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Guiones y guionistas

David Esteban Cubero
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    791. 10 aprendizajes para guionistas de Annie Hall

    07/07/2026 | 14 min
    El artículo 791. 10 aprendizajes para guionistas de Annie Hall se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.

    ¿Qué puede enseñarle una comedia romántica de 1977 a un guionista de 2026? Muchísimo. En este episodio analizamos Annie Hall, una de las películas más influyentes de la historia del cine, para descubrir diez lecciones de guion que siguen siendo igual de útiles hoy que hace casi cincuenta años. Hablaremos de estructuras no lineales, narradores poco fiables, conflictos internos, personajes secundarios, recursos visuales y de cómo la forma de una historia puede convertirse en una expresión de su tema. Un recorrido por una obra que revolucionó la narrativa cinematográfica y que sigue siendo una fuente inagotable de aprendizaje para cualquier persona que quiera escribir mejores historias.

    En la Academia Guiones y Guionistas, informaros de que ya está subida la masterclass completa sobre las Ayudas ICAA en la sección de Writers´Room. Dos partes: todo lo que falló en la convocatoria de 2025 y los errores que dejaron fuera a cientos de proyectos antes de que nadie los leyera, y las novedades de 2026 documento a documento, con foco en lo que más cuesta resolver, los personajes y la memoria explicativa. La tienes disponible en el Nivel Pro de la Academia para verla cuando quieras. Si te vas a presentar este año, es justo lo que necesitas para tener el dosier preparado.

    Hay películas que envejecen y películas que se convierten en manuales de guion disfrazados de entretenimiento. Annie Hall pertenece a esta segunda categoría. Estrenada en 1977, ganó cuatro premios Óscar, incluido el de Mejor Película, pero su verdadera influencia no está en las estatuillas, sino en la forma en que cambió la manera de contar historias. Lo que en aquel momento parecía una colección de experimentos narrativos hoy sigue sintiéndose fresco, moderno y sorprendente.

    La película cuenta la historia de la relación entre Alvy Singer y Annie Hall, pero lo hace de una forma completamente diferente a la habitual. No sigue una estructura cronológica tradicional, mezcla realidad y recuerdos, rompe la cuarta pared, juega con la fantasía y convierte las inseguridades del protagonista en parte del lenguaje cinematográfico. Y precisamente ahí están muchas de las lecciones que todavía pueden aprender los guionistas.

    Veamos diez enseñanzas que podemos extraer de esta obra maestra.

    1. La historia no tiene que contarse en orden cronológico

    La mayoría de los guionistas principiantes tienden a contar una historia siguiendo el orden natural de los acontecimientos: primero ocurre una cosa, luego otra y después una tercera. Annie Hall demuestra que ese no siempre es el camino más eficaz. La película comienza con la ruptura de la pareja y, desde ese punto, Alvy reconstruye fragmentos de la relación intentando entender qué salió mal.

    Este enfoque convierte la película en una investigación emocional más que en una simple narración de hechos. Cada escena aparece cuando es necesaria para iluminar una idea, una emoción o un conflicto. El resultado es que el espectador no sigue una línea temporal, sino un proceso mental.

    Como guionistas, esto nos recuerda que la pregunta importante no es “¿qué ocurrió primero?”, sino “¿cuándo necesita el espectador conocer esta información?”.

    2. El narrador puede convertirse en personaje

    Desde los primeros minutos, Alvy Singer habla directamente a cámara. No es una voz en off neutra que explica la historia desde fuera. Es un personaje que opina, interpreta, juzga y, en ocasiones, intenta convencernos de su versión de los hechos.

    Esto genera una relación muy especial con el espectador. Sentimos que estamos escuchando una confesión íntima. Pero al mismo tiempo surge una duda interesante: ¿podemos confiar completamente en lo que nos cuenta?

    La película nos enseña que un narrador no tiene por qué ser objetivo. De hecho, muchas veces resulta más interesante cuando es parcial, contradictorio o incluso poco fiable.

    3. Los recuerdos son una herramienta narrativa

    Alvy no está reconstruyendo una biografía exacta de su relación con Annie. Está reconstruyendo sus recuerdos. Y los recuerdos nunca son objetivos.

    Por eso la película se permite regresar al pasado, modificar perspectivas o detenerse en momentos aparentemente insignificantes que, sin embargo, tienen una enorme carga emocional para el protagonista. No estamos viendo una relación. Estamos viendo cómo una persona recuerda esa relación.

    Para los guionistas, esta es una herramienta muy poderosa. Cuando una historia se cuenta desde la memoria, no importa tanto la precisión de los hechos como la verdad emocional que contienen.

    4. La comedia puede hablar de temas profundos

    Una de las razones por las que Annie Hall sigue funcionando es que nunca utiliza la comedia como simple entretenimiento. Detrás de los chistes encontramos cuestiones muy humanas: el miedo a la muerte, la inseguridad, la soledad, la incapacidad para conectar con otras personas y el temor a perder aquello que amamos.

    El humor se convierte en una forma de abordar temas que, contados de manera solemne, podrían resultar pesados o demasiado evidentes. Nos reímos, pero mientras nos reímos estamos reflexionando sobre cuestiones bastante incómodas.

    La lección es clara: la comedia no tiene por qué evitar la profundidad. Muchas veces es precisamente el vehículo que permite alcanzarla.

    5. Los personajes secundarios pueden definir al protagonista

    Los secundarios de Annie Hall cumplen una función muy concreta. No están ahí únicamente para ayudar a mover la trama. Cada uno revela algo sobre Alvy.

    Su familia, los amigos de Annie, sus parejas anteriores e incluso personajes que aparecen apenas unos minutos sirven para mostrar distintas facetas de su personalidad. Gracias a ellos entendemos mejor sus miedos, sus obsesiones y sus contradicciones.

    Cuando diseñamos personajes secundarios, conviene preguntarse qué aspecto del protagonista están ayudando a revelar. Si la respuesta es “ninguno”, quizá ese personaje necesite una función más clara.

    6. Enseña las emociones mediante recursos visuales

    Hay una escena famosa en la que aparecen subtítulos mostrando lo que realmente piensan Alvy y Annie mientras mantienen una conversación aparentemente normal. Lo que dicen y lo que piensan son dos cosas completamente distintas.

    La secuencia funciona porque utiliza un recurso puramente cinematográfico para mostrar una verdad emocional. En lugar de explicarnos las inseguridades de los personajes mediante largos diálogos, la película las convierte en imágenes.

    Los guionistas solemos buscar soluciones verbales para problemas dramáticos. Annie Hall nos recuerda que muchas veces la mejor solución es visual.

    7. Romper la cuarta pared funciona si tiene una función dramática

    Hoy estamos acostumbrados a personajes que hablan directamente al público, pero en 1977 aquello resultaba mucho más rompedor. Sin embargo, la película no utiliza este recurso únicamente para llamar la atención.

    Cada vez que Alvy se dirige al espectador, lo hace para compartir una reflexión, ofrecer contexto o mostrarnos cómo interpreta una situación. La ruptura de la cuarta pared no es un adorno. Es una herramienta para profundizar en el personaje.

    Esta es una lección importante para cualquier innovación formal. No basta con que sea original. Debe servir a la historia.

    8. El conflicto más importante puede ser interno

    Si observamos la película desde una perspectiva clásica, encontramos algo curioso: no existe un gran antagonista. Nadie intenta impedir que Alvy y Annie sean felices. No hay una amenaza externa poderosa.

    El principal obstáculo es el propio Alvy. Sus inseguridades, sus celos, su necesidad constante de analizarlo todo y su dificultad para disfrutar del presente terminan erosionando la relación.

    Muchos guionistas buscan conflictos cada vez más grandes y espectaculares. Annie Hall demuestra que los conflictos internos pueden resultar igual o incluso más poderosos.

    9. Una historia de amor no necesita terminar bien para ser satisfactoria

    Hollywood nos ha acostumbrado a pensar que las historias románticas terminan con una reconciliación o con una unión definitiva. Annie Hall toma otro camino.

    La relación fracasa. Los protagonistas se separan. Y, sin embargo, el final resulta profundamente satisfactorio. ¿Por qué? Porque la película no trata realmente sobre conseguir una pareja. Trata sobre comprender una experiencia.

    El espectador no sale del cine pensando en si terminaron juntos o separados. Sale pensando en todo lo que significó esa relación para ambos personajes.

    A veces una historia puede ser emocionalmente completa aunque los personajes no obtengan lo que deseaban.

    10. La forma puede expresar el tema

    Quizá la lección más importante de todas sea esta. La estructura fragmentada de la película, sus saltos temporales, sus fantasías y sus rupturas narrativas no son simples experimentos creativos.

    Todo ello refleja exactamente el tema central de la obra: la memoria. Cuando recordamos una relación pasada, no lo hacemos de forma cronológica. Saltamos de un momento a otro, mezclamos emociones, exageramos algunos recuerdos y olvidamos otros.

    La película adopta la forma misma de la memoria. Y por eso resulta tan coherente y tan poderosa.

    Como guionistas, deberíamos preguntarnos más a menudo si la estructura que hemos elegido expresa realmente el tema de nuestra historia.

     

    Lo fascinante de Annie Hall es que muchas de sus innovaciones siguen pareciendo modernas décadas después de su estreno. No porque rompiera las reglas por capricho, sino porque cada decisión formal nacía de una necesidad narrativa.

    La película nos recuerda algo esencial: la técnica, la estructura y los recursos narrativos no son fines en sí mismos. Son herramientas para transmitir emociones y significado. Y cuando forma y contenido trabajan juntos, el resultado puede sobrevivir al paso del tiempo.

    Por eso Annie Hall no es solo una gran película. Es una de las mejores clases de guion que un escritor puede recibir sin darse cuenta.

    El artículo 791. 10 aprendizajes para guionistas de Annie Hall se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.
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    790. Cómo escribir terror liminal: lecciones de los Backrooms para guionistas

    30/06/2026 | 12 min
    El artículo 790. Cómo escribir terror liminal: lecciones de los Backrooms para guionistas se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.

    Cuando aparecieron los Backrooms en internet, muchos guionistas tuvieron la misma reacción: «Esto es inquietante, pero ¿dónde está la historia?». Y esa pregunta encierra precisamente la gran lección del terror liminal. Crear una atmósfera inquietante es relativamente sencillo. Crear una película que mantenga el interés durante noventa minutos es mucho más complicado. Los Backrooms son un caso de estudio fascinante porque nos permiten analizar la diferencia entre una idea poderosa y una historia sólida. En este episodio vamos a explorar cómo funciona el terror liminal desde el punto de vista narrativo y qué herramientas pueden utilizar los guionistas para transformar una sensación de inquietud en una película capaz de atrapar al espectador.

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    Y recordarte también que, si estás pensando en escribir un guion de terror, escribí un libro que te enseña cómo hacerlo. Se llama “Escribir el miedo, el guion en el cine de terror” y puedes encontrarlo en Amazon. Subgéneros, personajes, ambientaciones… lo cuento todo.

    La gran paradoja del terror liminal

    El terror liminal vive de una contradicción. Cuanto menos explicas, más inquietante resulta. Pero cuanto menos explicas, más difícil es construir una historia. Esa es la paradoja que cualquier guionista debe resolver cuando trabaja con este tipo de material.

    Una fotografía de los Backrooms funciona porque no necesita responder preguntas. Su objetivo es provocar una emoción inmediata. Una película, en cambio, necesita sostener el interés durante mucho más tiempo. El espectador no solo quiere experimentar una sensación; quiere seguir a alguien, comprender sus decisiones y descubrir qué ocurre después.

    Muchos proyectos de terror liminal fracasan porque confunden atmósfera con narrativa. Diseñan escenarios fascinantes, pero olvidan que una película es una sucesión de decisiones tomadas por personajes bajo presión. Un pasillo infinito puede ser inquietante durante cinco minutos. Después necesitamos algo más.

    La clave consiste en entender que la atmósfera es una herramienta narrativa, no un sustituto de la narrativa. El espacio debe generar conflicto, no reemplazarlo.

    El espacio como protagonista

    En la mayoría de las historias, el escenario es el lugar donde ocurre la acción. En el terror liminal, el escenario se convierte en parte activa de la historia.

    Los Backrooms son un buen ejemplo. El antagonista no es necesariamente una criatura. El antagonista es el propio entorno. El laberinto. La imposibilidad de orientarse. La repetición constante. La sensación de que las reglas de la realidad han dejado de funcionar.

    Esto obliga al guionista a pensar el espacio de una forma diferente. Cada habitación, cada pasillo y cada puerta deben aportar algo al conflicto. No basta con ser inquietantes visualmente. Deben poner obstáculos al protagonista, aumentar la incertidumbre o generar nuevas preguntas.

    En cierto modo, el espacio cumple una función similar a la que desempeña el tiburón en Tiburón o el xenomorfo en Alien. La diferencia es que aquí el enemigo no tiene forma física. Es el propio mundo quien se enfrenta al personaje.

    Anatomía de una escena liminal

    Las mejores escenas de terror liminal suelen compartir varios elementos.

    El primero es la familiaridad. El espectador debe reconocer el espacio de inmediato. Una oficina, un hotel, una escuela o una estación de servicio funcionan porque forman parte de nuestra experiencia cotidiana.

    El segundo elemento es la anomalía. Algo parece ligeramente incorrecto. No hace falta que sea espectacular. De hecho, cuanto más sutil sea, mejor suele funcionar. Una puerta que conduce siempre al mismo sitio. Un reloj detenido. Una música ambiental que no deja de sonar.

    El tercer elemento es la ausencia. Falta alguien. Falta algo. El espacio parece haber sido abandonado hace apenas unos minutos. Las huellas de la actividad humana siguen presentes, pero las personas han desaparecido.

    Por último, está la incertidumbre. El espectador no comprende completamente qué ocurre. Esa falta de respuestas obliga a participar activamente en la experiencia, completando los huecos con su propia imaginación.

    Cómo crear desorientación en el espectador

    Una de las herramientas más poderosas del terror liminal es la pérdida de orientación.

    Los seres humanos necesitamos comprender el espacio que habitamos. Saber dónde estamos y cómo llegar a nuestro destino. Cuando esa capacidad desaparece, aparece una sensación de vulnerabilidad muy profunda.

    Por eso funcionan tan bien los espacios imposibles. Pasillos que parecen repetirse infinitamente. Habitaciones que cambian de tamaño. Escaleras que conducen siempre al mismo lugar. Puertas que alteran la geografía del entorno.

    También es útil manipular el tiempo. Los personajes dejan de saber cuánto tiempo llevan allí. No distinguen el día de la noche. Los relojes dejan de ser fiables. Las referencias temporales desaparecen.

    El objetivo no es confundir al espectador de manera arbitraria. El objetivo es hacerle compartir la experiencia emocional del protagonista. La desorientación debe tener una función dramática, no convertirse en un simple truco visual.

    El misterio como motor narrativo

    Los Backrooms funcionan porque plantean preguntas irresistibles.

    ¿Dónde estoy?

    ¿Cómo he llegado aquí?

    ¿Existe una salida?

    ¿Hay alguien más?

    Estas preguntas generan curiosidad. Y la curiosidad es una de las fuerzas más poderosas de la narrativa.

    Sin embargo, muchos guionistas cometen un error frecuente: creen que mantener el misterio consiste en ocultar toda la información posible. En realidad, ocurre lo contrario. El misterio funciona cuando el espectador recibe respuestas parciales que generan nuevas preguntas.

    Cada descubrimiento debe abrir una puerta en lugar de cerrarla. El personaje encuentra una pista, comprende una pequeña parte del funcionamiento del lugar y, al mismo tiempo, descubre que el problema es más complejo de lo que parecía.

    El misterio no consiste en retrasar las respuestas. Consiste en administrar la información de forma que la curiosidad nunca desaparezca.

    El error que cometen muchos proyectos inspirados en los Backrooms

    Uno de los problemas más frecuentes en este tipo de historias es la pasividad del protagonista.

    El personaje entra en el espacio extraño y se limita a explorarlo. Camina por pasillos. Observa habitaciones. Descubre anomalías. Pero realmente no hace nada.

    El problema es que explorar no es una acción dramática suficiente para sostener una película completa. Una historia necesita objetivos. Necesita decisiones. Necesita consecuencias.

    Cuando un personaje simplemente reacciona a lo que encuentra, la trama corre el riesgo de convertirse en una sucesión de escenas atmosféricas sin progresión real.

    Por eso resulta tan importante que el protagonista tenga una meta clara. Escapar. Encontrar a alguien. Recuperar algo perdido. Descubrir una verdad. Lo que sea. Pero necesita una dirección dramática que impulse la historia hacia adelante.

    Qué necesita una película de terror liminal para funcionar

    Detrás de toda buena película de terror suele esconderse un conflicto humano reconocible. El terror liminal no es una excepción.

    El protagonista debe llegar a la historia con una herida emocional. Una pérdida, una culpa, un miedo o una necesidad no resuelta. El espacio liminal se convierte entonces en una manifestación física de ese conflicto interior.

    Pensemos en un personaje incapaz de aceptar una pérdida. El laberinto podría representar su incapacidad para avanzar. Un personaje obsesionado con controlar su vida podría enfrentarse a un entorno donde ninguna regla permanece estable.

    Cuando el conflicto emocional y el espacio liminal trabajan juntos, la historia adquiere profundidad. El escenario deja de ser una simple curiosidad visual y se convierte en una extensión del tema central de la película.

    La pregunta ya no es únicamente cómo salir del lugar. La pregunta es qué necesita aprender el personaje para poder salir.

    Casos prácticos para guionistas

    Si analizamos El resplandor descubrimos que el hotel Overlook funciona como una extensión de la mente de Jack Torrance. Cuanto más se deteriora psicológicamente el personaje, más inquietante se vuelve el espacio.

    En Skinamarink encontramos una apuesta radical: la atmósfera prácticamente sustituye a la trama tradicional. La película demuestra hasta dónde puede llegar el terror liminal cuando se lleva al extremo.

    La serie Severance ofrece una lección diferente. Sus pasillos infinitos y oficinas despersonalizadas no solo crean atmósfera. Refuerzan constantemente el tema de la identidad fragmentada y la alienación laboral.

    Y los propios Backrooms nos enseñan algo fundamental: una imagen poderosa puede generar un universo entero. Pero transformar ese universo en una historia requiere algo más que una buena idea visual.

    Cinco ejercicios para entrenar el terror liminal

    Un ejercicio sencillo consiste en escribir una escena ambientada en un supermercado vacío. Todo parece normal excepto por un detalle que nunca se explica. Quizá la megafonía sigue funcionando. Quizá los productos cambian de sitio cuando nadie mira.

    Otro ejercicio consiste en situar al personaje en un hotel aparentemente desierto. Las habitaciones muestran señales recientes de actividad, pero nunca aparece ningún huésped.

    También puedes trabajar con la repetición. Diseña una oficina donde todas las puertas conduzcan a oficinas idénticas. Cada vez que el protagonista cree avanzar, descubre que sigue atrapado en el mismo lugar.

    Un cuarto ejercicio consiste en alterar el tiempo. El personaje entra en una estación de tren y descubre que todos los relojes marcan horas distintas. Nadie parece considerarlo extraño.

    Y, por último, prueba a escribir una escena donde el protagonista nunca llega a ver la amenaza. Todo el miedo debe surgir del espacio y de las pequeñas anomalías que va descubriendo.

    La narrativa liminal

    Muchos guionistas creen que el terror liminal consiste en diseñar espacios extraños. En realidad, consiste en diseñar experiencias emocionales. Los pasillos infinitos, las oficinas vacías y los hoteles abandonados son solo herramientas.

    Lo que realmente importa es lo que esos espacios representan para los personajes. El miedo no nace del escenario en sí, sino del conflicto humano que ese escenario amplifica.

    Por eso la gran lección de los Backrooms no tiene que ver con la arquitectura ni con la estética. Tiene que ver con la narrativa. Una atmósfera puede captar nuestra atención. Un misterio puede despertar nuestra curiosidad. Pero lo que nos mantiene pegados a la pantalla sigue siendo lo mismo de siempre: un personaje que lucha por conseguir algo importante.

    Y quizá ahí resida el secreto del mejor terror liminal. En comprender que el verdadero laberinto nunca es el edificio. El verdadero laberinto está dentro del protagonista.

    El artículo 790. Cómo escribir terror liminal: lecciones de los Backrooms para guionistas se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.
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    789. Backrooms y el terror liminal: por qué nos asustan los lugares vacíos

    26/06/2026 | 9 min
    El artículo 789. Backrooms y el terror liminal: por qué nos asustan los lugares vacíos se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.

    Hace unos años, una fotografía aparentemente insignificante comenzó a circular por internet. Mostraba una serie de habitaciones vacías, iluminadas por fluorescentes amarillentos, con moqueta desgastada y paredes anodinas. No había monstruos, sangre ni elementos sobrenaturales. Sin embargo, miles de personas coincidieron en que aquella imagen les producía una inquietud difícil de explicar. De esa fotografía nació el fenómeno de los Backrooms, un universo narrativo que acabaría expandiéndose a través de foros, videojuegos, cortometrajes virales y, finalmente, una película. Pero lo más interesante de este fenómeno no es su historia, sino el tipo de miedo que despierta. Un miedo que tiene nombre: terror liminal. En este episodio vamos a descubrir qué significa realmente ese concepto y por qué unos simples pasillos vacíos pueden resultar más aterradores que muchos monstruos del cine de terror tradicional.

    Y en la Academia Guiones y guionistas informaros que ya está subida la masterclass completa sobre las Ayudas ICAA en la sección de Writers´Room. Dos partes: todo lo que falló en la convocatoria de 2025 y los errores que dejaron fuera a cientos de proyectos antes de que nadie los leyera, y las novedades de 2026 documento a documento, con foco en lo que más cuesta resolver, los personajes y la memoria explicativa. La tienes disponible en el Nivel Pro de la Academia para verla cuando quieras. Si te vas a presentar este año, es justo lo que necesitas para llegar a julio con el dosier preparado.

    Y recordarte también que, si estás pensando en escribir un guion de terror, escribí un libro que te enseña cómo hacerlo. Se llama “Escribir el miedo, el guion en el cine de terror” y puedes encontrarlo en Amazon. Subgéneros, personajes, ambientaciones… lo cuento todo.

    1. ¿Qué significa “liminal”?

    La palabra liminal procede del latín limen, que significa umbral. El término fue utilizado inicialmente por antropólogos para describir esos momentos de transición en los que una persona deja atrás una situación, pero todavía no ha llegado a la siguiente. Es un estado intermedio. No eres lo que eras, pero tampoco eres aún lo que vas a ser.

    Con el tiempo, esta idea comenzó a aplicarse también a los espacios físicos. Un pasillo es un lugar de paso. Una escalera conecta dos plantas. Una estación conecta dos destinos. Son espacios diseñados para la transición. No están pensados para permanecer en ellos. Su función es llevarnos a otro lugar.

    Precisamente por eso resultan tan inquietantes cuando aparecen vacíos o descontextualizados. Nuestro cerebro entiende perfectamente para qué sirven esos lugares. Cuando los ve desprovistos de personas o de actividad, detecta una anomalía. Algo parece correcto y extraño al mismo tiempo. Y esa contradicción es el corazón del terror liminal.

    2. El nacimiento de los Backrooms

    El fenómeno de los Backrooms nació oficialmente en internet en 2019. Todo comenzó cuando alguien publicó una fotografía de unas oficinas vacías acompañada de un breve texto. La idea era sencilla: si alguna vez te sales accidentalmente de la realidad, podrías acabar atrapado en ese lugar infinito.

    La descripción era extremadamente breve, pero contenía todos los elementos necesarios para activar la imaginación. Habitaciones repetidas hasta el infinito. Un zumbido constante de luces fluorescentes. Ausencia total de personas. Y la sospecha de que quizá no estás completamente solo.

    Lo interesante es que los Backrooms no fueron creados por un único autor. Miles de usuarios comenzaron a ampliar la historia, añadiendo niveles, criaturas, teorías y reglas. Se convirtió en una especie de mitología colectiva construida entre desconocidos. Cada persona añadía una nueva capa al laberinto.

    Con el paso de los años, aquel simple creepypasta se transformó en videojuegos, vídeos virales y producciones audiovisuales. Lo que empezó como una imagen inquietante acabó convirtiéndose en uno de los fenómenos de terror más influyentes de la cultura digital contemporánea.

    3. ¿Por qué nos producen miedo?

    La pregunta más fascinante es por qué una simple oficina vacía puede resultar más perturbadora que un monstruo.

    La respuesta tiene mucho que ver con el funcionamiento de nuestro cerebro. Somos expertos en reconocer patrones. Sabemos cómo debería verse una escuela, un hotel o un centro comercial. Cuando esos lugares aparecen vacíos o alterados, nuestro cerebro interpreta que algo no funciona correctamente.

    Esta sensación está relacionada con un concepto clásico de la psicología conocido como lo inquietante o lo siniestro. Lo inquietante no es aquello que desconocemos por completo. Es aquello que nos resulta familiar pero que, de repente, se vuelve extraño.

    Una habitación vacía no debería dar miedo. Un pasillo tampoco. Sin embargo, cuando parecen existir fuera de su contexto habitual, comienzan a generar una sensación difícil de describir. Es como entrar en un sueño donde todo parece normal y extraño al mismo tiempo.

    Además, los espacios liminales activan otro miedo muy profundo: el miedo a la ausencia. No nos preguntamos qué hay allí. Nos preguntamos por qué no hay nadie. Y cuando el cerebro no encuentra una explicación, comienza a inventarla.

    4. Los espacios liminales que todos conocemos

    Una de las razones por las que el terror liminal funciona tan bien es que no necesita lugares fantásticos. Utiliza espacios que todos hemos visitado alguna vez.

    Un aeropuerto de madrugada es un ejemplo perfecto. Durante el día está lleno de viajeros, anuncios y movimiento constante. Pero a ciertas horas puede parecer un escenario abandonado. Sigue siendo el mismo lugar, pero transmite una sensación completamente diferente.

    Lo mismo ocurre con las escuelas durante las vacaciones. Estamos acostumbrados a asociarlas con ruido, estudiantes y actividad. Cuando aparecen vacías, adquieren una cualidad extraña, como si hubieran quedado congeladas en el tiempo.

    También sucede con los hoteles fuera de temporada, los centros comerciales cerrados o las oficinas durante el fin de semana. Son lugares construidos para estar llenos de personas. Cuando esas personas desaparecen, el espacio pierde parte de su significado.

    Quizá por eso tantas fotografías liminales producen nostalgia además de miedo. Nos recuerdan lugares que conocemos, pero nos los muestran desde una perspectiva completamente nueva.

    5. El terror liminal antes de los Backrooms

    Aunque el término es reciente, el cine llevaba décadas explorando estas sensaciones.

    Uno de los ejemplos más conocidos es El resplandor. El hotel Overlook no da miedo únicamente por los fantasmas. Da miedo porque parece existir fuera de la lógica normal del espacio. Sus pasillos interminables y sus habitaciones vacías generan inquietud incluso cuando no ocurre nada sobrenatural.

    Otro maestro de esta sensación fue David Lynch. En muchas de sus obras, especialmente en Twin Peaks, los espacios cotidianos parecen ligeramente desplazados de la realidad. Una cafetería, una habitación de hotel o una carretera nocturna pueden convertirse en lugares profundamente inquietantes.

    Más recientemente encontramos ejemplos como Skinamarink, que lleva el concepto liminal al extremo, o la serie Severance, donde los espacios de oficina se transforman en un laberinto psicológico.

    Todos estos ejemplos demuestran que el terror liminal existía mucho antes de que internet le pusiera nombre.

    6. ¿Qué nos dice este fenómeno sobre nuestra época?

    Los monstruos cambian con cada generación. En los años cincuenta reflejaban el miedo nuclear. En los setenta aparecieron los asesinos en serie. En los noventa proliferaron los fantasmas y las maldiciones.

    Quizá el terror liminal sea el monstruo de nuestra época.

    Vivimos rodeados de espacios impersonales. Aeropuertos, centros comerciales, cadenas hoteleras, oficinas idénticas en cualquier parte del mundo. Son lugares que utilizamos constantemente, pero con los que rara vez desarrollamos una conexión emocional.

    Al mismo tiempo, muchas personas experimentan una sensación creciente de desorientación. Cambios tecnológicos acelerados, incertidumbre económica y transformación constante de nuestras formas de relacionarnos. Los Backrooms parecen capturar esa ansiedad colectiva.

    No es casualidad que hayan surgido precisamente en internet. Son una metáfora perfecta de la sensación de estar perdido en un espacio infinito donde siempre parece haber una salida, pero nunca terminas de encontrarla.

    Atrapados sin sentido

    Cuando pensamos en los Backrooms, es fácil imaginar criaturas ocultas en los pasillos o presencias acechando en la oscuridad. Sin embargo, el verdadero terror de este universo no está ahí.

    Lo que realmente nos inquieta es la sensación de estar atrapados en un lugar que debería tener sentido y no lo tiene. Un espacio que parece familiar, pero que se ha vaciado de todo aquello que lo hacía comprensible.

    Quizá por eso el terror liminal resulta tan efectivo. Porque no habla de monstruos. Habla de nosotros. De nuestra necesidad de orientación, de pertenencia y de significado.

    Y cuando esas certezas desaparecen, un simple pasillo iluminado por fluorescentes puede convertirse en una de las pesadillas más inquietantes del siglo XXI.

    El artículo 789. Backrooms y el terror liminal: por qué nos asustan los lugares vacíos se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.
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    788. 11 Novedades de la convocatoria ICAA 2026

    16/06/2026 | 15 min
    El artículo 788. 11 Novedades de la convocatoria ICAA 2026  se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.

    Hoy toca hablar de dinero. De 30.000 euros que el Estado español pone encima de la mesa para que escribas tu guion, de una convocatoria que este año llega con cambios importantes —algunos que te pueden pillar desprevenido—, y de ciertas prácticas que ocurren en el sector y que la asociación de guionistas ALMA ha decidido, por fin, nombrar en voz alta. En los próximos minutos te cuento qué ha cambiado en la convocatoria ICAA 2026 y qué deberías saber antes de que alguien te proponga algo que suena bien pero no lo es.

    En la Academia Guiones y guionistas tenemos una masterclass nueva: “El One-Pager de Guion” con la que aprenderemos a condensar una idea de película o serie en una sola página clara, atractiva y persuasiva. Es una herramienta clave para vender un proyecto cuando tienes que conseguir llamar la atención en poco tiempo. Ya está disponible para los suscriptores de los niveles Crecimiento o Profesional de la Academia. 

     

    Y hay algunos guionistas que me están preguntando si este año voy a hacer consultorías sobre las Ayudas del ICAA. Sí, ya las estoy haciendo. Si quieres una, me escribes a davidestebancubero@gmail.com y te digo cómo. Pero hazlo cuanto antes porque ya estoy agendando muchas y todavía tengo que hacer las de los que hicieron el taller de preparación a las Ayudas. Avisado quedas.

    PARTE 1 — LAS NOVEDADES DE LA CONVOCATORIA ICAA 2026

    Ya está publicada la convocatoria 2026 del ICAA para ayudas a la escritura de guiones de largometraje. Y tiene cambios. Cambios que afectan directamente a cómo tienes que preparar tu candidatura. Si el año pasado te presentaste y no pasaste, o si este año es la primera vez, necesitas saber qué ha cambiado antes de ponerte a escribir una sola página.

    Vamos uno a uno.

    PRESUPUESTO A LA MITAD.

    En 2025 había 8 millones de euros. En 2026 son 4. Exactamente la mitad. Las cuotas reservadas se mantienen iguales: mínimo un 45% para proyectos escritos exclusivamente por mujeres, y mínimo un 25% para proyectos en lenguas cooficiales distintas del castellano. Eso significa que el dinero disponible para el resto se reduce de forma muy significativa. Habrá menos ayudas concedidas. La competencia es la misma, el pastel es la mitad. Eso tiene consecuencias directas en cuántos proyectos van a pasar el corte aunque tengan más de 50 puntos. Porque el umbral mínimo son 50, pero el umbral real para cobrar depende de cuántos proyectos haya por delante tuya. El año pasado ese umbral real estaba bastante por encima. Este año, con menos presupuesto, puede estar aún más alto.

    EL PLAZO ES CORTÍSIMO.

    Del 3 al 23 de julio. Quince días hábiles, no quince días naturales. La convocatoria abre un viernes, cierra un jueves. No hay margen para improvisar, para hacer un último borrador de la sinopsis, para corregir los metadatos del PDF a las dos de la mañana del último día. Si no tienes el dosier prácticamente listo antes de que abra, no llega en condiciones. En años anteriores el plazo era mucho más amplio. Este año el ICAA ha apretado. Y eso solo perjudica a quien no se ha preparado con tiempo.

    LA SINOPSIS SE RECORTA A LA MITAD.

    En 2025 podías escribir hasta cinco páginas de sinopsis argumental. En 2026 son dos. Dos páginas para contarle tu película al comité evaluador. Eso es una restricción brutal si estás acostumbrado a construir mundo en la sinopsis, a explicar los personajes, a justificar los giros. Ahora no hay espacio para todo eso. Tienes que elegir qué cuenta y qué no, qué es imprescindible para entender la historia y qué es ruido. En cierto modo, la sinopsis de dos páginas es una prueba en sí misma de si sabes contar tu historia. Porque si no eres capaz de hacerlo en dos páginas, el comité va a tener dudas de si eres capaz de hacerlo en cien.

    LA MEMORIA EXPLICATIVA SUBE A DOS PÁGINAS.

    El año pasado era una. Ahora son dos como máximo. La memoria es el documento donde explicas tus intenciones como autor: por qué esta historia, desde dónde la escribes, qué quieres que el espectador se lleve. Es el único espacio donde hay una voz reconocible detrás del proyecto, aunque el dosier sea anónimo. Dos páginas te da más margen para construir ese argumento, para conectar tu propuesta con el contexto audiovisual actual, que es exactamente lo que pide la convocatoria. Úsalo bien. No es un trámite. Es tu oportunidad de convencer antes de que lean la sinopsis.

    DESAPARECE LA DESCRIPCIÓN DE PERSONAJES COMO DOCUMENTO INDEPENDIENTE.

    En 2025 existía un documento separado, de hasta dos páginas, donde podías desarrollar a tus personajes principales. En 2026 ese documento no existe. Ha desaparecido de la convocatoria. Los personajes tienen que estar dentro de la sinopsis o dentro de la muestra de trabajo: el tratamiento secuenciado y el fragmento de guion. Eso tiene una implicación práctica muy concreta: si antes te apoyabas en ese documento para desarrollar la psicología de tus personajes y compensar una sinopsis más escueta, ahora no puedes. Todo tiene que estar contenido en el espacio disponible. Y el espacio es menor.

    EL DOSIER COMPLETO TIENE UN TOPE DE VEINTE PÁGINAS.

    Memoria, sinopsis y muestra de trabajo: todo junto, veinte páginas como máximo. En Courier New, tamaño 12, interlineado sencillo. Sin ningún elemento que permita identificar al autor, ni en el texto ni en los metadatos del archivo PDF. Esto último es importante y mucha gente lo pasa por alto: los metadatos. Cuando guardas un PDF desde Word o desde Final Draft, el archivo puede contener tu nombre, tu empresa, la fecha de creación. Eso rompe el anonimato y es motivo de exclusión. Revisa los metadatos antes de subir cualquier archivo.

    LA MUESTRA DE TRABAJO PARA FICCIÓN.

    La muestra tiene dos partes. Un tratamiento secuenciado del proyecto, con las principales secuencias señaladas por encabezamientos de guion. Y una escena o secuencia desarrollada en formato de guion, con un máximo de cuatro páginas. Esas cuatro páginas son el único sitio donde el comité va a ver cómo escribes de verdad. No cómo describes, no cómo resumes: cómo escribes. Son las páginas más importantes de todo el dosier para el bloque de estilo y técnica, que vale hasta 15 puntos. Elige bien qué escena presentas y trabájala. La longitud del tratamiento depende de ti. Te piden un máximo de 20 páginas. Si le restas 2 páginas de la memoria, dos de la sinopsis y 4 del fragmento de guion, te sale un tratamiento de 12 páginas. Si haces la sinopsis o la memoria más corta podrías ampliarlo.

    LA IA TIENE UMBRAL EXPLÍCITO.

    Si el sistema de detección encuentra uso de inteligencia artificial generativa con una probabilidad superior al 80%, la solicitud queda excluida automáticamente. Sin posibilidad de subsanación. Esto aplica en dos momentos: en la fase de selección de candidatos, y otra vez cuando justificas la ayuda con el guion terminado. Es decir, si te la conceden y al entregar el guion final detectan IA por encima de ese umbral, te piden que devuelvas el dinero. No es una advertencia. Es una condición de la resolución.

    LÍMITE DE TRES CONVOCATORIAS POR PROYECTO.

    Un mismo proyecto puede presentarse a esta línea de ayudas un máximo de tres veces. Y ese contador empieza desde la primera vez que se presentó, aunque fuera en 2025, aunque haya cambiado de título, aunque haya evolucionado mucho. Si ya lo presentaste dos veces, esta es la última. No hay vuelta atrás.

    QUIEN COBRÓ EN 2025 NO PUEDE PRESENTARSE EN 2026.

    Esta es la novedad que más gente se ha saltado. Si recibiste la ayuda el año pasado, estás excluido de esta convocatoria. Con una única excepción: que hayas devuelto voluntariamente la ayuda antes de que abriera el plazo de presentación de solicitudes de este año. No antes de cobrarla. Antes de que abriera el plazo. Si la cobraste y no la devolviste, no puedes presentarte. Es incompatibilidad directa.

    LA PUNTUACIÓN Y LAS CUANTÍAS NO CAMBIAN.

    El sistema de valoración es el mismo: Trama y desarrollo, hasta 40 puntos. Originalidad y premisa, hasta 25. Personajes y acontecimientos, hasta 20. Estilo y técnica, hasta 15. Mínimo 50 puntos para optar a la ayuda. Y la cuantía tampoco varía: 30.000 euros para ficción, 20.000 para documental. Un único pago tras la resolución de concesión, sin garantías previas.

     

    PARTE 2 — LO QUE ALMA LLEVA TIEMPO ADVIRTIENDO SOBRE LOS PRODUCTORES

    ALMA, la asociación que representa a los guionistas en España, ha publicado una guía sobre esta convocatoria. Y una parte importante de esa guía —casi la mitad— no habla de criterios de valoración ni de formato del dosier. Habla de productores. De prácticas concretas, reales, que ocurren con suficiente frecuencia como para que ALMA haya decidido nombrarlas y describirlas una por una. Son prácticas ilegales según las bases de la convocatoria. Y en el sector se conocen, pero pocas veces se dicen en voz alta. Podéis encontrar esa guía en su web sindicatoalma.es.

    Voy a decirlas.

    EL PRIMER PATRÓN: LA AYUDA COMO DESCUENTO EN EL CACHÉ.

    Imagina que negocias con un productor. Le pides 80.000 euros por escribir el guion. El productor te dice: “Como vas a recibir 30.000 del ICAA, yo te pago 50.000 y entre los dos cubrimos los 80.000.” Suena razonable. Incluso generoso. No lo es.

    La ayuda del ICAA es tuya. Es una ayuda pública concedida a ti como persona física para que escribas un guion que todavía no existe. No es un anticipo del productor, no es parte de tu contrato con él, no está vinculada a ninguna relación laboral. Usarla para reducir lo que el productor tiene que pagarte es fraude. Perjudica al guionista, que cobra menos de lo que debería. Perjudica al gremio, que ve cómo los cachés se normalizan a la baja. Y técnicamente incumple las bases, que exigen que conserves la titularidad exclusiva de los derechos de explotación del guion hasta la justificación de la ayuda. Si hay un acuerdo previo con un productor que condiciona esos derechos, ya estás incumpliendo.

    EL SEGUNDO: EL ENCARGO CONDICIONADO.

    El productor te llama. Quiere trabajar contigo en un proyecto. Pero te dice que ahora mismo no tiene presupuesto. La propuesta es esta: “Pide tú la ayuda del ICAA. Si te la dan, entonces te firmo un contrato y empezamos.”

    El problema es múltiple. La convocatoria exige que el proyecto sea original, propio e inédito, y que no haya sido generado por encargo de terceros. Si estás desarrollando el proyecto porque un productor te lo ha pedido, aunque no haya nada firmado, ya estás en una zona gris que puede comprometer tu solicitud. Además, el productor no ha firmado nada. No tiene ninguna obligación legal hacia ti. Puede cambiar de opinión. Puede quedarse con la idea y desarrollarla con otro guionista. Puede modificar las condiciones una vez que tengas el dinero concedido, porque en ese momento la posición negociadora es suya, no tuya. Has trabajado meses, tienes una ayuda que justificar, y él sabe que necesitas un proyecto al que adscribirla.

    ALMA lo dice sin rodeos: quien ofrece trabajo condicionado a que obtengas una ayuda pública no te está ofreciendo trabajo. Te está pidiendo que financies tú su desarrollo.

    EL TERCERO: EL ADELANTO QUE SE CONVIERTE EN DEUDA.

    Esta es la más sofisticada de las cuatro. El productor te dice que le gusta tu proyecto pero que no tiene presupuesto para pagarte ahora. Te propone lo siguiente: él te adelanta el dinero de la ayuda —los 30.000 euros— para que puedas escribir el guion. Y si el ICAA te concede la ayuda, se lo devuelves.

    Analiza lo que está pasando realmente. Si no te conceden la ayuda, has adquirido una deuda con esa productora. Tienes que devolver 30.000 euros que ya has gastado en meses de trabajo. Si te la conceden y le devuelves el dinero, has trabajado meses gratis. Peor aún: has trabajado pagando por trabajar. Porque para Hacienda, el Ministerio de Cultura te ha concedido una ayuda económica a ti. Tienes que declararla en el IRPF. Aunque ese dinero ya no esté en tu cuenta. Aunque se lo hayas devuelto al productor. Pagas impuestos por dinero que no tienes. ALMA lo llama doble perjuicio, y es exactamente eso.

    EL CUARTO: LA PROMESA DE DESARROLLO FUTURO.

    La versión más vaga de todas. El productor no te pide nada concreto. Solo te dice: “Pide la ayuda. Si te la dan, hablamos de un contrato de desarrollo, o de una opción sobre el guion.” Nada firmado, nada comprometido. Solo una promesa de que la conversación tendrá lugar.

    El guion, recuerda, es tuyo. No tienes ninguna obligación de llevárselo a esa productora aunque te la concedan. Pero si has pasado meses desarrollando el proyecto con esa expectativa, con esa relación informal que no está en ningún papel, la presión existe aunque no haya nada firmado. Y si finalmente no llega a ningún sitio, has invertido tiempo y energía en un proyecto condicionado por una promesa que no tenía ningún valor legal.

    El mensaje de ALMA es claro y merece repetirse: quien ofrece condiciones fuera de mercado no está en el mercado. Aceptar condiciones ilegales no abre puertas. Las cierra. A un desarrollo profesional justo, a un futuro laboral sólido, y a la posibilidad de presentarte a esta convocatoria sin comprometer tu solicitud desde el principio.

    Convocatoria del 3 al 23 de julio. Dosier de 20 páginas. Sin nombre, sin metadatos, sin IA. Y con los ojos bien abiertos si alguien te propone algo que te suena raro, porque ALMA ya ha catalogado exactamente cómo suena. 

    Y si queréis que me lea vuestro dosier y os ayude a mejorarlo antes de la presentación, ya estoy agendando fechas para las consultorías. Escribidme y vemos cúando.

    Nos vemos en el próximo episodio.

    El artículo 788. 11 Novedades de la convocatoria ICAA 2026  se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.
  • Guiones y guionistas

    787. ¿Quieres tener razón o quieres mejorar el guion?

    09/06/2026 | 14 min
    El artículo 787. ¿Quieres tener razón o quieres mejorar el guion? se publicó primero en Academia Guiones y guionistas.

    Todos los guionistas dicen que quieren recibir notas sobre sus guiones. Hasta que las reciben. Porque una cosa es pedir opiniones y otra muy distinta escuchar que una escena no funciona, que un personaje no conecta o que el segundo acto se hace largo. En ese momento aparecen emociones que rara vez asociamos con la escritura: frustración, orgullo, inseguridad o incluso ganas de discutir. Pero ¿y si el verdadero problema no fueran las críticas sino nuestra forma de reaccionar ante ellas? Inspirado en las ideas de Adam Grant en Think Again, en este episodio vamos a hablar de cuatro personajes que aparecen una y otra vez cuando un guionista recibe comentarios sobre su trabajo: el predicador, el fiscal, el político y el científico. Y veremos por qué uno de ellos puede convertirse en el mejor aliado de cualquier reescritura.

    En la Academia Guiones y guionistas tenemos una masterclass nueva: “El One-Pager de Guion” con la que aprenderemos a condensar una idea de película o serie en una sola página clara, atractiva y persuasiva. Es una herramienta clave para vender un proyecto cuando tienes que conseguir llamar la atención en poco tiempo. Ya está disponible para los suscriptores de los niveles Crecimiento o Profesional de la Academia.

    Y hay algunos guionistas que me están preguntando si este año voy a hacer consultorías sobre las Ayudas del ICAA. Sí, ya las estoy haciendo. Si quieres una, me escribes a davidestebancubero@gmail.com y te digo cómo. Pero hazlo cuanto antes porque ya estoy agendando muchas y todavía tengo que hacer las de los que hicieron el taller de preparación a las Ayudas. Avisado quedas.

    El momento más aterrador después de escribir un guion

    Hay un momento en la vida de cualquier guionista que genera una mezcla muy concreta de emociones: esperanza, ansiedad, miedo y una repentina necesidad de revisar el correo cada pocos minutos. Es el instante en el que envías tu guion a otra persona para recibir comentarios. Puede ser un amigo, un compañero de taller, un profesor, un productor o un script doctor. Da igual quién sea. El ritual suele ser el mismo: mandas el PDF, haces como que sigues con tu vida y finges una tranquilidad completamente falsa.

    Lo curioso es que uno cree que quiere sinceridad absoluta, pero no es exactamente verdad. Lo que en realidad espera escuchar es algo mucho más específico: “Me ha encantado. No cambiaría nada”. Es una expectativa bastante razonable si hablamos de una pizza. Menos razonable si hablamos de un primer borrador.

    Y entonces llega el mensaje. “Me ha gustado… pero”. En ese instante ocurre algo fascinante. El cerebro del guionista borra automáticamente el “me ha gustado” y amplifica el “pero” como si fuese el único diálogo importante de la escena. Puedes recibir diez elogios y una crítica, y adivina cuál será la frase que recordarás mientras te duchas esa noche. Exacto.

    Hace poco leí una idea del libro Think Again, de Adam Grant. Grant explica que las personas cambiamos constantemente entre cuatro modos mentales: el predicador, el fiscal, el político y el científico. Son formas diferentes de pensar, discutir y reaccionar cuando nuestras ideas entran en conflicto con las de otros.

    Mientras leía el libro pensé algo que me hizo sonreír. Adam Grant probablemente no estaba pensando en guionistas cuando escribió estas páginas. Pero la teoría encaja perfectamente con lo que sucede cuando recibimos notas sobre nuestros guiones. Porque el problema rara vez es la crítica. El problema suele ser el personaje en el que nos convertimos cuando la escuchamos.

    El guionista predicador: “No habéis entendido mi visión”

    El primero de estos personajes es el predicador. El predicador aparece cuando el guion deja de ser un texto y se transforma en una especie de religión personal. Ya no estamos hablando de escenas, estructura o personajes. Estamos defendiendo una verdad sagrada.

    Seguro que has vivido alguna conversación parecida. Alguien te dice que no termina de entender una decisión del protagonista y tú respondes que está hecha a propósito. Te comentan que el segundo acto se hace un poco largo y explicas que es una decisión narrativa consciente. Te dicen que no conectan con el personaje principal y aclaras que precisamente la película habla de la incomunicación.

    En ese momento, la sesión de notas deja de parecer una conversación y empieza a parecer una ceremonia religiosa. El objetivo ya no es descubrir si la crítica tiene algo de razón. El objetivo es defender el guion.

    El gran problema del modo predicador es que suele confundir intención y resultado. Nosotros sabemos perfectamente lo que queríamos contar. Conocemos la biografía completa del personaje. Sabemos qué siente en cada escena. Entendemos cada símbolo, cada subtexto y cada decisión narrativa. Pero el lector solo tiene acceso a una cosa: las páginas que le hemos dado.

    Todos hemos conocido a ese guionista que responde una crítica sencilla con una explicación de diez minutos sobre el pasado oculto del personaje o sobre una revelación que aparecerá más adelante. Y mientras escuchamos esa explicación surge una pregunta incómoda: si todo eso es tan importante, ¿por qué no estaba claro en el guion?

    El guionista fiscal: “Voy a demostrar que tu nota está mal”

    El segundo personaje es el fiscal. Si el predicador quiere defender una verdad, el fiscal quiere ganar un juicio.

    Cuando recibe una nota, no intenta comprenderla. Intenta desmontarla. Quiere encontrar contradicciones, errores o imprecisiones en el razonamiento de quien la formula. Escucha una crítica y comienza inmediatamente un interrogatorio.

    Si alguien dice que no termina de creer la historia de amor, el fiscal pregunta en qué escena exactamente. Si la respuesta es general, insiste. Quiere ejemplos concretos. Quiere pruebas. Quiere datos. Quiere convertir una impresión subjetiva en un informe pericial.

    Lo curioso es que muchas veces el fiscal es brillante. Tiene razón en muchas de sus observaciones. Puede demostrar que la crítica está mal formulada. Puede encontrar contradicciones en el argumento del lector. Incluso puede ganar la discusión.

    Pero aquí aparece una de las trampas más peligrosas de la reescritura. Ganar una discusión no significa necesariamente mejorar una película.

    Porque una persona puede explicar muy mal una sensación y, aun así, estar detectando un problema real. Quizá no sabe expresar por qué no conecta con un personaje. Quizá no puede identificar exactamente dónde se rompe el interés. Pero el hecho de que no sepa diagnosticar el problema no significa que el problema no exista.

    El guionista político: “Voy a cambiarlo todo”

    En el extremo contrario encontramos al político. Y al principio suele parecer la persona ideal para trabajar.

    Acepta todas las notas. Escucha todas las opiniones. Está de acuerdo con todo el mundo. Parece flexible, colaborador y abierto al cambio.

    Sin embargo, detrás de esa actitud se esconde otro problema. El político no está intentando descubrir qué necesita el guion. Está intentando agradar a todas las personas que opinan sobre él.

    Escucha a un amigo y cambia una escena. Escucha a otro lector y modifica un personaje. Habla con un productor y reescribe el final. Lee un comentario en redes sociales y altera el tono de la historia.

    Poco a poco, el guion empieza a parecer una obra escrita por un comité. Una especie de Frankenstein narrativo construido a partir de opiniones ajenas.

    El problema es que las notas rara vez apuntan todas en la misma dirección. Un lector pide más humor. Otro quiere menos. Uno quiere más acción. Otro más profundidad psicológica. Uno piensa que el protagonista es demasiado frío. Otro cree que es excesivamente emocional.

    El político intenta satisfacer a todos. Pero una historia diseñada para gustar a todo el mundo suele acabar sin entusiasmar a nadie.

    El guionista científico: el mejor script doctor de sí mismo

    Y llegamos al cuarto personaje: el científico. Según Adam Grant, este es el modo mental más útil porque cambia una pregunta fundamental.

    El científico no escucha una crítica pensando que la otra persona está equivocada. Tampoco asume automáticamente que tiene razón. Su reacción es mucho más interesante. Se pregunta qué puede aprender de esa observación.

    En lugar de defender una posición, formula una hipótesis. En lugar de buscar culpables, busca información.

    El científico entiende algo fundamental para cualquier proceso de reescritura: la solución que propone un lector puede ser mala, pero el problema que ha detectado puede ser muy real.

    Imagina que alguien te dice que el protagonista debería tener un perro. La sugerencia puede parecer absurda. Quizá tu historia no necesita ningún perro. Quizá incluso empeoraría la película.

    Pero el científico no se queda en la superficie de la nota. Intenta averiguar qué hay detrás. ¿Por qué esa persona siente la necesidad de darle un perro al protagonista? Tal vez percibe que el personaje es demasiado frío. Tal vez necesita verlo cuidar de alguien. Tal vez echa en falta una faceta más vulnerable.

    De repente descubres que el perro nunca fue la solución. El perro era simplemente una pista.

    Una regla de oro para escuchar notas

    Existe una regla que muchos lectores y script doctors repiten desde hace años. Cuando tres personas distintas señalan el mismo problema, probablemente el problema existe. Pero cuando tres personas distintas proponen exactamente la misma solución, probablemente la solución no sea lo importante.

    Los espectadores suelen ser extraordinariamente buenos detectando síntomas. Perciben cuándo una escena no funciona, cuándo un personaje no conecta o cuándo una historia pierde energía. Lo que ya resulta más complicado es identificar con precisión por qué ocurre.

    Por eso escuchar notas no consiste en obedecerlas ni en rechazarlas. Consiste en interpretarlas. Igual que un detective busca pistas en una investigación, el guionista debe buscar pistas dentro de los comentarios que recibe.

    Conclusión: reescribir también es aprender a cambiar de opinión

    La próxima vez que alguien critique tu guion, intenta observar qué personaje aparece primero. Quizá descubras a un predicador defendiendo cada decisión como si fuese un dogma. Quizá aparezca un fiscal dispuesto a desmontar cualquier argumento. Tal vez surja un político ansioso por agradar a todo el mundo.

    Y, con un poco de suerte, también aparecerá el científico.

    No porque sea perfecto, ni porque tenga menos ego o sea más inteligente. Sino porque entiende que cada borrador es una hipótesis y que el trabajo del guionista consiste en ponerla a prueba.

    Al final, reescribir no consiste en proteger la primera versión de una historia. Consiste en descubrir si existe una versión mejor esperando un poco más adelante.

    Y esa idea puede resultar incómoda. Porque muchos empezamos a escribir para demostrar que teníamos razón.

    Pero con los años descubrimos algo mucho más útil: que crecer como guionistas consiste, muchas veces, en aprender a cambiar de opinión. Y pocas habilidades son tan valiosas para una reescritura como esa.

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