Durante más de quinientos años, Leonardo da Vinci ha sido observado como se observa una montaña imposible: desde lejos, con asombro, con la sospecha de que nunca llegaremos del todo a la cima. Sus pinturas parecen respirar, sus máquinas parecen adelantarse varios siglos a su tiempo, sus cuadernos mezclan anatomía, agua, vuelo, óptica, geometría, guerra, música y filosofía con una naturalidad casi inhumana. Leonardo no fue simplemente un artista extraordinario. Fue una especie de laboratorio viviente del Renacimiento, un hombre que miró el mundo como si todo estuviera todavía por descubrir. Y ahora, en pleno siglo XXI, la ciencia se propone una pregunta tan fascinante como delicada: ¿podemos acercarnos a Leonardo no solo a través de sus obras, sino también a través de su biología?
La noticia llega desde el Leonardo da Vinci DNA Project y ha sido difundida por ScienceDaily el 4 de mayo de 2026. El titular parece propio de una novela histórica futurista: el linaje de los Da Vinci podría estar desbloqueando los secretos genéticos del genio. Pero detrás de esa frase hay un trabajo paciente, casi detectivesco, que no se ha construido en un laboratorio en unos pocos meses, sino durante tres décadas de investigación genealógica, archivos antiguos, documentos notariales, tumbas familiares, análisis de ADN y una obsesión científica por reconstruir un rastro humano que parecía perdido en el polvo de la historia.