Además de la desquiciada economía mundial por efecto de la guerra de Trump, en México hay un problema de clima. Los recortes franciscanos se ven claro entre los maestros, los agricultores, los transportistas, los trabajadores del metro. Ahí es donde se refleja ese humor social. Y aunque hay dos virajes claros en materia de inversión --aceptar lo que la presidenta evita llamar fracking y la rectificación de la coinversión privada en electricidad-- hay otro problema: el hecho de que la herencia del sexenio pasado nos habla de que la capacidad técnica y operativa de este gobierno, como el anterior, deja mucho que desear.
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