Os hablo desde Cal Liura, en medio de la reforma.
Llevamos días currando fuerte, hemos abierto la Biblioteca Cal Liura para libros de crecimiento personal y emprendimiento, y tenemos voluntarios llegando de todos lados. Gracias a todos los que estáis viniendo y apoyando.
Pero hoy quiero hablaros de una reflexión que surgió la noche de San Juan.
Fuimos al pueblo con Paco, uno de los voluntarios, alguien que lleva años viviendo en el monte, casi como un ermitaño, muy consciente de todo — y con Lucía y Jon Ander.
Vermouth, petardos, niños corriendo por el paseo, fuego, caos festivo. Para mí, normal. Para Paco, un exceso de estímulos que observaba desde fuera con una calma muy curiosa.
Al día siguiente me dijo algo que no he podido dejar de pensar: despertar la conciencia — sea en alimentación, en cómo te ganas la vida, en qué te metes en el cuerpo — es como ser el sobrio en una fiesta de borrachos. Todos lo están pasando fenomenal. Nadie se ve borracho. Y el que no bebe simplemente observa y piensa: ¿qué estáis haciendo?
Ese símil me parece cada vez más exacto. Lo veo en la alimentación — en ese Carrefour lleno de carteles, altavoces y 20.000 productos donde es imposible pensar con claridad. Lo veo en el trabajo — en la gente que acopla toda su vida a un empleo que no quiere porque no ha dado el clic. Lo veo en el descanso, en el sedentarismo, en la pantalla antes de dormir.
No lo digo desde la superioridad. Yo también me tomo una cerveza, yo también cojo el móvil de noche sabiendo que no debería. Pero sí hay un punto de no retorno en el que dices: esto no lo quiero. Y ahí empieza todo.
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