Compañeros, el karma no existe.
Eso ya lo sabemos. No llega, no toma nota y no reparte castigos con justicia poética. En las empresas, como en la vida, lo que existe es otra cosa bastante menos glamurosa y bastante más útil. Existe la responsabilidad. Existe el criterio. Y existe, sobre todo, la necesidad de poner orden cuando alguien se pasa de listo.
Karma es una compañera de la oficina de Barcelona para estos temas.
Y aquí viene bien acordarse de aquel capítulo, el de los trepas y el principio de Peter, esa derivada tan mala de subir, subir y subir hasta que el propio puesto te queda grande y empiezan los problemas de verdad. Porque el trepa no suele caer con estruendo. No, hombre. Primero manipula. Luego se coloca. Después se protege. Y si hace falta, te sonríe mientras te deja vendido. Esa es la clase de mierda fina que no siempre entra por la puerta de lo que la ley define de forma directa, pero que en una organización seria tampoco se puede dejar pasar como si nada.