Sales con tu cachorro y pasa lo típico: vecinos, niños, amigos… y todos quieren tocarlo. Y tú, con buena intención, piensas: “cuanto más vea ahora, mejor socializado estará”.
Pues aquí viene la realidad que incomoda, pero te ahorra problemas: socializar NO es acumular saludos. No es que juegue con todos los perros del parque ni que conozca 20 personas al día. Eso muchas veces no es socialización… es saturación.
En este episodio te explico el matiz que lo cambia todo: un cachorro bien socializado no es el más “sociable”, es el más estable. El que puede ver estímulos (personas, perros, bicis, ruidos) y seguir equilibrado, sin necesidad de participar en todo.
Te cuento cómo empezar a hacerlo bien:
cómo medir, observar y retirarte a tiempo
qué tipo de interacciones SÍ tienen sentido (cortas, tranquilas, sin montar una fiesta)
cómo volver a casa con margen y cerrar con una actividad que baje revoluciones
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