En la Navidad celebramos la encarnación del Señor, su venida en la humildad de la carne, que no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad que se actualiza y anticipa su venida en la gloria. Jesús tiene tres venidas: en la carne, en la Eucaristía y en la gloria final; y tres nacimientos: eterno en el seno del Padre, en nuestra carne y en nosotros, cuando nacemos en Él. La Navidad no se limita al nacimiento histórico, sino que anuncia la plenitud de la humanidad de Cristo, que muere y resucita para incorporarnos a su cuerpo, la Iglesia, cuerpo de la resurrección. Así, cada Navidad celebramos que estamos más cerca de la gloria de Dios, acogiendo la gracia para que Cristo nazca en nuestro corazón, nos transfigure y nos impulse a mirar más allá, hacia la promesa de la vida plena en Él.