Hay supermercados donde vas a por leche y pan, y sales con una lección de sociología aplicada a jornada partida. Esta tarde me ha pasado en el Eroski del Puente de la Baskonia, en Basauri, uno de mis sitios favoritos para hacer la compra, con cajera, cinta, código de barras y una disculpa completamente absurda. Una trabajadora que me pide perdón por dedicar veinte segundos a ayudar a otra clienta, como si su tiempo valiera menos que el mío, y una conversación sobre horarios, vidas partidas y relojes que nunca cuadran, mientras pasan por el escáner el pan de molde y los yogures. Hoy en Bala Extra, más que un análisis, traigo una pequeña historia de caja: lo que puede pasar cuando en un Eroski de barrio alguien se para a hablar, aunque sea veinte segundos, de a quién pertenece realmente su tiempo.
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