Margarita Salas fue una de las científicas españolas más importantes de la historia y una verdadera pionera. De joven, su curiosidad y pasión por el laboratorio la llevaron a trabajar en Estados Unidos con el Premio Nobel Severo Ochoa, a quien ella llamaba su "hada madrina" porque confió plenamente en su talento. Su aventura científica más fascinante consistió en estudiar un virus diminuto llamado Phi29. Al investigar este pequeño virus, Margarita descubrió una proteína especial (la ADN polimerasa) que funciona como una "fotocopiadora" microscópica, permitiendo hacer millones de copias de ADN de forma rápida y sin errores, un invento genial que hoy en día usan los médicos para estudiar enfermedades o la policía para resolver casos. Aunque en sus inicios tuvo que enfrentarse a científicos que no la valoraban por el hecho de ser mujer e incluso la hacían sentir invisible llamándola simplemente "la mujer de Eladio" (su marido), ella nunca se rindió y demostró su enorme valía con mucho esfuerzo. Amaba tanto hacer preguntas y buscar respuestas que siguió yendo a trabajar a su laboratorio, rodeada de sus tubos de ensayo, con la misma ilusión de siempre hasta pasados los 80 años.