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La Escafandra 2020

Pepelu de Alcala
La Escafandra 2020
Último episodio

72 episodios

  • La Escafandra 2020

    Nietzsche, la filosofía a martillazos

    18/12/2025 | 1 h 29 min

    Imagina a un hombre solo, caminando bajo el sol de los Alpes suizos, con un cuaderno gastado en el bolsillo y la cabeza llena de pensamientos que nadie comprende. Un hombre enfermo, casi ciego, que ha abandonado su cátedra y su patria. En su soledad, escribe con letra temblorosa ideas que parecen imposibles, como si el mundo entero se hubiera quedado atrás y él caminara un paso por delante del tiempo. Este hombre es Friedrich Nietzsche. Un nombre que brilla con luz propia en la historia de la filosofía. Y no fue un filósofo común. Mientras otros buscaban la verdad, él se atrevió a preguntar si la verdad merecía ser buscada. Cuando el siglo XIX caminaba con paso firme hacia el progreso contenido en el maquinismo generalizado apoyándose en la razón y la ciencia, Nietzsche sospechaba que bajo todo ese brillo moderno se escondía un cansancio profundo, una decadencia del espíritu. Veía a una Europa que creía saberlo todo… pero que ya no creía en nada. ¿Qué hace un hombre cuando percibe que los valores sobre los que se levanta su mundo están vacíos? ¿Se resigna… o intenta crear otros nuevos? Nietzsche eligió lo segundo, aun sabiendo que esa elección lo llevaría a la incomprensión, al aislamiento por parte de sus contemporáneos. Lo que desconocía es que también le llevaría, finalmente, a la locura. Fue el pensador que quiso reinventar al hombre desde sus ruinas, que quiso derribar los viejos ídolos para liberar lo que él llamaba “la fuerza vital”. Su vida fue un combate continuo: contra su cuerpo enfermo, contra las costumbres de su tiempo, contra la religión, contra la moral, contra el lenguaje mismo. Y, sin embargo, en esa lucha desesperada, encontró una forma de afirmación radical de la existencia: una invitación a decir “sí” a la vida incluso cuando duele, incluso cuando parece no tener sentido. Este episodio es un viaje por la mente de un hombre que quiso despertar a la humanidad de su sueño moral, que buscó en la música, en el arte y en la filosofía una forma de recuperar lo sagrado… sin recurrir a Dios. Porque Nietzsche no quiso destruir por placer de hacerlo, sino por necesidad. Quiso abrir espacio a lo nuevo, a un ser humano capaz de mirar el vacío y no temerlo. Hoy, más de un siglo después, nos obliga a mirar hacia dentro y preguntarnos: ¿cuántas de nuestras convicciones son realmente nuestras, y cuántas hemos heredado sin pensar? ¿Seríamos capaces de vivir sin certezas, sin dogmas, sin un sentido preestablecido de las cosas? ¿Estamos, en definitiva, dispuestos a ser verdaderamente libres? Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta el siglo XIX para conocer a una de las mentes más torturadas y más lúcidas de la historia de la filosofía. Un hombre cuyas ideas conservan hoy la misma fuerza reveladora que las engendró. Su filosofía, con ideas como el superhombre o la voluntad de poder, desafía a cuestionar valores impuestos y abrazar la vida en su crudeza más auténtica. Su crítica a la moral cristiana y el nihilismo moderno sigue inspirando a forjar nuestro propio camino. Frases como “Dios ha muerto y nosotros le hemos matado”, “lo que no me mata me hace más fuerte” o “hay un único camino hacia la felicidad, y es dejar de preocuparse por lo que piensan los demás”, surgieron de su cerebro inigualable. Un cerebro torturado y fértil. Este es Friedrich Nietzsche y esta es su historia.

  • La Escafandra 2020

    El Gran Capitán, la espada que forjó un imperio

    28/11/2025 | 1 h 35 min

    A finales del siglo XV, el destino de los reinos se decidía en el campo de batalla. Las espadas forjaban imperios. Los ejércitos imponían reyes y los generales marcaban el paso de la historia. Y entre todos los generales del siglo XV, uno destacó por encima de todos. Un hombre cuya astucia en la guerra cambiaría la forma de combatir para siempre. Era Gonzalo Fernández de Córdoba… el Gran Capitán. Nació en Córdoba, en una España que aún luchaba por completar su Reconquista. Se crio entre nobles y guerreros, aprendiendo la importancia del valor y entendiendo que la estrategia era el arma definitiva. Sirvió a las órdenes de los Reyes Católicos en su lucha contra los musulmanes y se ganó su confianza… y pronto, su nombre se escribiría en las crónicas del mundo. Cuando Italia ardía en conflictos y se encontraba en medio de la ambición de los grandes reyes europeos que la reclamaban como suya, el Gran Capitán desembarcó con un ejército con el que aplastó a sus enemigos revolucionando la guerra misma. Sus estrategias, su manejo de la infantería y su genio en el arte del combate convirtieron a los primitivos Tercios españoles en una fuerza imparable. L os príncipes italianos aprendieron que la guerra no la ganaban los que tenían más hombres… sino aquellos que sabían cómo utilizarlos. Y ese éxito aplastante con las armas le llevó a pagar un alto precio ante su rey… En la cúspide de su gloria, cuando su nombre era temido y respetado en toda Europa, el mismo rey al que había servido con lealtad le dio la espalda. Fernando el Católico, celoso de su poder, lo desterró de la corte. Las cuentas del Gran Capitán se convirtieron en una de las mayores afrentas de la historia, y el guerrero invicto que ayudó a su soberano a forjar un imperio quedó relegado al olvido… o al menos, eso creyeron sus enemigos. Hoy, su legado sigue vivo. Sus tácticas militares aún se estudian. Su nombre se escribe en letras de oro del libro de la historia. Y, siglos después, sigue siendo sinónimo de estrategia, valor… y gloria. Sus logros militares ayudaron a establecer a España como la potencia dominante en Europa. Sus innovaciones tácticas y su modelo de liderazgo siguen siendo estudiados y admirados hasta el día de hoy. En una época en que la guerra aún se libraba según los códigos medievales de la caballería, él introdujo conceptos modernos como la logística, la profesionalidad, el entrenamiento y el uso coordinado de diferentes armas en el campo de batalla. Su capacidad para adaptarse a nuevas situaciones y aprender de sus experiencias fue clave para su éxito. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta finales del siglo XV a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento. Allí, en Montilla, en la provincia de Córdoba, nacería un niño que destacaría por su genio militar incomparable a la altura de los más grandes generales de la historia. Sus logros se recogen en la historia y su figura se agiganta viendo la modernidad de sus ideas innovadoras. Este es Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, y esta es su historia.

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    El infame Fernando VII y los cien mil Hijos de San Luis

    06/11/2025 | 1 h 25 min

    ¿Sabías que tan solo 10 años después de que los franceses fueran expulsados de España tras la guerra de la independencia un nuevo ejército francés llamado los cien mil hijos de San Luis atravesó los Pirineos y llegó hasta Cádiz para liberar al infame rey Fernando VII? ¿Qué harías si las ideas de libertad y justicia que inspiraron una revolución en tu país fueran aplastadas por un rey absolutista? ¿Cómo responderías si, tras años de lucha y esperanza, un ejército extranjero restaurara el poder de un monarca que solo había traído represión y oscuridad? ¿Cómo es posible que un rey que acababa de recuperar su trono, se convirtiera en uno de los mayores enemigos de la libertad en su propio país? Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta el primer cuarto del siglo XIX para conocer las causas y consecuencias del turbulento contexto que provocó la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, el ejército francés que cruzó los Pirineos en 1823 con una misión clara: restaurar el poder absoluto de Fernando VII y aplastar de una vez por todas el sueño liberal en España. Esta historia nos habla de un país dividido y de un monarca que traicionó las esperanzas de su pueblo. Frente a estas circunstancias, se alzó un grupo de valientes que se negaron a claudicar. ¿Cómo reaccionó la sociedad española ante la represión implacable de Fernando VII, el rey que prometió "marcar el camino constitucional" pero que se convirtió en el azote de todo pensamiento progresista? ¿Cómo es que las ideas de libertad y justicia, aunque sofocadas, siguieron latiendo en los corazones de aquellos españoles que se oponían a la tiranía? Hoy conoceremos las contradicciones de un rey que se enfrentó a su propio pueblo, el drama de los liberales perseguidos y exiliados, y el papel de un ejército francés que, a pesar de sus triunfos militares, dejó una herencia de división y conflicto en la península. Esta historia está llena de intriga, traiciones y valentía, donde el poder y la libertad chocaron en una batalla que definiría el rumbo de España durante el siglo XIX. Esta es la historia de los Cien mil hijos de san Luis y la de Fernando VII, el rey felón que tanto daño hizo a España.

  • La Escafandra 2020

    La crisis de los misiles de Cuba: Los trece días que estremecieron al mundo

    09/10/2025 | 1 h 19 min

    Octubre de 1962. El mundo no lo sabía, pero estaba a punto de desaparecer. Durante trece días, dos superpotencias jugaron con fuego nuclear. En Washington, un joven presidente presionado por sus generales. En Moscú, un líder soviético convencido de que el equilibrio global debía cambiar. Y en medio, una pequeña isla convertida en campo de batalla de gigantes. Fue la crisis más grave de la Guerra Fría. La más silenciosa. La más peligrosa. “Nos encontramos realmente al borde de la guerra. Aquellos días de octubre fueron una pesadilla. Dormía poco, tenía el alma en vilo. Sabía que una decisión equivocada, una palabra mal entendida o una orden impetuosa podía significar el fin de todo. ¿Cómo no sentir vértigo, cuando uno juega con la existencia del planeta entero en la palma de su mano?” Palabras de Nikita Jrushchev, 30 de octubre de 1962 Durante trece días, el mundo contuvo la respiración. Y esto no es una metáfora. Desde el 16 al 28 de octubre de 1962, la humanidad vivió pendiente del teletipo, del transistor, del parte militar. La gente se preparaba para lo impensable. En las ciudades de Estados Unidos, las familias vaciaban los supermercados y llenaban los refugios nucleares improvisados. En Moscú, los mandos militares mantenían en alerta a sus guarniciones. En Cuba, miles de jóvenes se encomendaban a la muerte en trincheras cavadas junto al mar. Nadie sabía si vería la luz del día siguiente. ¿La razón? Al sur de la península de Florida, apenas a 150 kilómetros de las costas estadounidenses, la isla de Cuba se convirtió en el epicentro de una amenaza letal. Aviones espía norteamericanos sobrevolaron la isla y lo que descubrieron heló la sangre en las venas de los altos mandos en Washington: los soviéticos estaban instalando misiles nucleares en la isla. Misiles, capaces de arrasar ciudades como Nueva York, Washington o Los Ángeles en cuestión de minutos. La proximidad de estos misiles reducía el tiempo de reacción estadounidense a apenas unos instantes. El equilibrio de poder, hasta entonces inclinado a favor de Estados Unidos gracias a sus propios misiles instalados en Turquía e Italia, se tambaleaba peligrosamente. El enemigo ya no estaba al otro lado del océano, sino a las puertas mismas de su casa. Nunca antes —ni después— estuvo tan cerca de estallar una guerra nuclear a escala global. Una guerra que no habría durado años, sino minutos. Y que habría dejado un planeta carbonizado, radiactivo, irreconocible. El escenario no era nuevo. Hacía casi dos décadas que el mundo vivía en tensión. Tras la Segunda Guerra Mundial, dos bloques se repartieron el tablero global: Estados Unidos y la Unión Soviética. Dos visiones antagónicas del mundo. Capitalismo contra comunismo. La democracia liberal frente a la dictadura del proletariado. Pero más allá de las ideologías, lo que los definía era el miedo mutuo… y la amenaza constante del armamento nuclear. Fue la llamada Guerra Fría. Una guerra sin bombas, pero con misiles. Sin batallas declaradas, pero con golpes de estado, espías, propaganda, carreras armamentísticas, y conflictos por delegación: Corea, Vietnam, el Congo, Afganistán... Una partida de ajedrez donde cada jugada podía encender la mecha de la destrucción mutua. A finales de los años 50, ambas potencias poseían ya el arma definitiva: la bomba H. La temible bomba de hidrógeno. Una bomba termonuclear muchísimo más potente que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Los soviéticos probaban sus bombas en el Ártico. Los americanos, en el Pacífico. Las imágenes de hongos nucleares se colaban en los telediarios, y los niños ensayaban en los colegios cómo esconderse bajo el pupitre por si caía la bomba… como si eso sirviera de algo. En 1961, La Unión Soviética comenzó a levantar un muro en Berlín para detener el éxodo de ciudadanos del Este al Oeste. Ese mismo año, la CIA organizó un intento fallido de invadir Cuba: la operación de Bahía de Cochinos. Y como respuesta, la URSS y Fidel Castro reforzaron su alianza. Fue entonces cuando Nikita Jrushchev tuvo una idea tan arriesgada como maquiavélica: instalar misiles nucleares en la isla caribeña, a solo 150 kilómetros de las costas de Florida. Lo hizo en secreto. Pensaba que pasaría desapercibido. Que sería un golpe estratégico para equilibrar el juego. Pero sus planes fueron descubiertos. Y entonces, todo estuvo a punto de estallar. Kennedy recibió las fotos de los silos de misiles el 16 de octubre. Durante los días siguientes, la Casa Blanca se convirtió en un centro de crisis permanente. Se barajaron bombardeos, invasiones, ultimátums. Al otro lado del mundo, en Moscú, Jrushchev se debatía entre la firmeza y el desastre. En el medio, Cuba liderada por el beligerante Fidel Castro que se mostraba dispuesto a la destrucción total de Cuba si la URSS bombardeaba nuclearmente a los Estados Unidos. La situación era tan crítica que un simple error de cálculo podía desatar la hecatombe. Hoy la Escafandra 2020 viaja hasta el inicio de la década de los sesenta del siglo anterior. Concretamente a 1962, el año en el que el mundo se asomó al abismo nuclear.

  • La Escafandra 2020

    Caballo Loco, el espíritu de las grandes praderas

    20/8/2025 | 1 h 44 min

    Siglo XIX. En el corazón de las vastas llanuras del norte de América, donde todavía el viento arrastra el mugido de los rebaños de búfalos y en la noche se perciben los rescoldos de las hogueras, se libró uno de los episodios más intensos y dramáticos de la historia de los Estados Unidos. Fue un choque que enfrentó a dos visiones opuestas del mundo. Por un lado, el espíritu libre y nómada de las naciones indias, que durante generaciones habían cabalgado y vivido en esas tierras sin más ley que la del cielo y la memoria de sus ancestros. Por otro, el empuje implacable de una nación joven, ambiciosa, decidida a expandirse hacia el oeste a toda costa y al precio que fuera. Un tren en marcha dispuesto a arrollar a quien se le pusiera por delante. Aquel desencuentro entre dos civilizaciones fue el resultado de décadas de tensiones, acuerdos rotos y promesas incumplidas. La visión de progreso de los nuevos norteamericanos consideraba que todo lo que no se adaptara a su visión del mundo debía ser desplazado o eliminado. En ese contexto, las grandes praderas dejaron de ser un hogar para miles y miles de nativos indios. Se convirtieron en una peligrosa frontera. Y la frontera, como ocurre tantas veces en la historia, se transformó en campo de batalla. Hoy la Escafandra 2020 quiere contar la la historia de dos figuras opuestas y complementarias. La primera historia es la de un joven oficial de caballería, vestido con uniforme azul y envuelto en la gloria militar desde la Guerra de secesión y conocido tanto por su osadía como por su ambición desmedida. La otra historia pertenece a un líder indígena que nunca quiso ser mandar, pero al que su pueblo siguió por su valor, su misticismo y su coherencia hasta el final. Uno buscaba la fama; el otro, la defensa de su forma de vida. Uno quería vencer; el otro no ser vencido. Pero más allá de los individuos, lo que se narra en este episodio es un cambio de era. Una despedida. El fin de una forma de vida milenaria y el triunfo, inevitable y brutal, del nuevo orden. La famosa batalla que se libró aquel día de junio de 1876 se convirtió en símbolo de una victoria inesperada y, al mismo tiempo, de una derrota inevitable. Un canto de cisne, si se quiere, de los pueblos nativos que durante siglos habían dominado las inabarcables llanuras norteamericanas. A menudo, las historias del Oeste americano han sido narradas desde el punto de vista de los colonos, del ejército o de los políticos que trazaban líneas rectas en los mapas. Pero hay otra mirada. Una que se eleva desde los tipis, que escucha a los ancianos, que observa los signos del cielo, que conoce el valor del silencio y la palabra comprometida. Esa mirada, la de las naciones lakota, cheyenne o arapaho, no está escrita en grandes monumentos ni recogida en partes de guerra, pero permanece viva en las voces que recuerdan, en las cicatrices que no sanan, en las montañas que aún conservan sus los nombres sagrados que les impusieron sus antepasados. Este episodio es, en el fondo, un intento de escuchar ambas voces. De cruzar el río de la historia y mirar desde ambas orillas. Porque solo así se entiende la magnitud del drama que se vivió en esas colinas de Montana cerca del río Little big horn. Solo así se puede comprender por qué un joven jefe indígena decidió resistir hasta el final, y por qué un general condecorado eligió avanzar sin esperar refuerzos. Y por qué, pese al resultado, ninguno de los dos salió realmente victorioso. Hoy, más de un siglo después, La Escafandra 2020 viaja hasta el lejano oeste americano para contar la verdadera historia de Caballo Loco y del general Custer. Hay quienes siguen buscando los restos de esa batalla. Algunos excavan en el suelo, otros bucean en los archivos. Otros simplemente cierran los ojos e intentan imaginar cómo sonaba el galope feroz de cientos de caballos, cómo olía la pólvora de los disparos de decenas de rifles, cómo se lanzaban feroces gritos los hombres antes del impacto. Pero quizá la mejor forma de acercarse a aquella historia sea escuchando el susurro del viento sobre la hierba inagotable. Porque allí, aún hoy, cabalga el recuerdo de aquel día. Y en él, el eco de dos nombres que siguen vivos, cada uno a su manera, en la memoria de América.

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Acerca de La Escafandra 2020

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