No queríamos un final a la altura de la temporada (porque ha sido paupérrima), así que intentamos traer a algún invitado guay. Pero dos de ellos se nos han caído dos invitados y el plan C ni siquiera ha contestado a nuestra invitación. No nos ha quedado más remedio que despedirnos con un episodio absolutamente ordinario y mediocre, en el que aprovechamos para quejarnos de lo duro que es ser podcasters: tener que coger todos los sábados el único bus que hay (a las 8:45 am) para ir a grabar mientras desayunas pipas. Más aún hoy que, por si no se nota, estamos de resaca.