Os hablo desde La Rápita. Me dieron las llaves el viernes y todavía no he procesado del todo lo que ha pasado.
Hace cuatro años, en el primer encuentro de Alternatribu en Ulldecona, me di cuenta de algo que ya escribía en mi novela antes de que ocurriera: que compartir en físico no tiene nada que ver con hacerlo online. Que el calor humano, los abrazos, las charlas hasta tarde, los roces buenos y malos — todo eso transforma. Y que quería crear un espacio donde eso ocurriera de manera continua, no solo en eventos de dos días.
Ese espacio ya tiene nombre: Cal Lliure. En catalán, lliure significa libre. Era mi contraseña de la wifi de la autocaravana desde hace más de un año.
Cal Lliure es una mansión en La Rápita, a dos minutos andando al mar. Siete habitaciones, tres plantas, dos comedores con vistas al mar — que van a ser las salas de coworking —, piscina enorme, sauna, jacuzzi, una pista de tenis de 1.200 metros cuadrados y un espacio de 60 metros para convertir en gimnasio. No es lo que tenía en mente cuando empecé a buscar. Es bastante más.
Pero para llegar hasta aquí he vendido mi mayor fuente de ingresos pasivos. Y lo he hecho con los ojos abiertos.
En este episodio os cuento la historia completa: por qué vendí mi casa en Uvita, qué aprendí del co-living de Costa Rica, cómo pienso abrir Cal Liure a la comunidad este verano — con voluntariado desde el 20 de junio —, y por qué este proyecto no es un negocio. Es el propósito.
Aquí el videotour.
: https://youtu.be/COosBodTsoM?si=pg0bdFOLrtiiUaOD
Míratelo. Vale la pena.
🏡 Cal Lliure abre voluntariado del 20 de junio al 31 de julio. Si quieres venir — seas electricista, jardinero, diseñador o simplemente tengas ganas de estar —, entra en Alternatribu y busca el formulario en la comunidad o contesta cualquier newsletter.
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