Antes de que la arquitectura hablara de algoritmos, datos, mundos virtuales o cuerpos híbridos, Marcos Novak ya estaba ahí. Pensando una arquitectura que no se construye, sino que se navega. Que no se dibuja, sino que se programa. Que no habita el espacio físico, sino el espacio mental, digital y cultural.
Este episodio no es un homenaje ni una clase de historia. Es una revisión incómoda.
De cómo Novak anticipó buena parte de los debates actuales sobre arquitectura digital, virtualidad, ciberespacio e identidad.
De cómo su idea de arquitectura líquida sigue siendo más radical hoy que muchas propuestas contemporáneas que se venden como “innovadoras”.
Hablamos de mundos que no existen, pero influyen.
De espacios que no se construyen, pero se experimentan.
Y de por qué seguimos sin saber muy bien qué hacer con un pensamiento que se adelantó demasiado a su tiempo.
Porque a veces el problema no es que una idea sea incorrecta.
Es que llega demasiado pronto.