Los golden retriever tienen fama de ser uno de los perros más sociables, equilibrados y afectuosos del mundo. Durante décadas, criadores, veterinarios y amantes de los perros han repetido una idea casi universal: si buscas un animal amable, paciente y confiable, un golden retriever es probablemente una de las mejores elecciones.
Su imagen pública es casi la de un perro perfecto: cariñoso con los niños, inteligente, fácil de entrenar y extraordinariamente sociable. Pero detrás de esa reputación aparentemente simple se esconde una pregunta científica mucho más profunda: ¿qué determina realmente el comportamiento de un animal? ¿Hasta qué punto rasgos como la ansiedad, la sociabilidad o incluso la agresividad están escritos en nuestros genes?