Del espectáculo católico-neoliberal que te anima a aumentar la productividad por la mañana, a cuidar el jardín de reserva de la humanidad por la tarde y a encogerte de miedo por la noche. Lógico.

    Aunque apenas puedas precisar cómo se unen lo puntos, sí parece claro que ellos tienen un plan, una utopía y parece claro que no es la nuestra. En su utopía colapsamos, saturadas/os de productividad y de preocupación. Rendidas por hambre durante una parte de la semana y empachados la otra.

    Y en Pol&Pop, que nunca habíamos abordado el tema, nos sumamos al chorreo. Y como siempre es mejor con amigas, invitamos a Marga Padilla García, autora de “Inteligencia Artificial: Jugar o romper la baraja” (Traficantes de Sueños, 2025: https://traficantes.net/libros/inteligencia-artifical-jugar-o-romper-la-baraja ), y referente tecnopolítico, para pensar esta cosa que ha pasado a ocupar parcelas crecientes de nuestra vida.

    Una cosa jodida del presente es que nos pasa, pero apenas nos deja margen para pensarlo. Una cosa aún más jodida de la tecnología es que nos la hacen, antes los listos y ahora los ricos, y nos toca limitarnos a desear poder usarla sin que nos utilice demasiado.

    Por fortuna y con dificultades, la IA se está pensando en tiempo real y de forma creciente. En sus dimensiones geopolíticas y ecológicas (https://www.elsaltodiario.com/asalto-podcast/anthropic-ciberguerra-todo-lo-papa-no-ha-dicho-carta-ia-militar ; https://www.elsaltodiario.com/atenea_cyborg/doble-revolucion-del-siglo-xxi-geopolitica-inteligencia-artificial), en sus consecuencias, en cómo funciona por dentro y cómo se ensambla por fuera con el contexto de relaciones sociales e instituciones en que opera.

    Como señala Padilla, por debajo de todo el celofán de lo técnico, de lo inevitable y de lo infalible, hay una realidad política, contingente e incierta. En las IAs se decide qué riesgos se quieren evitar, entre qué factores se distribuyen los pesos y qué pesos se ponen en la balanza. Se decide qué tipo de respuesta se ofrece: la del tertuliano enciclopédico que ha sido mil veces formulada vs la pluralidad, el contraste, las críticas y las diversidades. También es una decisión política si usarla o no y en qué circunstancias. Si la IA ofrece una respuesta para todo, conectada urbi et orbi, o aborda un campo especializado dentro de un entorno controlado y local. Tampoco es infalible, como no lo es la percepción ni la razón humana, ni en su despliegue clínico, ni actuarial ni ahora automatizado.

    Al mismo tiempo, la manera tan fiel en que su invasión reproduce el esquema de desposesión y cercamiento de los comunes, con la privatización de nuestras propias formas de hablar, relacionarnos y conocer para ponerlas en el stock de gigantes tecnológicos es una llamada a la tecnopolítica. El terreno minado en el que la IA se inserta dentro de un contexto de productividad por chantaje y socialidad menguante es una llamada a la comunidad. La comunidad tecnopolítica es no quedarse fuera de lo que nos afecta y para eso resulta decisivo romper el círculo técnico de las primeras experimentaciones hacktivistas para mezclar a todos los saberes implicados, porque no hay una forma de no saber del contenido y despliegue de las relaciones humanas. En su utopía X, no hay una relación con lo otro ni con les otres que no se rija por la gramática del dominio y la utilidad. En este terreno ya liminal entre lo vivo y lo inerte, la pregunta no es si finalmente la máquina se rebelará, sino si nos juntaremos y, haremos la revuelta juntas.
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    Lo de ZP es más que lo de ZP

    30/05/2026 | 57 min
    La imputación de Zapatero&cía —o cómo se llame ahora— representa: 1 ) la posibilidad de que el PSOE sea una estructura profundamente corrupta, o lo que es lo mismo, un partido as usual de la partitocracia canónica; hasta el punto de que —en una suerte de ingreso traumático de lo real en el que el carácter ficcional del modo en el que nos relacionamos operativamente en el mundo se desvela como tal, una mentirijilla que nos facilita la vida— ya no podemos relacionarnos con el PSOE fingiendo que es una cosa diferente a lo que el PSOE realmente es. 2) La constatación definitiva, por si era necesaria alguna prueba más, de que el PSOE —uno de sus aparatos fundadores— ha sido expulsado del R78 y hay una operación puesta en marcha para desalojar al Gobierno vía judicial, mediática, política y diplomática mediante. Es decir, por todas las vías.

    Esto ha llegado a suceder como si, en una fase terminal de la respuesta autoinmune del R78 a los desafíos del ciclo político 2011-2022, las defensas atacaran finalmente al propio cuerpo. Una dinámica en la que es posible que el PSOE tenga una responsabilidad no pequeña.

    Para afrontar y superar los desafíos y la impugnación del ciclo 2011-2022, el R78 segregó una serie de anticuerpos en esta forma que Pablo Elorduy ha llamado el Estado feroz. Aquí segregar significa, en una gramática variable, que autorizó, legitimó, confraternizó, toleró o dejó hacer según el caso y la conveniencia a determinados aparatos de estado (incluidos los aparatos de información ) a actuar para expulsar, debilitar o aniquilar esos cuerpos extraños (15M, Municipalismos, Podemos, etc.) o que se han vuelto extraños (Junts, Esquerra) que desafían la estabilidad y legitimidad del régimen. Hasta este punto el PSOE es plenamente responsable de ello. Autorizó, legitimó, dejó hacer y sobre todo, se benefició de ello. ¿Qué sucedió para que haya terminado devorado por esta dinámica, canibalizado por unas dinámicas que él mismo contribuyó a generar y activar?

    1) Activada esta dinámica, legitimada en su proceder, a las fuerzas conservadoras y reaccionarias no les ha sido difícil impusarla a una nueva fase, ordenarla e instrumentalizarla. Pero si 1) ha sido tan fácil es porque 2) a estos núcleos movilizados y activistas del Estado feroz nos les ha faltado ímpetu ni iniciativa. Quizás nunca ha sido más importante en nuestra historia reciente (donde importante significa disfuncional) la composición material y humana de los aparatos de estado.

    La expulsión del PSOE supone una reestructuración fuerte del campo político y uno de los vectores estratégicos más importante del ciclo que se nos está viniendo encima

    Drama sobre drama, aquí lo importante es que parece dominar en los núcleos de los aparatos duros del Estado a) una concepción patrimonialista del Estado y b) estrecha y preconstitucional de la nación y la patria. Una noción en la que España se identifica con ellos mismos y sus homólogos de clase, anterior y superior a la democracia, con la que tiene una relación accidentalista. De esta manera, en nombre de España (en esta concepción patrimonialista y estrecha) se está en cierto modo habilitado para bordear, extrañar o desreconocer la democracia y sus derechos.

    En resumen, un esprit de corps reaccionario que activado y tolerado en una primera fase, y movilizado y legitimado en una segunda, ha terminado por comprender al PSOE (una de sus partes componentes y fundadoras) como también él un cuerpo extraño. Con el que se está habilitado a hacer lo que se estaba legitimado a hacer con los cuerpos extraños: al que se esta autorizado y legitimado a expulsar, aniquilar, castigar, destruir y un largo y triste etc.

    Si esto resuena a lawfare es porque cuando funciona, así funciona el lawfare. Si nos estremece un cierto latigazo de pánico, es porque el cuerpo es sabio e intuye la que se nos viene.

    Conclusiones. La expulsión del PSOE supone una reestructuración fuerte del campo político y uno de los vectores estratégicos más importante del ciclo que se nos está viniendo encima. El PSOE navega en esto incómodamente, entre la estupefacción y la aceptación estratégica. La extraordinaria resistencia que está mostrando el Gobierno, al menos hasta el momento presente, habla de que hay un área que ya está en lo segundo, pero es lógico intuir que el impulso apparatchik, especialmente conforme público y crítica vaya soltando la mano, a negociar la rendición, entregar los aparatos de estado, pasar la penitencia y pedir el reingreso en el club, es ya también un proyecto en marcha.

    De momento, por el presente, si el lawfare hace del PSOE uno como nosotros/as, la otras cositas no lo hace, justamente, uno de nosotros/as. Esta distinción, que no ha estado clara precisamente estas semanas, pero distinguir y trabajar ambas cosas —una pulsión que acerca y otra que nos aleja— va ser uno de las elementos claves para sobrevivir y crecer en el ciclo político que se abre. Ciclo político que se anticipa necesariamente feroz.
  • Pol&Pop

    Si la orden es jugar, la respuesta es hacer trampas. Con Javier Pérez Barricarte

    09/05/2026 | 1 h
    Por culpa de pensarlo, se cae en la cuenta de que una de las actividades más divertidas que existe no es sino completar otra de las más aburridas: seguir normas. En el último Pol&Pop hablamos sobre jugar con Javier Pérez Barricarte, sobre su libro, “El placer de la domesticación. De la gimnasia al videojuego” (Renacimiento, 2026). Parte del interés por esta actividad es que se ha situado del lado de lo banal, de lo que no es serio ni profesional -las excusas más habituales para instarnos a hacer lo insoportable-, lo que incrementa la importancia de estas formas humanas de repetir con pequeñas variaciones bajo distintos conjuntos de normas. Una actividad clave en la socialización de los nuevos sujetos y en la subjetivación de los adultos. O ¿acaso no es un reclamo de la cultura del gimnasio que éste forja tanto más un carácter que un cuerpo?
    El juego moldea las etapas de una vida: los niños a los muñecos, los adolescentes al Tiktok, quienes se resisten a la vida adulta al Instagram y sus mayores al Facebook. El juego moldea la realidad: el Kriegsspiel prusiano convirtió la guerra en un tablero en el que no tenían cabida el cansancio, el hambre o las vísceras, sino que se podía aprender como un espacio racional de planificación, igual que el shooter en primera persona anticipó el dron de combate. El juego -los nuevos, las variaciones y gustos de los viejos- repasan las líneas de la jerarquía social cuando el empuje de los de abajo amenaza con borrarlas. Toda apelación al fair play y al espíritu olímpico han sido expresiones de políticas del tono con pantalones cortos por oleadas contra obreros, personas no blancas, mujeres y transexuales.
    En el mundo digital, el neoliberalismo ha querido introducir dentro del videojuego una variación del no hay alternativa. La interactividad ha escondido a menudo una acción aún más encerrada por el software que el juego de mesa o al aire libre y ha incorporado hasta tal punto la idea de trabajo después del trabajo, que cuando el diablo nos ha querido instarnos a hacer cosas indeseables, lo ha plagado de píxeles y lo ha llamado ludificación.
    Y sin embargo seguimos jugando. Lo que constituye el juego es un deseo que quiere tocar tierra en ese campo normativizado, pero al mismo tiempo no puede dejar de tensar sus costuras, desafiar lo instituido, buscarle los límites, hacerle trampas, migrar y fundar nuevos juegos cuando todo estaba decidido. Suponemos que les suena esa actitud.
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    Miserias y disfrutes del true crime, con Berta Comas Casas

    18/04/2026 | 57 min
    Quizá no se encuentre en su punto álgido, pero el true crime es un género ya consolidado en nuestro menú cultural y, como tal, una mediación influyente en la manera de vernos y de ver el mundo. En el núcleo de su ascenso, habita una tensión entre el deseo de acercarse a, de discutir, de compartir o incluso de entretenerse con algunas de las conductas humanas más sórdidas y, por otro lado, las implicaciones éticas de todo esto cuando, tras la pantalla, ha existido un sufrimiento real que quizá se atice en cada replay o un estado injusto del mundo que se consolidará con cada visionado. Esta es parte de la discusión que Berta Comas Casas tiene consigo misma en el libro True crime. Una mirada al dolor de las demás (Lengua de Trapo, 2026) y a la que nos incorporamos, junto a ella, en este Pol&Pop.
    El éxito del true crime es el de sus premisas más reduccionistas y escondidas. Ni tan true ni tan crime. Aunque, en sus inicios, el interés del género provenía de su veracidad y aprovechaba la legitimidad de otros géneros, poco comerciales pero pintones, como el documental, la mano se ha ido abriendo a introducir más elementos del thriller o de la industria audiovisual en general y admitir mayores cuotas de ficcionalización de lo real. Como habrán notado alguna vez, esa cosa aburrida de la realidad no se organiza en capítulos ni mucho menos éstos cliffhanguean para que tengas ganas de enchufarte el siguiente. Tampoco los asesinos suelen ser atractivos ni la vida viene envuelta en una locución perfecta. Si hay mucha más creación de la que parece y ésta es artística o expresiva puede tener un pasar porque toda sociedad necesita contarse y componer sus duelos, pero si toda artificiosidad es comercial y vuelve a encajar “lo que ha sucedido” en el canon del male gaze, el dolor de las demás es dinero para los de arriba y patriarcado por doquier.
    Tampoco el crime en cuestión es todo el crime, sino más bien la porción minoritaria de delitos interindividuales de sangre y sexuales graves que sostienen nuestra idea de la utilidad del sistema penal. Con tal monstruosidad sobre la mesa, cómo imaginar otra forma de lidiar con los conflictos sociales o incluso con la pura maldad. La idea de copaganda (https://www.elsaltodiario.com/metropolice/copaganda-vision-policial-se-convierte-sentido-comun), en la traducción que Sergio García e Ignacio Mendiola hacen de la noción de Alyssa Rosemberg, permite pensar cómo nuestro sentido común del mundo se alinea de forma creciente con el policial. Ya comentábamos en el episodio anterior (https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/criptoprofetas-hipermasculinidad-nueva-derecha-paula-c-chang-andrea-g-galarreta) la capacidad occidental de reforzar instituciones -allí era la masculinidad, aquí el propio sistema penal- afirmando su completa decadencia y documentando todos sus fallos. Mucho más extraño sería encontrar una exploración del proceso de salvaje centrada al capitalismo financiero global de los bancos finlandeses a finales de los 1980s, como hace Rosvopankki (Los invencibles) o una mirada sobre los mundos de Celeste, Succession o Industry que no hubiera pasado por los filtros de The Office o de Euphoria.
    Todo ello justifica pensar que el true crime tiene un efecto justificativo del status quo. Entonces ¿por qué seguimos con el tema?, como ya hicimos con Mar García Puig (https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/true-crime-placer-ver-culpables). Este es el centro de la preocupación de Berta Comas, que le permite situar el true crime en el proceso de backlash frente a la expansión de las vidas que ha empujado el feminismo. Como mostró Nerea Barjola (https://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=725382), se trata de un disciplinamiento de la libertad femenina generación tras generación de productos de entretenimiento basados en el terror sexual. Para nosotros la cuestión es si detrás de acercarse a ese entretenimiento no hay también una exploración de la reactividad social ante las nuevas posibilidades de vida, una especie de preparacionismo que interpone un artefacto cultural, una mediación entre el propio deseo y el castigo patriarcal por haber ido demasiado lejos. Y por eso se sigue mirando y en esta tensión lo seguimos discutiendo.
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    Criptoprofetas. Hipermasculinidad y nueva derecha, con Paula C. Chang y Andrea G. Galarreta

    28/03/2026 | 1 h 5 min
    “Los criptos se convirtieron en la imagen de un nuevo tipo de sujeto político y económico, un nodo donde convergen la especulación financiera, el individualismo exacerbado y una masculinidad inquieta y ansiosa de validación”. Esto dejan caer Paula C. Chang y Andrea G. Galarreta entre los términos de su glosario, al inicio de Criptoprofetas. Hipermasculinidad y nueva derecha (Bauplan, 2026). Pero los criptos son un sujeto particular. Uno del tipo mancha de aceite que copa la infoesfera entre sus subespecies de unos poco propietarios, unos muchos bros, una escalera de mentores para convertir a estos en aquellos y un selecto grupo de profetas que anuncian el mundo por venir.

    Si se fían de los criptoprofetas, sepan que ese mundo viene pocho. Se comparte ahí esa inclinación de época por el fin del mundo, que es tema recurrente del podcast (https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/fiesta-del-apocalipsis-natalia-castro-picon;
    https://www.elsaltodiario.com/pol-pop-podcast/ciencia-ficcion-capitalista) pero el abismo al que se asoman, les parecerá curioso, no es la guerra, la extinción de formas de vida en el planeta o el abandono de sociedades al límite de sus fuerzas. El abismo es la pluralidad, que se te lleva subiendo a la chepa desde que alguien empezó a tontear con la tolerancia y acabó por incluirla en la sala de máquinas de una gobernabilidad democrática. Y, por su parte, el mundo que emerge no es el propio de un apocalipsis bonito de primavera. No hay en él ninguna oportunidad de invertir las jerarquías, sino que se anuncia como el último golpe sobre la mesa para plegarlas todas en la mano de la minoría de señores que se han mantenido infranqueables y puros. Mundo aplanado en su punto de colapso, sin presas para el depredador, sin vida para la muerte, sin fuel para el lambo.

    Una propuesta política de este tipo solo puede calificarse como reactiva. Se cierra a cal y canto frente a la vulnerabilidad e incluso frente a la propia idea de construir una intimidad. Frente a una sensación de impotencia que es ubicua para cualquier cuerpo contemporéno, primero reacciona esde el asco, luego desde el odio y finalmente desde la violencia. Todo pop, por supuesto. Fascismo pop. Si de esta máquina de inmunización masiva se sigue algún producto, debe buscarse en el campo de la hipermasculinidad, donde se dobla la apuesta. El problema es que, si la masculinidad de toda la vida ya era una performance -y nos estaba quedando bastante meh-, la hipermasculinidad es una pirotecnica de género unidireccional y potencialmente autolítica que no produce más que la reducción del mundo a uno mismo, sea a escala personal o geopolítica.

    La cuestión es que, fuera de una minoría de criptofamosos y de sus principales acólitos, no debería darse por sentado que la reacción hipermasculina responda a la buena salud de la masculinidad previa, sino más bien al contrario, que sea la ineficacia de los dispositivos masculinistas estándar para lidiar con la incertidumbre y la impotencia contemporáneas la que promueva este salto de calidad. Si de algo sabemos en occidente es, de hecho, de reformar instituciones fallidas redoblando sus lógicas. En todo caso, si esto es así, el sentido de este libro o de estas discusiones no residiría tanto en identificar la contradicción o la fragilidad de las bases de todo este girio a la derecha de lo masculino, sino partir de esa incomodidad ante el presente, abrazar la herida y tomarla como principio -siempre que se tengan fuerzas y cierta seguridad- para una conversación distinta. Animarse.
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Acerca de Pol&Pop
Un podcast donde damos rienda suelta al triángulo de nuestras cosas favoritas: la política, la cultura pop y la actualidad. @podcastpol Política en serio en tiempos de memes, whatsapp y gifs de gatitos. www.polypop.es Twitter: https://twitter.com/podcastpol Telegram: https://t.me/PolAndPop
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