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GRANDES REPORTAJES DE RFI

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Un programa que permite, detrás de las noticias, explorar un tema, un lugar, una problemática. Con nuestros reporteros en el mundo entero.
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Episodios disponibles

5 de 24
  • Grandes Reportajes de RFI - El Metrocable 'salvador' de Medellín
    Medellín es la única ciudad de Colombia que cuenta con un servicio único de transporte público que combina metro y teleférico. Este último ha permitido conectar y transformar la vida de los barrios de la capital económica del país con más problemas de criminalidad. En este reportaje radiofónico de RFI, Najet Benrabaa nos propone una visitada guiada a este ejemplo de transformación urbana y económica.
    10/15/2021
    14:24
  • Grandes Reportajes de RFI - Líbano: hacia el colapso total del sistema sanitario
    Líbano vive hoy una de las tres peores crisis económicas a nivel mundial desde 1850. La depreciación de la libra, la fulminación de la clase media, la crisis de carburante y de electricidad, y la escasez de medicinas arrastran a este país al colapso del sistema sanitario. Una tarde de septiembre, decenas de personas protestan en una plaza en Beirut. Son enfermos de cáncer exigiendo medicinas para sus sesiones de quimioterapia. El colapso del sistema sanitario en Líbano les priva de tratamiento. “No hay medicina” Baha Georges Constantine comenzó su quimio el año pasado, pero hace dos meses que su hospital carece de medios para tratarla. “Cuando llegas a un punto en el que no hay medicinas, retrocedes, te destruyes poco a poco. El doctor no me puede decir si mañana tendrá medicinas para mi tratamiento o no. Imagina que ahora todos nosotros morimos porque no hay medicina”, lamenta. “No hay medicina en la farmacia, le estoy pidiendo a la gente que viaja al extranjero que me traigan medicinas. No se qué alternativa tenemos. No sé si el gobierno nos va a dejar morir así”, comenta asimismo Christine Tohme, que sufre cáncer ovárico y de colon, y no encuentra en la farmacia las medicinas para paliar los efectos secundarios de su tratamiento. Entre aplausos, el doctor Fadi Nasser toma la palabra: “Este problema sólo lo puede solucionar el Estado. A todos los responsables les digo, quiten vuestras manos políticas de los pacientes crónicos y de cáncer. Si no, cada día vamos a ver morir a enfermos a nuestro alrededor, van a morir”, afirma. En Líbano, los enfermos de cáncer no sólo luchan contra su enfermedad, sino también contra un Estado fallido. La élite política libanesa ha conducido el país a su peor crisis económica y social, agravada por la explosión del puerto de Beirut en agosto del 2020 y la crisis de la COVID-19. Colapso del sistema sanitario Hospitales incapaces de tratar enfermos de cáncer, farmacias sin medicamentos, clínicas sin electricidad, doctores con salarios decimados. Este es el escenario al que se enfrenta el recién formado gobierno de Najib Mikati. Y esta, es la radiografía del colapso del sistema sanitario libanés. El primer síntoma del colapso es la escasez de medicamentos y material médico en hospitales. El doctor Rabia Chahine es director médico en el Hospital Universitario Rafik Hariri, el mayor hospital público de Líbano. Explica que “hay una buena lista de antibióticos de los que no disponemos; a veces medicamentos triviales como electrolitos, potasio, magnesio, infusión intravenosa, escasean, y esto es una catástrofe”. “Todo el material médico que necesitas para realizar una operación quirúrgica, para suturar, tenemos mucha dificultad en adquirirlo, por ejemplo, casi no nos quedan sondas de alimentación”, recalca el doctor Salah Zein al-Din, especialista pulmonar e intensivista en el Hospital de la Universidad Americana de Beirut, el hospital privado de referencia. Desde el Centro de Atención Primaria gestionado por Médicos Sin Fronteras en el campo de refugiados de Burj Al Barajni en Beirut, la doctora Rodine Abi Younes, alerta de la falta de medicamentos básicos. “A nivel estatal hay falta de hierro, los pacientes que tienen que tomarlo diariamente, por ejemplo, las embarazadas, no lo encuentran. Las medicinas más básicas a veces son las más peligrosas porque si no tienes paracetamol para controlar una fiebre o tratar algún síntoma pequeño, pueden empeorar y complicarse”, subraya. “Los análisis de sangre, los escáner y radiografías, los necesitamos para poder diagnosticar nuestros casos, pero ahora es tan difícil obtenerlos primero porque son muy caros y luego porque usan algunos materiales que los hospitales no encuentran”, enfatiza el doctor Firas Gadban, que trata a refugiados sirios en el valle la Beqaa, con la clínica móvil de la ONG Endless Medical Advantage. Varios factores Esta escasez de medicinas y material médico se debe a varios factores. La depreciación de la libra libanesa mina la capacidad del país para importar medicinas en dólares.  Gran parte de los medicamentos están subsidiados por el gobierno, pero según la doctora Abi Younes es un sistema ineficaz: “Es un proceso muy largo, y debido a la corrupción en el sistema, a veces hacemos un pedido y la medicación tarda ocho meses en llegar”, denuncia. La profesora de enfermería y analista Nuhad Dumit apunta a los especuladores que acaparan medicamentos: “La escasez se debe en parte a los especuladores que están almacenando y escondiendo los medicamentos para poder venderlos en el mercado negro en Líbano o fuera de Líbano”. En Líbano, encuentras medicinas en el mercado negro, pero no en las farmacias: “Nos falta mucha medicación. Básicamente estoy vendiendo lo que tenía en el almacén, pero no recibo nueva mercancía. Cada día veo a 20 o 30 enfermos que vienen, no tengo su medicina, y alguno me pregunta, ‘¿por qué estás abierto?’”, comenta el farmacéutico Abbas, en Beirut. Crisis de la gasolina y red eléctrica Centenares de farmacias han cerrado. Muchas no pueden asumir el coste del generador para mantener refrigerados los medicamentos. La raíz del problema: una red eléctrica incapaz de suministrar más de tres horas de electricidad al día, lo que obliga a usar generadores que funcionan con carburante, el precio del cual es inasumible para muchos.  La crisis de la gasolina pone en jaque a los hospitales. El Hospital de la Universidad Americana de Beirut alertó recientemente de que 55 pacientes en asistencia respiratoria morirán inmediatamente si no conseguían carburante en dos días. En la clínica en Burj Al Barajni, Abi Younes sufre cortes de electricidad y de agua, ya que la falta de electricidad también afecta el bombeo del agua: “Llegamos a punto en el que estuvimos varias horas sin electricidad, apagamos el aire acondicionado para gastar menos carburante, pero sé que en nuestro centro, en el hospital Rafik Hariri donde dan a luz nuestras pacientes, estuvieron trabajando durante semanas sin aire acondicionado e incluso pariendo a oscuras”, lamenta. Las colas kilométricas en gasolineras obstaculizan al personal médico acudir a su hospital, como cuenta Dumit: “Estoy en un grupo de WhatsApp con 275 enfermeras del norte de Líbano, tratan de ayudarse unas a otras, una dice, estoy yendo a tal sitio, tengo gasolina, te vienes conmigo, tratan de improvisar para poder llegar a su puesto de trabajo y servir a la gente”. El salario de enfermera sólo llega para tres o cuatro días de carburante, y es que, con la devaluación de la libra, el sueldo de enfermera ha pasado de 1.000 a menos de 100 dólares.  Y el sueldo de un director médico como el doctor Chahine ha pasado de 2.000 a 150 dólares. Muertes prevenibles Chahine dejará Líbano en breve. Se une así al 40% de doctores y 30% personal de enfermería que han emigrado de Líbano. Con los cortes eléctricos, la falta de medicamentos, el éxodo de médicos, Líbano se asoma a un escenario de muertes prevenibles.  “Cuando todo empiece a derrumbarse alrededor, veremos un aumento de infecciones nosocomiales, es decir, infecciones adquiridas en el hospital. Estamos hablando de no poder controlar casos simples por la falta de medicaciones o herramientas, esto afectará inmediatamente el número de complicaciones y la vida de pacientes”, dice. Los pacientes crónicos han dejado de tomar sus medicinas al no poder costearlas o no encontrarlas en farmacias. Otros retrasan su visita al médico por miedo a la factura. “La mayoría de pacientes que vienen con neumonía, casi todos son candidatos para ir a urgencias, no como antes, ahora mucho menos vienen a planta, es decir, la gente llega mucho más enferma que antes porque tratan de ganar tiempo y ver si pueden evitar la hospitalización debido al coste, y a la falta de medicamentos”, añade. La variable económica es crucial, sobre todo ahora que la crisis económica ha arrastrado a un 74% de la población bajo el umbral de la pobreza. El caso de los hospitales privados En Líbano, el 80% de los hospitales son privados. Según el analista del think tank Synaps, Fahad al-Sudaid, esta estructura privatizada y orientada al beneficio ha jugado un papel en este colapso: “Gran parte de los pacientes que reciben tratamiento en hospitales privados son en realidad pacientes cuya factura esta cubierta por el Ministerio de Salud”, afirma. En Líbano, el seguro público cubre el 95% del coste hospitalario en hospitales públicos; pero, paradójicamente también cubre el 85% del coste en los centros privados, con lo cual muchos pacientes prefieren ir a los centros privados, que consideran de mayor calidad; mientras los centros públicos han sido históricamente olvidados. Para Al-Sudaid, la falta de control en las subcontratas con hospitales privados ha abierto la puerta a abusos: “El Ministerio de Salud no supervisa este proceso, así que confían en las facturas que los hospitales le proveen, y si un paciente recibe una radiografía, pero le cargan 10 radiografías en la factura, el ministerio pagará por diez radiografías”. Una falta de escrutinio que también se traduce en mala praxis. Dumit denuncia el caso de un doctor con varios pacientes que no responden a la quimioterapia y deberían ser trasladados a curados paliativos: “Este doctor no los transfiere a curados paliativos porque el doctor y su hospital se benefician de facturarles una sesión de quimioterapia y una visita al oncólogo, mientras que los curados paliativos son menos costosos”. Contrario a la opinión de Al-Sudaid y Numit, el doctor Zein al-Din defiende que las corruptelas hubieran sido mayores si los hospitales públicos hubieran predominado: “Debido a la corrupción de nuestro sistema político, si hubieras intentado desarrollar una red de hospitales gubernamentales a expensas del sistema privado, hubiera sido incluso peor, sería un pozo sin fondo. El colapso del sistema económico y de las políticas del gobierno es lo que nos ha llevado a esta situación, no porque el sistema, medicamente hablando, no fuera bueno”. Para salir de la debacle sanitaria, Zein al-Din aboga por dos medidas urgentes: “Hay que proveer a los centros médicos de una provisión de carburante estable, esto se puede hacer. Y luego hay que hacer una task force para gestionar esta crisis y decidir cuáles son los medicamentos y el equipo médico más urgente y priorizarlo. Espero que esto ocurra, el único obstáculo es la corrupción”. A nivel estructural, Numit y Al-Sudaid defienden la reforma del sistema de subsidios, apostando por medicamentos genéricos más baratos, y el impulso a hospitales públicos y los centros de atención primara para reducir la factura hospitalaria. Reacciones ciudadanas Entretanto, la ciudadanía, que falta de confianza en la clase política, busca soluciones.  Con iniciativas como Meds4Leb o Med Donations los libaneses se organizan en redes sociales para que los que vuelan a Líbano traigan medicamentos.    Otros van un paso más allá, y exigen cuentas. La hija de Rima Tananin padece hipotiroidismo, una enfermedad que requiere una medicación diaria que hoy escasea en Líbano. Rima vio un video en el que el ahora exministro de Salud Hamad Hassan protagonizaba una redada contra un especulador de medicinas: “Estaba viendo un video en Facebook del ministro de Salud haciendo una redada contra los especuladores que acaparan medicinas, y de repente dicen el nombre de la medicina de mi hija. El ministro le dice a este especulador, ‘tienes Eferox, no hay en las farmacias y tienes miles de cajas’. Este especulador está impidiendo que mi hija acceda a su medicina. Por eso decidí presentar una demanda judicial”, cuenta. El especulador, cercano a un partido político, fue absuelto por el ministro a cambio de prometer distribuir los medicamentos. Harta de esta impunidad, Rima ha llevado el caso a los tribunales. “Y lanzo un llamamiento a todas las madres que tienen hijos con enfermedades crónicas y no encuentran las medicinas, hay que ir a por los especuladores, tenemos que denunciarlos porque como madres es nuestro deber defender los derechos de nuestros hijos, su derecho a la salud”, insiste. El colapso sanitario, que priva a Baha de su quimioterapia y la hija de Rima de su medicación, no es fruto de un desastre natural, los responsables tienen nombres y apellidos.
    9/28/2021
    13:28
  • Grandes Reportajes de RFI - Angela Merkel, la 'muchachita' de Alemania del Este que dominó la política europea
    Inteligencia política excepcional, amable timidez, popularidad envidiable... La enigmática canciller Angela Merkel marcó en las últimas dos décadas el escenario político europeo dejando su huella indeleble. Repasamos su brillante ascenso y sus principales legados en vísperas de su retiro de la vida política en septiembre. Por nuestro corresponsal en Berlín, Sergio Correa. “Tengo mucha desconfianza de los movimientos democráticos de base, porque se enredan en discusiones interminables y creo que el trabajo político debe desembocar en lo factible, quizás tengo algo autoritario en mí”, decía Angela Merkel en 1991 en su primer gran entrevista. Recién acababa de ser nominada por el entonces canciller Helmut Kohl, apenas dos años después de iniciar su carrera política, como ministra en la cartera de juventud y mujer. Merkel viene de la Alemania comunista y desde la caída del muro de Berlín dos años antes, había iniciado un discreto, pero implacable ascenso en la política. “La capacidad de adaptación ha sido siempre parte de mi vida”, comentaba.   La tímida sonrisa, la casi irritante vaguedad de sus respuestas, la amabilidad imperturbable, cierta extraña timidez, todo estaba ya ahí desde sus primeros días de trepidante carrera política. Seguramente el mayor enigma de esta mujer es como un carácter así se ha podido imponer durante casi dos décadas a tiburones y toda clase de alimañas políticas dentro y fuera del país. “Su infancia en el Este alemán, donde su padre tenía una labor pastoral, transcurrió entre una colonia de discapacitados. Sus vecinos, con los que jugaba, eran discapacitados y ella aprendió a manejarse con gente distinta”, detalla Gemma Casadevall, periodista española que lleva 15 años cubriendo la política alemana. “Tiene una percepción mas tolerante a quien es distinto a ella”, agrega. “La primera impresión que transmite es poco carismática y funcionarial”, apunta Andreu Jérez, también periodista. “Pero es la fachada externa, especialmente desde que se convirtió en presidenta del partido conservador CDU, donde el hombre tenía más peso. Además, ella era alemana oriental, o sea que lo tenía todo en su contra”. A pesar de eso, logro ganar batallas políticas con altos niveles de popularidad. Haber sobrevivido dentro de un partido de señores grises, agresivos, arrogantes y no pocas veces despiadados ha sido seguramente la mayor sorpresa y el mayor logro de Merkel. Nadie esperaba que esta mujer, que el excanciller Helmut Kohl, su mayor promotor, llamaba con una apenas disimulada arrogancia “mi muchachita” pudiese sobrevivir demasiado tiempo. El escándalo de la CDU Dos años después del último mandato de Kohl, en los años 2000, se descubrió un gran escándalo de cajas negras en el partido demócrata cristiano. Él era el presidente del partido y trató evadirse algo descaradamente de su responsabilidad. Todo el partido apoyó al viejo excanciller, todos menos Merkel. “El partido quiere olvidar todo este asunto, pero está el peligro de pasar demasiado rápido por el problema”, declaró Merkel. “Los demócratas cristianos tenemos la estabilidad y la solidez suficiente para avanzar en un nuevo camino”. De un golpe anunció en una carta abierta en el diario FAZ que había que alejarse de los viejos líderes y, casi sin apoyos dentro del partido, pero sin ninguna historia sucia por esconder, se hizo del control del partido como nueva presidenta de los demócratas cristianos. Dentro de los altos cargos de su partido fue una traición. Merkel mantuvo casi tanto tiempo el cargo de presidenta del partido como el de canciller, la única forma al parecer de cubrirse la espalda de las decenas de enemigos dentro de su propio partido que no soportaban estar bajo el control de una mujer joven, venida de la antigua Alemania comunista, una protestante en un partido católico, una advenediza que no conocía a nadie y que les estaba quitando todo su poder. “Es una persona del ámbito científico. Eso significa que antes que nada analiza cada partícula y luego trata de buscar una solución para cada una de esas que lleve a una solución redonda”, dice Gemma Casadevall. “No es rápida en sus decisiones para acaba enlazando todas esas partes”. Ajustar la tuerca económica En el año 2005 llegó a su mayor meta: ser canciller de Alemania. Fue la primera mujer en lograrlo en la historia del país, sería reelecta en 2009, en 2013 y en 2017. 16 años en total, el período más largo de un gobernante en Alemania. Bajo el gobierno del antecesor de Merkel, el socialdemócrata Gerhard Schröder, se había lanzado un enorme paquete de reformas económicas de largo alcance que buscaban básicamente bajar indirectamente los sueldos en Alemania y bajar el gasto social para hacer más competitiva la economía del país. Fue un paquete de medidas de estilo neoliberal que Angela Merkel simplemente siguió administrando y que hoy es parte de los problemas que los 16 años de su gobierno dejó. “Ha mantenido un tono bastante neoliberal. En términos de vivienda, los alemanes tienen cada vez mayores problemas para acceder a viviendo accesible. El estado no interviene lo suficiente en el mercado. El sistema de salud es público, pero en gran parte en manos privadas”, apunta Jérez. Merkel siguió en su carrera política el camino del medio, a media distancia entre conservadores y progresistas con su extraordinaria habilidad para lograr acuerdos aún en las circunstancias más difíciles, lo que también le valió un estigma que la sigue hasta hoy:  Merkel, se dice, no tiene ideas propias. Alemania se elevó en las últimas décadas a la posición de un gigante económico, pero en el terreno internacional se limitó a ocupar el lugar de un enano político. Las grandes decisiones europeas se las cedía siempre a Francia, hasta las crisis de la eurozona, cuyo ejemplo eminente fue la casi bancarrota de Grecia en el año 2010. Ahí Merkel capitaneó el barco europeo y condicionó la ayuda alemana a una durísima receta de austeridad, su propio carácter espartano expandido a la nación y al mundo, comenta Gemma Casadevall. “La línea de la austeridad fue el gran déficit que sigue arrastrando a Alemania. Se cebó en los países del sur, pero también castigó a Alemania”, comenta. "Cerrar las fronteras, era ir en contra de la ley" Pocos años después llegó su redención. Abrió en 2015 las puertas a más de un millón de refugiados sirios, una decisión que le ganó el respeto internacional y un grave conflicto interno. “Alemania es un país fuerte, hemos logrado tantas cosas, por eso nuestro lema debe ser: lo lograremos”, pronunció en agosto de ese año. La crisis de refugiados dice Casadevall, fue su segunda metamorfosis. “Después de haber tenido esa imagen tan dura de la mujer que aplicó la tenaza de la austeridad a todos los europeos y a su propio país, asistimos a la Merkel que no cerraba las fronteras mientras otros países sí lo hacían”, recuerda. La canciller nunca haría nada que pueda transgredir las leyes. “O sea, está la ley del asilo que es un derecho fundamental y a ella no le pareció posible hacer algo que estaba contra esa ley, es decir cerrar fronteras a personas en situación de crisis humanitaria”, apunta Casadevall. Merkel se transformó sí misma en estos 16 años, desde una posición conservadora y bastante intransigente a otra conciliadora, abierta, amable y casi liberal que será seguramente su principal herencia para la política nacional e internacional: que los consensos son siempre posibles Merkel deja un país con una sorprendente estabilidad económica y con una noble posición de conciliación en la esfera internacional. Vivir sin la “Mutti”, “la madrecita” como le llamaban últimamente el Alemania, no será fácil para sus huérfanos.
    9/22/2021
    14:42
  • Grandes Reportajes de RFI - Adopciones forzadas entre Chile y Francia: la larga búsqueda de madres e hijos
    Entre los años 60 y 90, más de 20.000 niños chilenos fueron adoptados y llevados al extranjero por familias francesas, italianas o estadounidenses. Adopciones incentivadas por la dictadura de Augusto Pinochet. Pero, décadas más tarde, la verdad salió a la luz: muchas de estas madres nunca habían consentido a separarse de sus bebés. Les fueron arrebatados por enfermeras, asistentes sociales, abogados o religiosos. Justine Fontaine y Lucile Gimberg fueron al encuentro de esas madres en Chile, y de esos hijos en Francia, que buscan la verdad. Son historias que tocan lo más profundo del ser. Madres que llevan una pena inmensa escondida en el corazón, a veces por más de 30 años. Sus hijos, muchos cuando eran bebés, les fueron arrebatados en el Chile de los años 70 y 80, durante la dictadura militar.  Y del otro lado de esta cadena invisible, a miles de kilómetros, en Francia, jóvenes adultos viven con preguntas íntimas sin resolver: ¿Cómo era mi mamá? ¿Cómo fue la película de mis primeras semanas de vida? ¿Por qué fui adoptado? De Denisse a Marie Aída Cáceres, hoy de 57 años, es inspectora municipal en la ciudad de Padre Hurtado, en las afueras de Santiago de Chile. Recibe a nuestra corresponsal Justine Fontaine, quién realizó la parte chilena de este reportaje a cuatro manos, entre Chile y Francia. "Esa pregunta, no se me va a olvidar nunca: ¿eres mi madre? Y yo quedé en shock. Fue el 4 de julio de 2018. Mire, éstas son todas las conversaciones que tuvimos, desde que supe que estaba ella con vida, porque a mí me habían dicho que ella había fallecido, y no… no era así", cuenta Aída mostrando los mensajes que ha intercambiado desde entonces con su hija. A sus 21 años, Aída quedó embarazada, después de una corta historia de amor con un obrero que trabajaba en la pavimentación, en el sur de Chile. El 21 de septiembre de 1986, en el hospital de Coronel, dio a luz a una niña, Denisse. "Yo me acuerdo, el momento en que ella nació, que la enfermera me dijo: ‘Mira qué linda es tu hija’. Es lo único que me acuerdo de ella. Yo la sentí llorar, y ahí, hasta la fecha, no la he visto nunca más, hasta ahora. Después estuve varios días hospitalizada y nunca me llevaron a la guagua, nunca. Yo no estaba muy bien, la bebé no venía bien, y supuestamente la bebé había nacido muy mal, fue lo que me dijeron, que había fallecido. Pero como con mi instinto de madre, yo sabía que no estaba muerta, porque sí me acordaba de las palabras que me dijo la enfermera. Y cuando me dieron de alta, yo volví a buscarla al hospital de Coronel, y no estaba. Traté de hablar con alguien, de preguntar qué había pasado con ella, si alguien sabía de ella, hasta que llegué a dar con una enfermera, que me dijo ‘mira, tu hija no falleció, se la llevaron a un hogar de menores’, porque supuestamente yo la había abandonado. Jamás se me pasó por la mente, eso nunca", recuerda Aída. Denisse, su hija, fue llevada a un hogar de monjas en Concepción y luego a Santiago, donde fue adoptada por una pareja que había viajado para ello desde la región de Tolosa, en Francia. Desde entonces, su hija se llama Marie. Según Aída, esa adopción fue "muy irregular, porque ella nació el 21 de septiembre, y el 17 de diciembre del mismo año, ya estaba saliendo de Chile. Para mí, es imposible que en un mes y medio esté listo un juicio de adopción en donde yo jamás di mi consentimiento, en donde jamás se acercaron ni siquiera a mis papás para preguntar si estaban en condición de recibir ellos a la bebé. En el informe dice que yo era una persona que andaba en la calle, que bebía alcohol, yo jamás en mi vida he bebido alcohol". Gracias a las redes sociales, su hija, ahora adulta y que sólo habla francés, logró encontrarla después de 30 años. Ahora se escriben por mensajería. "¿Por qué me quitaron a mi hija?" Más de mil kilómetros más al sur, en la lluviosa isla de Chiloé, Ruth Huisca, de 56 años, acoge a Justine en una de esas casas tradicionales de tejas de madera. "Mi mamá me abandonó desde chica, y me crie con mis abuelitos, los papás de mi padre. Fui criada en el campo, cerca de Osorno. A la edad de 13 años me vine a vivir a la ciudad de Osorno con una tía, me puse a trabajar, estuve un tiempo trabajando en una casa, y después me puse a trabajar de independiente", narra. A Ruth, le arrebataron su hija cuando ésta tenía un año. Ruth era muy joven, pobre, de familia indígena mapuche, había estudiado sólo hasta los 12 años y desde hace poco era madre soltera. "Yo dejé a mi hija en pensión, porque en esa época los abuelitos no permitían que llegue uno con una guagua a su casa, y dejé mi hijita en manos de una señora en la que confiaba. Incluso le pagaba mensualmente 5.000 pesos, era plata en esos años. Quedé tranquila que estaba mi hija en buenas manos. Pero cuando me vine a la isla de Chiloé, estuve seis meses enferma, en cama, no pude mandar el dinero, y ahí fue que ella me mandó una carta judicial diciendo que yo había abandonado a mi hija. Yo no la he abandonado, yo la tenía en pensión. ¿Por qué ella hizo esto conmigo? ¿Por qué me quitaron a mi hija?", lamenta Ruth. En el juzgado, Ruth cuenta que fue forzada a firmar un documento que apenas entendió al leerlo: la adopción de su hija: "La asistente social me empezó a decir que yo era jovencita, que algún día me iba a casar y a tener muchos hijos, que no me haga problemas, y que firme. Ahí fue que me hizo firmar un documento mintiéndome de que yo iba a volver a ver a mi hija. Firmé por el miedo, para que no me llevaran detenida. Ella me dijo que si yo no firmaba, yo me iba detenida", recuerda. Ruth buscó a su hija durante cinco años. Fue varias veces a la policía. En vano. "Hay más de 25.000 casos de adopciones irregulares" En Chile, unas 700 mujeres o familias ya han presentado denuncias ante la justicia por adopciones irregulares que datan principalmente de los años 70 y 80. Pero la policía chilena y las asociaciones estiman que desde 1960, más de 20.000 niños podrían haber sido adoptados de forma irregular. Marisol Rodríguez es vocera de la asociación Hijos y Madres del Silencio, una agrupación que desde 2014 recopila datos y apoya a quienes buscan a sus hijos robados en Chile: "Hay más de 25.000 casos de adopciones irregulares, llevamos alrededor de 250 encuentros familiares. Se llevaron a más de 18 países a hijos e hijas de Chile, dentro de ellos Francia, Bélgica, Holanda, Suiza, Suecia, Noruega, Estados Unidos, Inglaterra, Australia, Canadá, y muchos otros", señala. Las víctimas eran madres solteras en su inmensa mayoría, jóvenes, pobres, vivían en zonas rurales en particular en el sur de Chile, y muchas de ellas eran de familias indígenas y analfabetas. "A muchos de los padres adoptivos les dijeron que sus hijos estaban susceptibles de adopción, y a las madres biológicas les mintieron, les dijeron que sus hijos habían fallecido. Los niños estaban ya ofrecidos desde antes de que nacieran, captaban a las mujeres embarazadas o simplemente los robaban de los hospitales. Niños más grandes se los llevaban de las guarderías donde las madres trabajadoras los habían dejado para el cuidado por la semana, y después no los dejaban ver a las madres y los daban en adopción. Hay otro caso en el cual les decían a las madres que al nacer estos niños venían con malformaciones o con enfermedades muy graves para las cuales no había solución en Chile, y les decían que si ellas los amaban tenían que darlos en adopción si no el niño se iba a morir en Chile", detalla Marisol Rodríguez. Pero ¿quiénes despojaron a estas madres de sus hijos? Enfermeros, asistentes sociales, médicos, abogados, jueces, sacerdotes y monjas aparecen en los relatos de las víctimas. Algunas personas en numerosos casos y hacia diferentes países de destino. Muchas familias adoptivas pasaron por los mismos hoteles en Santiago o Concepción. Guido, hoy de 59 años, trabajó en el restaurante de uno de esos hoteles de la capital chilena, el Hotel Conquistador, durante 20 años. "Del 79 hasta el 97, era un hotel de turismo, en pleno centro de Santiago", precisa. Hasta ahora este ex empleado nunca había hablado con la prensa, por miedo a las consecuencias. Por primera vez aceptó dar su testimonio a Radio Francia Internacional: "Me encontré con varios clientes extranjeros, franceses, italianos, australianos, que venían a hacer adopciones de niños. Uno no se daba muy bien cuenta de lo que pasaba, pero después uno sacaba conclusiones. Llegaban muchos franceses, estaban dos meses. Primero una semana o dos solos, y después aparecía una persona que hacía todos los contactos, y después aparecían con los niños, bajaban al comedor con los niños, a hacer el papeleo con los abogados, yo los atendía en la mesa, y después ellos se iban. Eran muchos niños los que salían de ahí", recuerda.   Las personas encargadas de los trámites "eran siempre las mismas, incluso hay una persona de la que me acuerdo el nombre, se llamaba María Gloria, ella trabajaba en el hotel, tenía una oficina ahí. Siempre estaba con las parejas que querían adoptar y después estaba una semana afuera y después volvía otra vez con otra pareja", añade. "Menores irregulares" Más de 30 años después de los hechos, en 2019, tras las revelaciones de investigaciones de prensa, una comisión parlamentaria fue creada por la Cámara chilena de diputados. Los parlamentarios concluyeron que existieron "redes mafiosas", "asociaciones ilícitas de profesionales de la salud, asesores de adopción e inclusive funcionarios públicos", que "operaron en el tráfico internacional de niños chilenos despojándolos de sus madres, provocando un daño irreparable en las familias afectadas". Según la información que recopiló la historiadora Karen Alfaro, las familias extranjeras pagaban entre 6.500 dólares por un bebé y 150.000 dólares por un grupo de hermanos y hermanas. El abuso de poder sobre familias pobres existió antes y después de la dictadura, pero para la académica de la Universidad Austral de Chile, esas adopciones se convirtieron en una política de Estado durante el régimen militar: "Durante la dictadura, y en el marco de una política infanto-materna, creo que lo que ocurrió fueron adopciones forzadas de niños chilenos al extranjero, como parte de un diseño geopolítico de la dictadura militar. La literatura internacional señala que es durante la década del 70 y 80 que existe la mayor cantidad de niños chilenos fuera del país con fines de adopción, o sea que Chile se convirtió en uno de los principales países que proveían niños para la adopción internacional durante el periodo de la dictadura". En 1978, la junta militar adopta el plan quinquenal de menores que, entre otras cosas, promueve la adopción internacional. En esa época se usa el concepto de los "menores irregulares", es decir los niños con problemas físicos o mentales, pero también los niños pobres. "Creo que las adopciones forzadas de niños se inscriben dentro de una política de violencia social contra las familias pobres, con un objetivo de política de población, una especia de eugenesia social. O sea, la dictadura buscaba dar muestras de desarrollo económico y para eso, este segmento de la población era visto como un problema. En la prensa de la época lo llamaban ‘el gran problema nacional’: ¿qué hacer con estos 650.000 menores irregulares? Se vio progresivamente que la adopción era una vía para sacarlos de su contexto de origen y reubicarlos en una familia considerada apta en el extranjero. Buscaban solucionar el conflicto de los menores en situación irregular, con gasto cero para el Estado liberal", explica Karen Alfaro. Menos niños pobres también eran menos candidatos para unirse a las filas de la oposición de izquierda, considera la historiadora. Con las adopciones internacionales, el régimen militar buscaba además recuperar lazos diplomáticos con países que habían recibido a muchos exiliados políticos y donde existían fuertes campañas contra la dictadura de Pinochet. Por ejemplo, Francia. El caso de Francia Del otro lado del mundo, en el sur de Francia, varias decenas de personas están reunidas en la sala municipal de un pueblo en medio del campo, cerca de Tolosa. La asociación que ha convocado al evento se llama Chilenos Adoptados por el Mundo, CAW por sus siglas en inglés (Chilean Adoptees Worldwide). Fue creada en 2018 por tres adultos –entonces instalados en Holanda, Suecia y Bélgica– que habían descubierto que fueron adoptados de forma irregular en Chile. Johanna Lamboley y Aurélien Boué ahora son los representantes de la organización en Francia. "Mi historia personal es que en 2015 fui a Chile, solo, para buscar a mi familia biológica pero no logré encontrarla. Luego contacté a la ONG CAW y Jessica me ayudó mucho. En seis meses, ella había encontrado a una parte de mi familia", cuenta Aurélien. "Yo fui adoptada en Chile en 1986 cuando tenía cinco años y medio. Vivía con mi mamá. Fui robada a mi mamá biológica que me estuvo buscando durante 36 años", recalca Johanna. Tras una investigación, la policía chilena concluyó que la adopción de Aurélien fue legal. La de Johanna en cambio, reúne las características de esas adopciones irregulares que se multiplicaron durante la dictadura militar de Pinochet. "Mi mamá era soltera, muy joven, no tenía 20 años. Vivíamos con mi abuela materna. Un día mi abuela nos echó a la calle. Mi mamá no encontraba trabajo porque me tenía que cuidar a mí... Entonces fue a pedir ayuda al tribunal de Concepción. Allí conoció a una asistente social, Esmeralda Quezada, que le dijo que me podía dejar en una pensión. Una pensión donde durante la semana me iban a cuidar, educar, enseñar a leer, escribir y dibujar, y que ella me podría ir a buscar los fines de semana. Me pudo ver una sola vez, a través de una ventana... El segundo fin de semana yo ya no estaba ahí. Le dijeron que me habían desplazado a otro hogar de niños. Buscó por toda la ciudad de Concepción. Y como estaba haciendo demasiado ruido, la policía le fue a ver y le dijo que parara, que si no, iba a ir a la cárcel. Por eso se quedó callada. Durante años, cuando escuchaba algo, pedía ayuda... Pero nunca se hubiese imaginado que yo había salido de Chile", narra Johanna. Lo que siguió fue lo que pasó con miles de niños: Johanna fue llevada a un hotel de Santiago, El Montecarlo, donde conoció a su familia adoptiva. Según la psicóloga invitada en el encuentro aquel sábado cerca de Toulouse, incluso los bebés recuerdan de alguna forma esos eventos traumáticos cuando fueron separados de sus madres. Cuando le sucedió, Johanna tenía cinco años y medio. Todavía recuerda a su mamá: "Todos tenemos recuerdos. Yo viví con mi mamá entonces me acuerdo de muchas cosas con ella: las canciones que cantábamos, los olores, las cosas que nos gustaban. Mi mamá biológica se llama Susana y en esa época el cantante Fausto cantaba algo sobre Susana. Mis recuerdos con mi mamá son esos... Esa canción, ella con una escoba en la mano bailando en medio de la habitación. Es una persona muy alegre, muy expresiva. Todavía me veo sentada en la estufa, aplaudiendo y cantando con ella". "Solo sé que nací en Punta Arenas" A la hora almuerzo, después de unas empanadas, un treintañero alto y fuerte se nos acerca. De ojos oscuros, pelo negro y muy corto. Este gendarme de profesión nos cuenta con timidez que quiere dar su testimonio porque la búsqueda de sus orígenes apenas empieza para él. Se llama Alban Dubaux, tiene 30 años. Nació el 20 de mayo de 1991 en Punta Arenas, en el extremo sur de Chile. Y fue llevado a Francia poco después, en junio de 1991. Son las únicas informaciones que tiene Alban sobre sus primeras semanas de vida. En su documento chileno de identidad, donde aparece su foto de bebé, ya tiene sus nombres y apellido franceses. "Mis padres adoptivos fueron contactados antes de que yo naciera. Me adoptaron cuando tenía apenas 15 días. Me dijeron que todo se hizo muy rápido, que tomaron un avión y que se fueron a Punta Arenas. No sé si son fotos que vi, o imágenes que me quedaron de cuando era bebé, pero sé que mis padres fueron a buscarme a un convento. Me veo en medio de esas mujeres, muy protectoras, con mis padres al lado. Sé que era un lugar religioso, aún veo las cruces en las camas... Pero no sé dónde fue exactamente. Solo sé que nací en Punta Arenas", recuerda. De su adopción Alban pudo hablar sin tapujos con sus padres hasta sus seis años. Después, a causa de las pesadillas que lo azotaban cada noche y más tarde por las dificultades que sus padres enfrentaban con su hermana, adoptada en Rumanía, el tema se volvió prohibido. Y cuando, a sus 18 años, Alban quiso encontrar los documentos de su adopción que había visto cuando niño, sus padres ya los habían hecho desaparecer. "Me puse a buscar por todas partes en la casa y no encontré ninguno de los documentos que había visto cuando niño. Busqué en el ático, en la granja, y nada. Entonces pregunté a mis padres y me di cuenta de que era un tema tabú. Me dijeron cosas muy fuertes. Era muy violento... Para que dejara de buscar y metiera mis narices en otro lado", cuenta. Otros padres adoptivos fueron transparentes con sus hijos y los acompañaron en su búsqueda de la verdad, entregándoles todos los documentos. Pero aunque los apoyen en eso, para ellos es difícil descubrir que fueron engañados. Descubrir que lo que para ellos fue una felicidad intensa tenía un trasfondo oscuro. "Todo parecía legal" Muy pocos padres adoptivos han aceptado hablar con la prensa. André Bourgier consintió a conversar con nosotros, incitado por su hija Laetitia que fue adoptada en 1987 y que ya ha encontrado a su madre biológica. "Sabíamos que era muy difícil adoptar en Francia, se demoraba cuatro o cinco años, y sabíamos que era más sencillo adoptar en el extranjero. Cuando partimos a la aventura en Chile, habíamos tomado algunos datos en Francia, conocíamos a otras familias francesas que ya habían adoptado en Chile y que nos habían dado direcciones y contactos. Cuando llegamos a Chile, nos esperaban familias chilenas amigas que nos ayudaron en nuestra búsqueda de un bebé. Eran familias normales, todo me pareció normal a mí", expresa. André Bourgier dice que no pagó nada para tener el bebé: "lo único que pagamos fueron las traducciones de algunos documentos y los gastos en tribunales para que estampillen los documentos. Lo mismo que uno pagaría en un tribunal en Francia. Todo parecía legal", afirma. Más de 30 años después, André Bourgier acompañó a su hija, ya adulta, en su largo proceso de búsqueda de la verdad. Hasta viajó a Chile con ella. Ahora, su hija ya ha visto a su madre biológica varias veces. Un nuevo equilibrio se está instalando: "Ahora, cuando Laetitia habla de su historia, siento que se ha liberado un poco. Se estresa menos. Es más libre", dice André. Un proceso largo y doloroso Consultado por Radio Francia Internacional para saber cuántos niños chilenos fueron adoptados y salieron hacia Francia en aquella época, el Ministerio francés de Asuntos Exteriores sólo entregó una cifra parcial. Según el apodado "Quai d'Orsay", se registraron 1.706 adopciones de niños en Chile entre 1981 y 2021. En otros países europeos, las autoridades han investigado los hechos, revelando sistemas organizados con complicidades también en los países de destino. Suiza y Holanda, por ejemplo, reconocieron una responsabilidad del Estado. La historiadora de la Universidad Austral de Chile, Karen Alfaro, considera que muchas autoridades al menos hicieron la vista gorda: "Salvo excepciones, hacían vista gorda tanto las autoridades de los países de destino de estos niños como las agencias que hacían la promoción de la adopción, que hacían de puente. Incluso, violando con esto, la normativa de sus propios países". En Francia, las asociaciones de hijos adoptados piden al Estado que los reconozca como víctimas y que los ayude para encontrar y conocer a sus madres biológicas. Todo este proceso debe ser acompañado por profesionales, añade Laetitia, adoptada de forma irregular en Chile en el 87 y hoy trabajadora social: "Son temáticas muy íntimas, que tocan los pilares fundamentales del ser humano, de su identidad. El acompañamiento debe ser pensado por un equipo pluridisciplinario: con psicólogos, trabajadores sociales, traductores... Porque es un tema cultural y tiene un fuerte impacto psicológico para todos". "Para mí hablamos de violaciones a los derechos humanos. Tener acceso a sus orígenes es un derecho. Y hablamos de tráfico de niños. Es demasiado grave para que el Estado francés no tome medidas ni ofrezca un acompañamiento adecuado. Somos miles... Ahora hablamos de Chile, pero podríamos hablar de muchos otros países donde hubo adopciones internacionales", subraya. En Chile, dos jueces están investigando cientos de denuncias. Y el gobierno ha prometido implementar un banco genético para favorecer los reencuentros entre las madres chilenas y sus hijos robados. Dos procesos lentos pero que levantan muchas esperanzas. Enlaces: - Asociación 'Madres e Hijos del Silencio', Chile - Asociación 'Nos buscamos', Chile - ONG Chilean Adoptees Worldwide, Europa - Programa Búsqueda de Orígenes, del Sename, Chile - Reportajes del portal de investigacion chileno CIPER, donde aparece el Hotel Conquistador, Chile
    9/14/2021
    28:33
  • Grandes Reportajes de RFI - Lo que los atentados del 11-S cambiaron en la vida de Nueva York
    El 11 de septiembre de 2001 fue un inmenso punto de inflexión para la ciudad de Nueva York, un verdadero antes y después. ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Cómo protegerse, y cómo recordar? Recabamos testimonios de miembros de las fuerzas de seguridad y familiares de víctimas. Un reportaje de Silvina Sterin Pensel, @SilSterinPensel El golpe recibido ese 11 de septiembre de 2001 fue por demás letal y Nueva York, la ciudad que nunca duerme, comenzó a vivir intranquila, en un estado de neurosis y sospecha de todo y de todos. La diabólica ejecución de los ataques terroristas en la Gran Manzana dejó expuestos innumerables flancos débiles y vulnerabilidades en materia de seguridad. Esto resultó en la inmediata toma de medidas tanto a nivel local como federal. Los cambios fueron radicales y la ciudad se convirtió en una fortaleza con una presencia militar nunca vista antes del 11-S.  Una fortaleza constantemente vigilada Miembros de las fuerzas armadas vigilan las 24 horas del día, los siete días de la semana y los 12 meses del año, los puntos neurálgicos de la metrópolis. Fuertemente armados, monitorean terminales de transporte con gran flujo de pasajeros como Grand Central y Penn Station, el Bajo Manhattan cerca del World Trade Center y el Oculus, y por supuesto los aeropuertos, JFK, La Guardia y Newark. Con sus rifles de asalto y sus uniformes camuflados, estos soldados, marinos y personal de la fuerza aérea son hoy, a 20 años de los ataques terroristas, parte integral del paisaje y la cotidianidad de Nueva York. Todos ellos son miembros de la Guardia Nacional y pertenecen a la Misión Conjunta Escudo del Imperio, en inglés, Joint Task Force Empire Shield. El coronel Paul Salas es el comandante de esta fuerza que fue activada en octubre del 2001 para prevenir, detectar y sofocar futuros ataques terroristas: “La Misión Conjunta Escudo del Imperio nació el 11 de septiembre. Como resultado de los ataques en la ciudad de Nueva York, el gobernador del estado de Nueva York decidió asignar fuerzas militares, entonces somos una fuerza estatal con la tarea de proveer seguridad a la ciudad de Nueva York. Las autoridades estatales decidieron que la Guardia Nacional esté en la ciudad de forma permanente”, explica. En el hall principal de Grand Central, dos militares, Ortiz y Dasilva, pasan con sus rifles de largo alcance al lado de una parejita que se toma selfies, cerca del imponente reloj ubicado en el centro de la estación.  ¿Están tomando fotos de potenciales blancos? ¿Están demasiado abrigados para el clima de verano? Esas son algunas de las situaciones que pondrían en alerta a los militares. El coronel Salas explica cuál es la dinámica de trabajo de los soldados: “A medida que pasa el tiempo, vamos generando experiencia en los distintos sitios de la misión y así identificamos lo que se considera un comportamiento normal para un pasajero, y después si vemos a alguien comportándose un poco diferente, es ese comportamiento anormal lo que va a llamar la atención de los miembros de la fuerza”. “La prioridad es que siempre funcionemos en grupos de al menos dos militares por motivos de seguridad. Los propios miembros están súper bien entrenados, rigurosamente entrenados, y listos para usar sus armas, y cada 10 o 15 minutos rotan en todos los puestos para no perder la vigilancia. Es muy importante que siempre estén alerta, pero a la vez que sean accesibles al público”, añade. “Un factor disuasorio” La sargento Amanda Ortiz está en su puesto desde las cinco de la mañana. Tenía 11 años cuando las torres fueron atravesadas por los aviones y las vio colapsar en vivo en un televisor que había en su escuela: “Yo estaba en quinto grado cuando fueron los ataques. Vi muchas cosas y honestamente fue algo realmente muy duro que nos destrozó el corazón acá en Nueva York. Hace ya siete años que estoy con las Fuerzas Armadas, pasamos por un entrenamiento riguroso y prestamos atención a cómo se comporta la gente. uno puede notar las pequeñas diferencias entre alguien que es normal, comparado con alguien que no está haciendo lo correcto. Realmente adoro mi trabajo, es increíble y la gente nos agradece a menudo por estar acá protegiendo a Nueva York”, cuenta. Para el mayor Michael O´Hagan, un militar de alto rango en la misión, la mera presencia física de los uniformados funciona como un freno a potenciales actividades terroristas: “Simplemente que estén presentes en todos estos lugares alrededor de Nueva York es un factor disuasorio. La gente que nos quiere hacer daño se da cuenta de que hay un equipo impresionante que está acá para prevenir ataques, para frenarlos y para proteger a los ciudadanos. Pienso que la mera presencia física de los militares brinda cierto nivel de seguridad para los ciudadanos y hace que nuestros enemigos sepan que no estamos bajando la guardia, estamos siempre listos, estamos siempre ahí y estamos acá para defender nuestro territorio”, comenta. Pero para algunos civiles, en particular turistas, tener tan cerca este tipo de armamento pesado causa sensaciones encontradas. Es el caso para Daniela Godoy y Piera Valdivia, que vienen de Santiago de Chile: “Por un lado, a mí me da tranquilidad porque igual ante cualquier cosa sabemos que va a haber respuesta inmediata, pero igual como que me da miedo porque es sentir que en cualquier momento va a pasar algo. Es como un pro y un contra que estén aquí en la estación central”, expresan. Las jóvenes vinieron justo para el aniversario de los 20 años del horror del World Trade Center y visitaron el Museo de la Memoria. “Vamos a ver el homenaje que van a hacer y fuimos al Memorial del 11 de Septiembre y como que su historia nos llega a nosotros igual de cierta forma… como que sentimos el dolor de lo que pasó ese día y fue muy nostálgico”. “Estar lo más cerca posible de mi papá” Para Rebecca Ortiz, esa nostalgia no resurge únicamente cada 11 de septiembre, sino que convive con ella todo el tiempo. Era una bebita de apenas nueve meses cuando su padre, Paul Ortiz Jr., quedó atrapado en el piso más alto de la Torre Norte, el 107. Hoy Rebecca vive junto a su madre en Florida y tiene 20 años, la misma edad que tenía su papá cuando falleció.  Cada aniversario, regresan a New York. En lo que supo ser la zona cero, escuchan el potente sonido del agua cayendo al vacío en las fuentes del memorial. Para Rebecca, estas huellas inmensas ubicadas exactamente donde estaban las Gemelas, son especiales: “Significan mucho para mí, emocionalmente y físicamente. Me dan una sensación de paz y es un lugar donde puedo estar tranquila y realmente estar lo más cerca posible de mi papá, porque sus restos nunca se encontraron, ni nada, entonces estar acá es un poco como visitar su tumba”. Su nombre, Paul Ortiz Jr., inscripto en bronce junto a las otras casi 3.000 víctimas que murieron en los atentados, está bien cerca del agua. Algo que, según su esposa, Estrellita, lo hubiera hecho inmensamente feliz: “Paulie era un fanático de la playa, le fascinaba el agua, el mar. Entonces yo siento el presentimiento de él ahí”. A pesar de no haber compartido tiempo con su padre, Rebecca lo conoce bien a fondo gracias a la dedicación de sus abuelos paternos que se entregaron a la tarea de enseñarle a su nieta sus gustos, sus anécdotas, las cosas que lo hacían reír, todo sobre ese joven chispeante que se fue demasiado pronto. “Ellos siempre me mostraron fotos de él, siempre mirábamos videos caseros de cuando mi papá era chico y cuando iban de campamento, o videos de viajes con la familia. A él le encantaba estar al aire libre, en la naturaleza, y hay videos de él empujando la carriola conmigo cuando yo era bebé y yo estoy ahí incluida, y es muy lindo para mí poder ver cómo era él conmigo”, explica la joven. Una jugarreta del destino quiso que Paul Ortiz estuviera en el lugar equivocado en el momento equivocado. Era técnico en redes y trabajaba para la compañía Bloomberg, en otro edificio fuera del World Trade Center.  Esa mañana fatal le habían asignado estar desde bien temprano en el restaurante ubicado en la cima de la Torre Norte, preparando los equipos para un desayuno empresarial: “En el último piso que era el Windows On The World, incluso ahí fue que cenamos el día que nos casamos. Él estaba ahí y me llamaron de Bloomberg diciéndome que ellos estaban en comunicación con ellos vía computadora y que… cuando… el edificio cayó… se había perdido toda comunicación”, cuenta Estrellita, emocionada. Missing Person Rebecca aún conserva en su cuarto la foto de Missing Person, persona desaparecida con la que sus parientes empapelaron distintas estaciones del subterráneo neoyorquino uniéndose a los anhelos de miles de familias aferradas a la posibilidad de encontrar a sus seres queridos con vida. “Mi familia pegó fotos y carteles cuando fue el ataque, eran carteles de Persona Desaparecida, uno era una foto de él conmigo, nosotros juntos, con su descripción y todo. Me acuerdo que en la foto, en el cartel describían lo que él tenía puesto, un colgante con su nombre, Paulie, un reloj, su anillo, el uniforme del trabajo y después decía que él tenía una familia que lo esperaba y que si alguien lo había visto”, recuerda la joven. Estrellita, acompañada únicamente por la esperanza, pasó un largo tiempo pendiente del teléfono: “Yo estuve meses no queriendo aceptar la realidad… Yo esperaba que me iban a llamar y me iban a decir él está bien, lo sacamos, está en tal sitio… La esperanza siempre estuvo ahí”. El día continúa acompañado por la potencia del agua y cada vez llega más gente a visitar las reflecting pools, las fuentes del memorial y el Museo del 11 de septiembre. Muchos se toman retratos con las piscinas y la Freedom Tower de fondo.  Rebecca alza los ojos –esos que muchos le dicen son idénticos a los de su padre– y contempla en silencio la masa espejada del One World Trade Center y su aguja. “Es medio loco que una torre pueda ser así de alta, sobre todo considerando todo lo que pasó, la Freedom Tower básicamente es otro blanco de ataque porque es un tributo a la memoria de los que no están y además es súper alta… Eso me da un poco de miedo pero… pienso que el aura de esta torre… con las fuentes es lindo y todo en conjunto es como un símbolo de cómo eran las cosas antes”. En los aires Cada vez que un avión surca el cielo de Manhattan, se eriza la piel de los neoyorquinos que inmediatamente intercambian miradas llenas de ansiedad. Es allí, en la esfera del transporte aéreo donde se han registrado los cambios más importantes para prevenir otro ataque. Bart Johnson es responsable de la seguridad en 13 aeropuertos del estado de Nueva York y trabaja bajo la órbita de la TSA, la Administración de Seguridad para el Transporte, una agencia federal con 65 mil empleados, creada dos meses después de los atentados en noviembre del 2001. Algunos de estos cambios son obvios, como tener que sacarse los zapatos, las chaquetas, no llevar líquidos y separar las computadoras, pero muchos otros son menos visibles y controlados exclusivamente por la tripulación de vuelo. “No quieren que la gente se reúna en la parte de adelante del avión, es únicamente de a una persona por vez y ahora además las puertas de la cabina están totalmente reforzadas para prevenir cualquier agresión, y eso se puso en práctica inmediatamente después del 11 de septiembre cuando fortalecieron todas las puertas. Y no solamente eso, también se adoptó el servicio federal de los Marshalls, que van armados a bordo de vuelos domésticos y también internacionales basado en información de inteligencia. Tenemos también, a nivel federal, un programa por el que los pilotos van armados y son entrenados especialmente en cómo usar esas armas”, explica Bart Johnson. Más allá de estos cambios y de la constante incorporación de nuevas tecnologías preventivas, Johnson es honesto en su análisis: “Antes que nada, la amenaza todavía está presente. Yo creo que estamos haciendo un trabajo excelente en detectar esa amenaza, usando equipamiento, usando entrenamiento, con la ayuda de los oficiales y agentes, pero como dice el viejo refrán… nosotros tenemos que hacer todo perfecto todo el tiempo, y para los terroristas basta con que sean perfectos una única vez. Entonces tenemos a cargo una misión sumamente importante, somos los últimos en la línea de defensa, y estamos acá haciendo nuestro trabajo para garantizar que los pasajeros estén fuera de peligro”. En estos tiempos más que volátiles, y sobre todo aquí en la Gran Manzana, todos esperan que lo sucedido jamás vuelva a repetirse.
    9/9/2021
    15:18

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