Si quieres planificar una dieta que te permita perder grasa corporal, es probable que te preguntes qué cosas son las que debes tener en cuenta exactamente.
Evidentemente, tienes que tener un control de tu alimentación. Controlar tu alimentación significa que seas tú quien decida qué comer. Cuando eres el encargado de tus decisiones, se requiere más proactividad por tu parte.
Es como el que lleva un coche: si vas en un autobús o en el coche de un amigo, te puedes dormir si quieres, pero no controlas ni a dónde vas ni cómo vas. Si eres tú el que conduce, no te puedes dormir; tendrás que asegurarte de conducir correctamente y llegar al destino. Es más engorroso, pero tienes más control. Con la alimentación sucede lo mismo: debes elegir tú lo que quieres comer, pero a cambio tienes que seguir algunas reglas.
El mito de la proteína y el marketing de los alimentos enriquecidos
Si hablamos de nutrientes, es necesario empezar por la proteína, que es el macronutriente que todo el mundo tiene en un pedestal. Hoy en día vas al supermercado y todo tiene proteína: yogures, natillas, flanes, galletas… Intentan meterle proteína a los mismos productos de siempre para que creas que ahora son mejores. Pero aunque le pintes los labios a un cerdo, sigue siendo un cerdo. Estos productos siguen siendo opciones de baja calidad.
El marketing hace que veas la palabra «proteína» y pienses que es algo bueno, pero no es ni bueno ni malo. Tu cuerpo lo que necesita son aminoácidos y, a diferencia de lo que se suele pensar, hay aminoácidos en todos los alimentos. Una lechuga tiene aminoácidos (por lo que técnicamente es proteína), pero sería imposible conseguir todos los que necesitas a base de lechuga. Por eso no se considera un alimento proteico.
La realidad es que, sigas la alimentación que sigas, es mucho más fácil que llegues a la cantidad mínima de proteína que necesitas a que no llegues. La supuesta epidemia de escasez de proteína es absurda. En el mundo desarrollado no hay este déficit; la falta de proteína se llama desnutrición, y no es algo que prevalezca en nuestro entorno. Por lo tanto, no es un problema que haya que solucionar con productos enriquecidos.
¿Cuánta proteína necesitas realmente para perder grasa?
La recomendación general de consumo de proteína es de entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso. Sin embargo, usar el peso corporal total como multiplicador es una lotería. Una persona con obesidad tendría unos requisitos enormes solo porque su peso total es elevado, pero tú no necesitas más proteína por tener más grasa corporal.
Lo ideal sería calcular estas cantidades usando el peso magro (sin grasa), pero como calcular el peso magro es relativamente difícil, casi todos los estudios utilizan el peso total. Para solucionar esto y ser más preciso, debes aplicar esos 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de tu peso objetivo (tu peso asumiendo unos niveles de grasa bajos).
De hecho, ni siquiera te hace falta calcular nada porque las cifras finales suelen ser muy estables:
Si eres mujer: debes consumir entre 90 y 120 gramos de proteína al día.
Si eres hombre: debes consumir entre 120 y 150 gramos de proteína al día.
Puedes estructurar esto fácilmente con herramientas como el planificador nutricional gratuito. Si aseguras estos rangos, comprobarás que no necesitas ningún alimento enriquecido, ya que lo difícil es no llegar a esas cifras. Puedes utilizar carnes, pescados, huevos o legumbres, pero recuerda que alimentos como el pan también aportan proteína y todo suma.
Los nutrientes ahorradores de proteína (Protein Sparing Nutrients)
No necesitas tanta proteína como la gente piensa porque en una dieta normal consumes otros nutrientes llamados nutrientes ahorradores de proteína (protein sparing nutrients). Se llaman así porque, al incorporarlos, el cuerpo preserva la proteína para que cumpla sus funciones estructurales y evita que se use como fuente de energía. Estos nutrientes son los carbohidratos y las grasas.
Si alguna vez haciendo ejercicio has notado que tu sudor huele a amoniaco, es porque estabas degradando proteínas para usarlas como energía al hacer dietas absurdas. Tu fuente de energía principal deben ser los carbohidratos o la grasa, no la proteína. Tu dieta debe estar basada mayoritariamente en estos nutrientes ahorradores. Incluso en las dietas cetogénicas, que la gente confunde con dietas hiperproteicas, el 70-80% de la energía proviene de la grasa.
Opción 1: Priorizar los carbohidratos
Favorecer los carbohidratos es una excelente opción en un contexto de pérdida de grasa por dos motivos:
Tienen menos calorías por gramo: Los carbohidratos aportan 4kcal por gramo, mientras que las grasas aportan $9kcal por gramo. Puedes comer el doble de peso en carbohidratos e ingresar menos calorías que con la grasa.
Su almacenamiento es más costoso: Para que los carbohidratos se transformen en grasa corporal, el cuerpo debe realizar un proceso más costoso. En cambio, la grasa dietética (ácidos grasos) se une fácilmente con el glicerol para formar triglicéridos y almacenarse directamente.
Para obtener los carbohidratos necesarios, las frutas y verduras son saludables, pero como necesitas una cantidad relativamente alta para que actúen como ahorradores de proteína, tendrías que comer kilos y kilos de verdura, lo cual no es viable. Por eso entran en juego opciones como el arroz, las patatas, el pan y la pasta, que te dan más carbohidratos por gramo.
Un alimento no es sano ni insano por sí mismo; depende del contexto global de la dieta. Si eres celíaco no debes comer pan porque te hace mal, pero si no lo eres, no le tengas miedo al pan, ni a la pasta, ni al arroz, porque no engordan. Además, se suele decir que «la grasa se quema en la llama de los carbohidratos» porque los necesitas para producir oxalacetato y hacer más eficiente la producción de energía.
Opción 2: Priorizar las grasas
También es perfectamente viable usar la grasa como principal ahorrador de proteína y reducir los carbohidratos. Quienes defienden esta postura argumentan que la grasa contiene ácidos grasos esenciales (Omega 3 y Omega 6) que el cuerpo no puede fabricar, mientras que no existen los carbohidratos esenciales.
Sin embargo, esta es una visión simplista. Para alcanzar los niveles de ácidos grasos esenciales necesitas muy poca cantidad de grasa. Una vez cubierta esa pequeña cantidad, seguir metiendo grasa para llenar el resto de la dieta tiene el mismo sentido que meter carbohidratos.
Si eliges la ruta de la grasa, debes tener en cuenta que las investigaciones dejan claro que un exceso de grasa saturada y colesterol procedente de productos animales sí es un problema. Por ello, para perder grasa, si optas por esta vía es más recomendable priorizar fuentes como:
Semillas
Frutos secos
Aceite de oliva
Aguacate
Cómo ajustar las calorías para generar el déficit calórico
La idea principal es mantener la proteína fija en tu nivel óptimo. Los carbohidratos y las grasas son las palancas que debes tocar para generar un déficit calórico, que es lo único que va a marcar que puedas perder peso. Si te haces un plan y no consigues perder peso, tendrás que bajar las cantidades de carbohidratos o de grasa.
Por eso es fundamental tener un plan de alimentación de referencia. Si no lo tienes, no puedes ajustar nada. Es como un velocista que quiere correr más rápido pero no controla sus tiempos; no tiene forma objetiva de saber si está mejorando. Con la comida pasa igual: si no sabes cuánto estás comiendo, «comer menos» es solo una ilusión.
Regla simple para calcular tus calorías iniciales
Aunque existen muchas fórmulas en internet que te dan un punto de partida, puedes usar esta regla sencilla basada en tu altura en centímetros:
GéneroCálculo de caloríasEjemplo (160 cm / 180 cm)MujeresMultiplicar altura por 8 y 10160 x 8 = 1280 kcal
160 x 10 = 1600 kcalHombresMultiplicar altura por 10 y 12180 x 10 = 1800 kcal
180 x 12 = 2160 kcal
Si eres una mujer que mide 160 cm, tu rango estará entre 1280 y 1600 kcal. Al usar el planificador, te aseguras de que tu dieta se mueva en ese rango calórico, que tu proteína esté entre 90 y 120 gramos, y el resto lo llenas con los carbohidratos o grasas que te dé la gana, eligiendo un lado de la calle o el otro (no vale comer mucha grasa y muchos carbohidratos a la vez). Si la llenas de alimentos que te gusten, será mucho más fácil de cumplir.
La importancia de la estructura y los horarios
A partir de ahí, otra cosa que debes tener en cuenta es hacer cada día el mismo número de comidas y a las mismas horas. El cuerpo se acostumbra a comer en determinados momentos y a no comer en otros.
Si educas a tu cuerpo a comer a las 2 de la tarde, es normal que a partir de la 1 te empiece a dar hambre. Pero si un día comes a las 2, otro a las 3 y otro a la 1, vuelves loco al cuerpo y tendrás hambre siempre porque te falta una estructura. Mantén fijos tus horarios y tu número de comidas.
Toma el asiento del conductor
Con estas pautas tendrás una dieta que tal vez sea peor que la de un nutricionista a nivel objetivo, pero será mucho mejor a nivel subjetivo porque será tu dieta. Si algo no te gusta, podrás cambiarlo porque estarás sentado en el asiento del conductor en lugar de ir de copiloto.
La parte mala es que sentarse en el asiento del conductor implica tomar decisiones y decidir el destino, y no todo el mundo está dispuesto a eso. Es mucho más fácil decir que tienes un metabolismo lento, que has nacido así o que no puedes bajar de peso, en lugar de sentarte una tarde a diseñar una dieta que realmente funcione para ti, hecha por ti. Pero si quieres hacerlo, ya tienes todo lo que necesitas.
Cuida de tu cuerpo y tu cuerpo cuidará de ti.
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