Hoy no hablamos de grandes rutas ni de cilindradas absurdas.
Hoy hablamos de infancia, de aprendizaje… y de una caída bien dada.
Te cuento cómo le monté el quad a mi hija, sus primeras vueltas, su primera torta y, sobre todo, por qué la protección marca la diferencia incluso cuando todo parece un simple juego.
Porque antes de ser moteros, fuimos niños.
Y porque aprender a caerse también forma parte del camino.